Escritura figurativa del náhuatl:

 

in tlacuilolli, in tlilli, in tlapalli

 

Marc Thouvenot

 

 1 Gracias a todos mis compañeros de Amoxpouhque (Perla Valle, Carmen Herrera, Bertina Olmedo, Alfredo Ramírez, Tomás Jalpa, Rossana Vazquez). Les dedico este trabajo, que, sin ellos, no existiría. Agradecimientos particulares a Lilia Morales Ocampo por sus traduciones del francés, a Carmen Herrera por la revisión de todo el texto y sus comentarios, y también a Sybille de Pury, Pilar Maynez, Jean-Michel Hoppan y Gabriel Kruell por sus lecturas de diversas partes y sus sugerencias. Y, por fin, gracias a Alberto Franco Damm por sus correciones de estilos y sus numerosos comentarios enriquicedores.

 2 Se considera que un glifo es todo dibujo que no es ni un personaje, ni un lazo gráfico.

 3 Museo Nacional de Antropología, México.

 4 Ferdinand Anders, Maarten Jansen y Luis Reyes García, 1993, Los Templos del Cielo y de la Obscuridad, Oráculos y Liturgia, libro explicativo del llamado Códice Borgia. Fondo de Cultura Económica, 294 pp. + facsímile. México.

 5 Mural de Tizatlan, Tlaxcalla / Cerámica de Ocotelulco, Tlaxcalla / Códice Borgia p. 17.

 6 Martín de la Cruz, 1964. Libellus de medicinalibus indorum herbis, manuscrito azteca de 1552 según traducción latina de Juan Badiano. Instituto Méxicano del Seguro Social, 394 p. + facsímile. México.

 7 Alva Ixtlilxochitl, 1975, Obras Históricas, edición por Edmundo O'Gorman, Tomo I.  UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 566 p., pp. 527-28. México.

 8 Marc Thouvenot, 2001, XOLOTL: Codex Xolotl. Etude d'une des composantes de son écriture: les glyphes. Dictionnaire des éléments constitutifs des glyphes. Editions SUP-INFOR, www.sup-infor.com. Paris

 9 Xavier Noguez, 1996, Tira de Tepechpan, códice colonial procedente del valle de México. Instituto Mexiquense de Cultura, 2 vol. México

 10 Códice Xolotl: París, Biblioteca Nacional de Francia, n° 1-10, lam. 2.

 11 El Códice Xolotl está conservado en la Biblioteca Nacional de Francia en la sección mexicana, bajo el número 1-10, es un texto pictográfico originario del valle de México, más precisamente de Texcoco. Está constituido de 10 láminas y tres fragmentos de papel de amate. En todas las láminas están dibujados personajes, glifos y ligaduras. Los personajes y los glifos están dispuestos en la superficie de cada una de las láminas, de manera que forman grupos, de los cuales algunos están unidos entre sí por medio de ligaduras gráficas o plásticas, determinando de tal forma una basta red de relaciones que a su vez crea relatos. El Códice Xolotl, fue probablemente realizado en una fecha cercana a la conquista, trata con detalle cuatro siglos de la historia de la ciudad de Texcoco y de las ciudades contiguas como Huexotla, Cohuatepec, Cohuatlichan y Tenochtitlan. Los relatos que contiene este documento comienzan en 1068 y terminan en 1429. Este relato histórico -junto con sus aspectos políticos, genealógicos y sus acontecimientos- tiene lugar sobre un fondo geográfico preciso en el cual las dos referencias espaciales de importancia son la laguna de Texcoco y la cadena montañosa que incluye al Iztaccihuatl y al Popocatepetl.

 12 Tira de Tepechpan f. 9.

 13 Los códices de tipo administrativo o económico representan casi la mitad de los documentos, los históricos o políticos aproximadamente un tercio, y los religiosos una décima parte, a los cuales podemos sumarles dos documentos de tipo científico: el Códice Florentino y el Badiano.

 14 Códice Vergara, A73v.

 15 Barbara Williams J. y H.R. Harvey, 1996. The Códice de Santa María Asunción. The University of Utah Press, 410 p.  Salt Lake City, E.U.

 16 Matrícula de Tributos, f. 13r.

 17 Luis Reyes García, 1996, Matrícula de Tributos o Códice de Moctezuma. Fondo de Cultura Económica, 326 p. + facsímile. México

 18 Matrícula de Huexotzinco, f. 771.

 19 Carmen Herrera y Marc Thouvenot, 2009. Matrícula de Huexotzinco: Huexotzinco, Tlatenco. en CEN (DVD). INAH. México.

 20 Códice Fejevary Mayer, p. 1.

 21 Códice Borbónico, p. 5.

 22 Miguel León-Portilla, 1992, Le livre astrologique des marchands, Codex Fejérváry-Mayer. Edición preparada por Miguel León-Portilla, traducida del español por Myriam Dutoit. La Différence, 255 p. París.

 23 Ferdinand Anders, Maarten Jansen y Luis Reyes García, 1991, El libro del Ciuacoatl, Homenaje para el año de Fuego Nuevo, libro explicativo del llamado Códice Borbónico. Fondo de Cultura Económica, 251 p. + facsímile. México.

 24 Códice Badiano, 1964, Martin de la Cruz, Libellus de medicinalibus indorum herbis, manuscrito azteca de 1552 según traducción latina de Juan Badiano. Instituto Méxicano del Seguro Social, 394 p. + facsímile. México.

 25 Códice Florentino, t.III, l.XI, f.76r.

 26 Retomado, en parte, de: Marc Thouvenot, 2011, L'émergence de l'écriture aztèque, en Les premières cités et la naissance de l'écriture, Actes Sud/Alphabets, pp. 169-205.

 27 Marc Thouvenot, 1986, La terminologie nahuatl de l'écriture au XVI° siècle, en Journal de la Société des Américanistes, LXXII, pp. 57-86. París.

 28 Códice Florentino, Libro X, p. 190.

 29 Según diferentes escritos de Alva Ixtlilxochitl la visita de los Tlailotlaca data de 1220 / 1214 o incluso de 1167 (Alva Ixtlilxochitl, I, p. 310-11).

 30 Códice Florentino, X, 190.

 31 Arqueología Mexicana, 2006, n° 81, p. 49.

 32 Los antropónimos locativos, por su formación regular, nos proporcionan datos acerca de los nombres de lugar que constituyen la base de estos nombres de población. Los antropónimos locativos que terminan en -teca(tl) corresponden a topónimos que terminan en -(t)lan. Es así como Tolteca viene del topónimo tol-lan que a su vez está construido sobre la raíz nominal tolin “caña/tule”. Si se supone que Chichimeca obedece esta misma regla, significaría que los sufijos -meca(tl) se emplean para los pocos topónimos que terminan en -man. Chichimeca tendría que haberse formado entonces a partir del topónimo Chichiman. A diferencia de Tollan este topónimo no figura en ninguna fuente que confirme esta teoría.

 33 Códice Florentino, 2010, Libro X, fol. 114v-119v; Alva Ixtlilxochitl, I, p. 420-1.

 34 Códice Florentino, 2010, Libro X, fol. 120v; Alva Ixtlilxochit 1975, I, 289-90.

 35 Chimalpahin, Memorial Breve, p. 113.

 36 Detalle de la lámina n° 1 del Códice Xolotl que muestra la oposición Tolteca / Chichimeca.

 37 Códice Xolotl, lam. 1: Pareja tolteca acompañada de un glifo toltecatl.

 38 Códice Xolotl, lamina. 2: ejemplos de chichimecas.

 39 La Matrícula de Huexotzinco,, conservada en la Biblioteca Nacional de Francia, dentro del Fondo Mexicano, no.387, es un censo originario de Huexotzinco y de sus alrededores. En la parte pictográfica tiene 828 páginas.

 40 Matrícula de Huexotzinco: París, Biblioteca Nacional de Francia, n° 387, f. 895r: chichimecatl.

 41 1: Códice Xolotl, lam. 4: Llegada de los Tlailotlaca / 2: Códice Xolotl, lam. 5: Establecimiento de los Tlailotlaca.

 42 Códice Xolotl, lam. 4: Llegada de los Tlailotlaca.

 43 Mapa Tlotzin: París, Biblioteca Nacional de Francia n° 373 / Códice Xolotl, lam. 4 / Códice Xolotl, lam. 5 / Códice Xolotl, lam. 5.

 44 Fernando Alva Ixtlilxochitl es uno de los descendientes de los soberanos de Texcoco. Basándose en gran parte en los materiales de consulta, como el Códice Xolotl, escribió varias obras sobre la historia de esta ciudad.

 45E. Quiñones pone en evidencia un punto importante, a saber, que el tal Coatlitepan forma parte de los tlailotlaque, población de origen tolteca. Después de la caída de Tula, los toltecas migraron a Chalco, luego se fueron un tiempo a tierras mixtecas, de donde regresaron ulteriormente. Si este personaje y los otros tlailotlaque tuvieron alguna importancia en el desarrollo de la escritura, debería, sobre todo, atribuirse a su origen tolteca, más que a su estancia en tierra mixteca. Eloise Quiñones Keber, 1998, The Tlailotlaque in Acolhua Pictorial Histories, Imitators or Inventors?, Journal de la Société des Américanistes (84-2), p. 83-96, París.

 46 Alva Ixtlilxochitl, II, 32. Ver también: Alva Ixtlilxochitl, I, p. 430 y Alva Ixtlilxochitl, I, p. 315.

 47 Alva Ixtlilxochitl, II ; p. 15-16.

 48 Alva Ixtlilxochitl, II ; p. 15-16.

 49 Las fuentes más conocidas son códices: Códice Aubin 1576, Vaticano A, Telleriano-Remensis, Sigüenza, Mexicano, Boturini, Azcatitlan, Xolotl; documentos alfabéticos en náhuatl: Aubin 1576, Bnf_40, Bnf_85, Crónica Mexicayotl, Chimalpahin, Anales de Tlatelolco, Cristobal del Castillo, Códice Florentino; así como documentos de autores en español: Alva Ixtlilxochitl, Torquemada, Motolinía, Sahagún, Durán. En la tesis de Federico Navarrete, 2000b, se encuentra la lista exhaustiva de las fuentes sobre el tema disponibles en la actualidad.

 50 Auh injque y, vncatca in tlamatinime, in mjtoa: amoxoaque. Auh amo cenca vecaoaque, in tlamatinjme, njman iaque: oc ceppa macalaqujque, auh qujtqujque in tlilli, in tlapalli, in amoxtli, in tlacujlolli: qujtqujque in jxqujch tultecaiotl, in tlapitzalli ...

Niman ic iaque, in teumamaque: in qujmilli, in tlaqujmjlolli qujtqui: quil qujnnotztiuh in jnteouh: auh injc iaque, ie tonatiuh yixcopa itztiaque, qujtqujque in tlilli, in tlapalli, in amoxtli, in tlaculolli qujtqujque in tlamatiliztli: mochi qujtqujque in cujcaamatl, in tlapitzalli:auh in mocauhtiaque, in veuetque, in tlamatinjme, navintin ce itoca Oxomoco, ce itoca cipactonal ce itoca tlaltetecuj, ce itoca xuchicaoaca. Auh in jquac oiaque y, in tlamatinjme : njman mononotzque, mocentlalique, y, in navintin veuetque qujtoque. Tonaz, tlatviz : quen nemjz, quen onoz in maceoalli: ca oia, ca oqujtqujque, in tlilli, in tlapalli : auh quën onoz in maceoalli, quen manjz in tlalli, tepetl, quen onoaz, tlê tlatqujz, tlê tlamamaz, tleh tlavicaz, tlê tlaotlatoctiz, tlê machiotl, tlê octacatl iez, tlê neixcujtilli iez, tlê itech peoaloz, tlê ocutl, tlê tlaujlli mochioaz.
Niman ic qujiocuxque, in tonalpoalli, in xioamatl, in xippoalli, in temjc amatl. Qujtecpanque in iuh omopix : auh ic otlaotlatoctiloc in jxqujch caujtl omanca tolteca tlatocaiotl, tepaneca tlatocaiotl, mexica tlatocaiotl : ioan in jxqujch chichimeca tlatocaiotl, aocmo vel molnamjquj, aocmo vel onmocxitoca in quexquich cavitiloc tamooanchan, in qujtoznequj : temooa tocha, ca mopiaia in jtoloca, ca iquac tlatlac in tlatocat Itzcoatl, in mexico : innenonotzal mochiuh in mexica tlatoque, qujtoque : amo monequj mochi tlacatl qujmatiz, in tlilli, in tlapalli, in tlatconj, in tlamamalonj, avilqujçaz : auh injn, çan naoalmanjz in tlalli, ic mjec mopic in jztlacaiutl. Códice Florentino, 2010, Libro X, fol. 140v-142r. Traducción: M. Launey, II, p. 269-271.

 51 Muchos autores ponen en duda la historicidad de los relatos relativos a la migración de los aztecas. Ya sea considerándolos como mitos o argumentando que se trata de una proyección al pasado. De esta forma, algunos consideran que Aztlan es únicamente el reflejo de México, y que la migración tuvo como punto de partida y de llegada México. Pero el autor de una tesis sobre este tema opta por una postura matizada que yo comparto. Afirma que: “Las historias de migración, tal como lo plantee, funcionaban como historias oficiales, con un fuerte sesgo ideológico y etnocéntrico. En la visión simplificada e idealizada de la historia que presentaban, había una constante proyección al pasado de las realidades de su presente, pues la versión que daban de la historia del altépetl debía servir para justificar, legitimar o lamentar su realidad. Una absoluta fidelidad histórica hubiera ido en detrimento de la efectividad legitimadora de la tradición. Sin embargo, creo haber comprobado también, que existían múltiples factores que acotaban la manipulación del pasado en las historias de migración. Las tradiciones de cada altepetl convivían con las de sus vecinos, aliados y enemigos, y por lo tanto tenían que encontrar verdades comunes que permitieran que esta convivencia fuera funcional. Igualmente, en el seno de cada altepetl, convivían lo que podemos llamar sub-tradiciones, conservadas por distintos capullis y linajes.” Navarrete, 2000b, p. 541.

 52 Una vez más, tal razonamiento supondría que se le concediera crédito histórico a este relato, que en muchos aspectos es asombroso.

 53 Es algo muy común considerar de manera general a los migrantes como chichimecas. Así, encontramos escrito bajo la pluma de Jacques Soutelle “En el caos que precedió la caída de Tula, las tribus nómadas del norte, que se agrupaban bajo la denominación genérica de Chichimeca -término equivalente al de bárbaro para los antiguos griegos-, avanzaban en olas sucesivas para instalarse en la meseta central. En este caso, la leyenda corresponde con la historia. Fue en el siglo XII cuando se inició un vasto movimiento de migración hacia el sur que acarreó una tras otra, poblaciones de cazadores y de guerreros, ignorantes de la agricultura, desprovistos de casas y de ropa elaborada. Al entrar en contacto con las ruinas de la civilización tolteca y con agricultores sedentarios que permanecieron ahí después de la caída de Tula, estas poblaciones, rápidamente, fundaron pueblos y ciudades y se hicieron a las costumbres de sus predecesores”. Soustelle, 1955, p. 14.

 54 Según Chimalpahin, Huitzilopochtli vivía en Aztlán desde 107 años antes de la salida de los mexitin de Aztlán (Memorial Breve, 1991, p. 25).

 55 La palabra calpolli significa literalmente “casa grande”. Se analiza cal-pol-li: raíz nominal + -sufijo aumentativa (pol)-sufijo absolutivo (li). Calpolli puede tener varios sentidos, particularmente el de “grupo étnico”, o “barrio”. Se encuentra el elemento calli como transcripción de la palabra calpolli con el sentido de “grupo étnico” en tres documentos: Aubin 1576, Boturini, Mexicano 23-24. Como los sufijos no se escribían en los códices, basta el elemento calli “casa” para expresar calpolli.

 56 Por ejemplo, hay dos textos paralelos que hablan de los calpolli en Aztlan, en el Códice Aubin de 1576 (Dibble, Charles E., 1963, Historia de la nación mexicana, Códice de 1576 (Códice Aubin, José Porrua Turanzas: pp. 18-19. Madrid) y en la Tercera Relación de Chimalpahin. En el primero se emplea la palabra calpolli sistemáticamente; mientras que en el segundo se usa la palabra altepetl. (Castillo F., Victor M., 1997, Primer Amoxtli Libro, 3° Relación de las diferentes historias originales (Domingo Francisco de San Antón Muñon Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin), UNAM, 237 p. + apéndice: p. 9).

 57 Códice Aubin 1576: Londres, British Museum, Add. Ms 31219, fol. 3r / Códice Boturini: México, Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, n° 35-38, lám. 2.

 58 Muchas de las fuentes apuntan en este sentido. De esta forma, por ejemplo: Ypanpa ynin tlacamecayo cenca miequiaque yehuantin yninque yn achto oquihualhuicaque tlaolli ychcatl yhua mochi ynoccequi achotl, mahuiztic chalchiuhte me, coztic teocuytlatl, yztac teocuitlatl: “Thus as they first came here, they carried dried maize, kernels, cotton, and all other seeds, marvelous turquoise stones, yellow gold, and silver”. Anónimo Mexicano, 2005, edited by Richley Crapo and Bonnie Glasss-Coffin, Logan, Utah State University Press, p. 7.

 59 Información procedente de la Crónica Mexicayotl de Alvarado Tezozómoc p. 32.

 60 Anónimo Mexicano, 2005, edited by Richley Crapo and Bonnie Glasss-Coffin, Utah State University Press, p. 21. Logan, E.U.

 61 Códice Boturini: fol. 1 / Códice Aubin 1576: fol. 4.

 62 Mapa de Siguënza: México, Biblioteca nacional de Antropología e Historia, n° 35-14 / Códice Bnf 040: París, Biblioteca Nacional de Francia, n° 40, fol. 2r.

 63 Códice Azcatitlan: París, Biblioteca Nacional de Francia, n° 59-64, pág. 4 / Códice Durán, lam. 2.

 64 Códice Mexicanus 23-24: París, Biblioteca Nacional de Francia, n° 23-24, lam. XVIII.

 65 Entre uno y doce años después de la fecha 1 Tecpatl.

 66 Dibble, Codice de 1576, p. 22-23.

 67 Auh nimân ôncan quincuepilli yn itoca yn Azteca, oquimilhui yn axcan caocmo amotoca yn amAzteca. Nimechmaca yancuic amotoca ye an Mexitin. Auh oncân no quin nacazpotonique ynic oqu icuepque yn intoca ynic ye Mexitin yhuan oncan oquinmacac yn mitl yhuan tlahuitolli yhuan chimalli yhuân chitatli. Chimalpahin: Troisième Relation, Trad. J. de Durand-Forest.

 68 Códice Aubin 1576 : fol. 6r.

 69 Entre otros rasgos culturales, Carlos Martínez Marín menciona que: “Computaban el tiempo y lo dividían ya en ciclos de 52 años; es decir, poseían el calendario mesoamericano. Al finalizar cada ciclo celebraban la atadura de años -xiuhmolpilli- con la fiesta del Fuego Nuevo y habían celebrado cinco antes de la fundación de Tenochtitlan. Conservaban leyendas y tradiciones y preservaron muchos datos de su historia de esta época” Carlos Martínez Marín, 1971, p. 252.

 70 Hay prueba de que la serie 2 se usaba, ya que es la empleada en códices procedentes del actual Estado de Guerrero, el Códice Azoyú y el Fragmento de Humboldt, donde se ven dos diferencias respecto de los calendarios de la zona central: los portadores de años y las cifras, ya que en lugar de ir del 1 al 13 van del 2 al 14.

 71 De forma evidente, se podría suponer que las múltiples indicaciones de ataduras de años podrían corresponder a una extrapolación hacia el pasado. Chimalpahin da la impresión de que él era absolutamente capaz de proceder de esta forma, tal y como parece indicarlo su segunda Relación, pág. 34-35.

 72 Mapa de Siguënza.

 73 Hubo una interrupción durante la migración, cuando los Mexica se encontraban en Chapultpec y sufrieron entonces una gran derrota.

 74 Auh inic mocenpohua, yn ipan in xihuitl, oquipillico yn Mexica yc chiuhnauhtetl ynic e ompa ohuallehuaque ynchan Aztlan-Chicomoztoc. Chimalpahin Septième Relation. Traducción: Rémi Siméon, p. 178.

 75 Alva Ixtlilxochitl, 1975, I, 270-271 : “Y antes que pase adelante, quiero hacer relación de Huematzin, astrólogo, porque pocos años antes de la muerte de Ixtlilcuechahuac, padre de este Huetzin, murió de edad de casi trescientos años, el cual antes de morirse juntó todas las historias que tenían los tultecas desde la creación del mundo hasta en aquel tiempo, y las hizo pintar en un libro muy grande, en donde estaba pintado todas sus persecuciones y trabajos, prosperidades y buenos sucesos, reyes y señores, leyes y buen gobierno de sus pasados, sentencias antiguas y buenos ejemplos, templos, ídolos, sacrificios, ritos y ceremonias que ellos usaban: astrología, filosofía, arquitectura y demás artes, así buenas como malas, y un resumen de todas las cosas de ciencia y sabiduría, batallas prósperas y adversas y otras muchas cosas y intituló a este libro, llamándole Teoamoxtli, que bien interpretado quiere decir, diversas cosas de dios y libro divino.”.

 76 Fray Alonso de Molina, 1970, Vocabulario en lengua Castellana y Mexicana y Mexicana y Castellana. Estudio preliminar de Miguel León-Portilla. Editorial Porrúa. México

 77 Fray Bernardino de Sahagún, 1979, Códice Florentino. El manuscrito 218-220 de la colección Palatina de la Biblioteca Medicea Laurenziana. Giunti Barbèra y Archivo General de la Nación, 3 vol., facsímile. Mexico.

 78 Ver Marc Thouvenot, 2010, “Imágenes y escritura entre los nahuas del inicio del XVI”, Estudios de Cultura Náhuatl, n° 41. UNAM, pp. 167-191. México.

 79 Traducciones que se reúnen, casi todas, en el diccionario de Alexis Wimmer.

 80 Aunque las mujeres elaboran tlacuilolli, no se trata de in tlilli in tlapalli, es decir, no concierne propiamente a la escritura.

 81 Frances F. Berdan & Patricia Rieff Anawalt, 1991, The Codex Mendoza, University of California Press, 4 vol. Estados Unidos.

 82 Biblioteca Nacional de Francia, Fondo Mexicano n°373.

 83 Thouvenot, Marc. 1986. La terminologie nahuatl de l'écriture au XVI° siècle, Journal de la Société des Américanistes, LXXII, pp. 57-86. París.

 84 Ynin huehuenemiliztlahtolli, ca mochi ye huecauh neltiliztli ca omochiuh, yhuan ye huecauh miequintin tlaçohuehuetque yllamatque y, huel huehuetlahtolmatinime catca, yn oquitlalitiaque, yn oquitecpantiaque yn huehuexiuhtlapohualamoxpan, yn oquihualtlapalycuilotiaque; ynic oquihualtecpancapixtiaque, yn iuh oc nepa in huehuenenonotzal mochiuhtiuh, yn oquineltilitiaque, yn iuhqui yn mochi yn quimattihui : Rubén Romero Galván: 174 / Traducción de Jacqueline de Durand Forest: p. 118.

 85 Ynin altepenenonotzaliztlahtolli, yhuan tlahtocatlacamecayonenonotzaliztlahtolli, in tliltica tlapaltica ycuiliuhtoc machiyotoc amapan ayc polihuiz ayc ylcahuiz, mochipa pieloz. Rubén Romero Galván p. 102. / Traducción de Jacqueline de Durand Forest: p. 119.

 86 La respuesta que dieron la mayoría de los autores españoles del siglo XVI es simple: dado que se trata de imágenes, no es una escritura, por lo que “pinturas” fue la palabra usada generalmente para designarlas.

 87 Siguiendo la distinción introducida por Galarza en: Galarza, Joaquín y A. Monod Becquelin. 1980. Doctrina christiana, le Pater Noster. Société d'Ethnographie, 134 p. París.

 88 Códice Xolotl 060. / Códice Borgia p. 61.

 89 Códice Xolotl X.060.F.34 / Códice Xolotl X.050.G.38 / Códices Matritenses f. 52r / Códices Matritenses f. 53r / Matrícula de Huexotzinco f. 517v 387_517v_02

 90 Códices Matritenses, 1993, Primeros Memoriales, University of Oklahoma Press, Edition fac-similé. Photos: Ferdinand Anders.

 91 Lámina VI.

 92 Comunicación personal.

 93 Códices Matritenses, 1993. Primeros Memoriales, University of Oklahoma Press, Edition fac-similé. Photos: Ferdinand Ander, f. 262v.

 94 RP_262v_03_02.

 95 En particular, los personajes facilitaban más claramente la posibilidad de lecturas multilingües.

 96 Códice Florentino, t.III, l.XI, f.62v.

 97 Códice Florentino: michin “pez”.

 98 Nos concentraremos ante todo en los glifos y no en los personajes, porque para los primeros disponemos de glosas, de anotaciones o de textos paralelos en náhuatl, lo que no es el caso para los personajes.

 99 El conjunto de estos documentos, se publicó en CEN: Compendio Enciclopédico del Náhuatl, 2009.INAH. México, Tratamiento de imágenes: R. Cervantes (INAH), J.M. Hoppan (CNRS), I. Zempoalteca, M. Thouvenot (CNRS), B. Olmedo (INAH) Análisis lingüístico del náhuatl: C. Herrera (INAH), M. Thouvenot (CNRS), Voz: A. Ramirez (INAH).

 100 Un elemento es:

-        el más pequeño grafismo con una forma característica, común a dos o más imágenes diferentes, o bien, parte de una imagen de la que ya han sido identificadas otras partes como elementos.

-        el color de un elemento, si éste no es su color convencional.

 101 J. Galarza, 1983a.

 102 MT_01v_A_02b. Al final se encuentra la información bibliográfica sobre los códices citados en las siguientes tablas. En ellas, las abreviaturas que se utilizan son: C por Códice, M por Matrícula. Para los códigos de los glifos, ver al final la tabla de abreviaturas. / 385_23v_11_01 / MT_15r_A_06 / K02_B_27.

 103 026r_A_05 / X.080.B.08 / 385_10v_11_03 / MT_06v_A_12.

 104 X.070.F.14 / A31v_2_A / 387_541v_01 / K04_B_23 / 387_772v_18.

 105 391_C_011a / K20_A_01 / 387_681r_17 / MC2_H_066 / M_C_03.

 106 029_B_06 / 387_785v_12 / K02_A_12 / 385_08r_09_01.

 107 MT_13v_A_06 / K02_B_26 / 387_487r_45 / MT_11v_T_04 / E_14_25.

 108 MT_11v_A_04 / X.010.B.01 / MC2_B_047 / 029_A_01 / 387_796r_07.

 109 K11_B_01 / A64v_2_A / MT_12v_A_04 / MT_03r_A_14 / 387_774v_19 / K06_B_01.

 110 X.101.F.06 / E_04_47 / A11v_1_A / 385_17v_11_02.

 111 X.011.B.22 / M_B_01 / MT_03r_A_03 / 387_484v_29.

 112 M. Gilonne, 1977, p. 38.

 113 Agriocharis ocellata (Guajolote ocelado) y Meleagris gallopavo (Guajolote doméstico o gallipavo): Peterson, R. T. & E. L. Chalif, 1998, pp. 82-83.

 114 CF, XI, 2, 53-4 o Códice Florentino, libro XI, capitulo 2, pp. 53-54.

 115 V44v_3_A / M_F_04 / MT_03r_A_06 / X.070.E.20.

 116 CF, XI, 2, 28: quechcueiac, quechmecatic, quechcocoltic.

 117 Peterson, R. T. & E. L. Chalif, 1998, pl. 41. / V53r_3_B / MT_12r_T_02 / 385_10v_11_02 / RP_263v_03_03.

 118 Peterson, R. T. & E. L. Chalif, 1998, pl. 41.

 119 MT_03v_A_04 / A28r_3_A / E_07_22 / 387_482v_27.

 120 Vitzili, tentliltic, tempitzaoac, tenvitzaponatic, tentzaptic, tenivtzmalotic. (CF, XI, 24).

 121 Peterson, R. T. & E. L. Chalif, 1998, pl. 19. / X.040.A.34 / 387_679v_29 / MT_13v_A_02 / 387_521v_40.

 122 iztacacuicuiltic in ielpan, in iatlapal mitoa chiencuicuiltic: “its breast is spotted with white; its wings are called chia-spotted” CF, XI, 49.

 123 CF, XI, 49 nota 1 y Peterson, R. T. & E. L. Chalif, 1998, pl. 17.

 124 Existen otros pájaros llamados zolin: tecuzolin (CF, XI, 2, 49) tepezolin (Molina en G.D.N.), ocozolin (Clavijero en G.D.N.).

 125 K06_A_24 / MT_02v_A_04 / V07v_3_A / 387_772v_18.

 126 Traducción de Molina.

 127 A01r_2_A / X.070.C.41 / X.010.H.09 / V34r_2_A / X.060.D.18.

 128 374_a_06 / X.050.H.61 / MC2_F_051 / A42r_1_A / K01_A_04.

 129 385_22v_11_05.

 130 La determinación de los valores fónicos es la última etapa del análisis, por lo que evidentemente puede heredar los errores de las etapas precedentes.

 131 En el establecimiento de la tabla, se reunieron los tipos 2 y 4. La tabla se estableció a partir de los 29 códices y también para el conjunto constituido por la Matrícula de Huexotzinco. Se puede apreciar que las diferencias no son importantes.

 132 Es decir, en el 50% restante, menos el porcentaje de valores indeterminados, indicados con un signo de interrogación en la tabla.

 133 E_08_20 / MT_07r_A_01 / X.060.F.36 / 387_842r_17.

 134 En todos los ejemplos que siguen, el nombre del elemento se consigna abajo con su traducción, luego se da la lectura del glifo con el nombre del documento del que se obtuvo y en la parte superior está la palabra cuya raíz se utilizó para la lectura del glifo.

 135 MT_11v_A_09 / 387_555r_23 / MT_08v_A_07 / MT_11r_T_03 / MT_04r_T_11.

 136 X.040.B.34 / V41r_4_B / 387_895r_22 / 387_559v_32 / 387_627v_09.

 137 ¿Por qué haber escogido dibujar el huipil y el enredo de una mujer, y no su cabeza con su peinado característico, que tradicionalmente sirve para transcribir cihuatl “mujer”? Sin duda para evitar la lectura cihuacuauhtli que significa “águila hembra” mientras que cuauhcihua significa “mujer de águila”.

 138 387_780v_13 / 387_517v_37 / 387_841r_41 / 387_902r_08 / MT_13r_A_01.

 139 Ver en Miguel León-Portilla, 1991, Témoignages de l'ancienne parole, Traducido del náhuatl por Jacqueline de Durand-Forest y presentado por Miguel León-Portilla, Paris, La Différence, 178 p. Isis Zempoalteca Chávez, 2008, Bautista (fray) Juan (1600): Huehuetlatolli: que contiene las platicas  . Tlatilulco. Convento de Santiago de Tlatilulco. Ediciones SUP-INFOR, www.sup-infor.com.

 140 X.020.B.07 / 387_677v_04 / 387_647r_33 / 026r_B_18 / 387_642r_11.

 141 387_737v_05 / 387_870v_34 / 387_567r_08.

 142 387_515r_39 / 387_623v_22 / X.020.C.32 / 387_541v_10 / 387_577r_40.

 143 MT_06v_A_12 / 387_832v_17 / V27r_5_A / 387_550r_34 / 387_895v_16.

 144 387_528r_23 / 387_779r_18 / 387_502r_07 / MT_11r_A_02 / 387_497v_03.

 145 X.100.D.35 / 387_676v_15 / RP_264v_02_11 / 387_872r_37 / RP_266r_03_02.

 146 387_776r_16 / 026r_A_05 / 387_880r_11 / MT_07r_A_10 / 387_606v_02.

 147 387_559r_20 / X.020.A.07 / 387_770r_04 / 387_576v_36 / 387_485r_31.

 148 Manuscrito.

 149 387_775v_36 / 387_488r_34 / 387_827v_22 / 387_770r_17 / 387_778r_27.

 150 387_569v_12 / 387_525r_28 / 387_563v_14 / 387_709r_47 / 387_730r_26.

 151 387_704v_05 / 387_537r_36 / 387_834v_32 / 387_535r_40 / 387_616r_28.

 152 387_513r_39 / 387_774r_35 / 387_577r_26 / 387_565v_24 / 387_840r_30.

 153 387_486r_05 / MT_03r_A_10 / V21v_5_A / X.040.G.09 / A43v_2_A.

 154 V19r_1_A / X.010.E.16.

 155 K09_B_06 / X.010.I.40 / X.030.C.62 / Pl. 2 / 387_672v_21.

 156 X.101.H.

 157 Observación que algún día me hizo Luis Reyes García.

 158 387_513r.

 159 387_818v_08.

 160 387_522r_26 / 387_729r_11 / MT_01r_A_09 / X.040.C.13 / K05_A_30.

 161 387_843r_11 / 387_536r_24 / 387_857r_28 / X.070.E.43 / K02_B_02.

 162 387_634r_36 / MT_13r_A_01 / 387_841r_41 / MT_09v_A_06.

 163 029_A_09 / K03_A_17 / 072_08 / X.101.H.

 164 072_17 / X.010.B.17 / 387_902r_08 / 387_905r_11.

 165 387_542r_21 / X.060.F.34 / X.050.G.38 / 387_623v_22.

 166 K03_A_03 / V55v_4_A / 387_835v_33 / 387_774v_07 / X.050.B.09.

 167 RP_264v_02_11 / 387_708v_29 / 387_520v_09 / 387_520v_09 / 387_778v_32.

 168 MT_06r_A_04 / K05_A_55 / 387_629r_31.

 169 K04_B_24 / MT_08v_A_02 / X.010.F.20 / 387_716r_40 / 387_541v_01.

 170 RP_265v_03_04 / MT_15r_A_02 / X.010.F.26 / A57r_4_A.

 171 Intlatocauh in iolque “es el señor de las creaturas”. CF, XI, 1, 1. Ver Guilhem Olivier, 2005, “El jaguar en la cosmovisión mexica”, Arqueología Mexicana, N°72, pp. 52-57. Mexico.

 172 Olchachapani. CF, XI, 1, 1-3.

 173 K01_A_04 / MT_13r_T_09 / MT_15r_T_01 / 385_17v_09_01.

 174 387_648r_19 / MT_07v_A_03 / MT_06r_T_10 / MT_14r_T_07.

 175 Caso del Códice Fejervary-Mayer.

 176 Matrícula de Huexotzinco: 387_732r_34, 387_744v_12, 387_538r_36.

 177 Códice Tovar en J. Galarza & Abraham Zemsz, 1986, p. 75.

 178 quilmach quimaceoa in quappetlatl, in ocelopetlatl; quil quimaceoa in tlacatecaiotl in tlacochcalcaiotl “decían que merece la estera de águila, la estera de jaguar; decían que él merece la calidad de tlacatecatl, la calidad de tlacochcalcatl” CF, XI, 5, 81.

 179 Ocelopetlatl, quappetlatl: quitoznequi : in vncan nemj chicaoaque, in oapaoaque in aiac vel qujnpeoa, ic mjtoa : vncan onoc in quappetlatl, in ocelopetlatl : ioän mjtoa: vncan icac in ocelotlatzacujllotl, in quauhtlatzacujllotl ic tzacuticac in altepetl: quitoznequj: in atl in tepetl. CF, VI, 43, 244. Traducción de Michel Launey, 1980, p. 325.

 180 Ocelotl es el catorceavo signo de la serie de veinte días cuyos nombres son: cipactli “clase de lagarto”, ehecatl “viento”, calli “casa”, cuetzpalin “lagartija”, cohuatl “serpiente”, miquiztli “muerte”, mazatl “clase de venado”, tochtli “conejo”, atl “agua”, itzcuintli “perro”, ozomatli “mono”, malinalli “hierba”, acatl “carrizo”, ocelotl “jaguar”, cuauhtli “águila”, cozcacuauhtli “zopilote”, ollin “movimiento”, tecpatl “pedernal”, quiyahuitl “lluvia”, xochitl “ flor”.

 181 Durán, 1995, II, p. 236.

 182 MT_06r_T_06 / 385_17v_10_01 / 387_483r_02.

 183 Peterson, R. T. & E. L. Chalif, 1998, pl. 17.

 184 M. Gilonne, 1997, p. 49.

 185 M. Gilonne, 1997, p. 74.

 186 Cuauhtli es el quinceavo de la serie de veinte días.

 187 “Este signo que se sigue es cuauhtli, que quiere decir “águila”. Tiene las mesmas propiedades que del signo de tigre queda dicho, salvo que añaden que el que naciere en este signo, demás de tener las propiedades dichas del tigre, tendrá otras, que será inclinado a hurtar, y codicioso de bienes ajenos, avariento, que esconderá lo que tiene, a imitación del águila que es ave de rapiña.” Durán, 1995, II, p. 236-37.

 188 Traducción de Andrés de Olmos en su Vocabulario.

 189 Ic cenca uel qujmmaujztilia in motecuçuma: ipampa ca ipilhoan in ontlamaque, in onmoteniotique in oconmjiaoaiotique in pillotl in quauhiotl, in oceloiotl, ic oncan in qujça in tlatocati, in qujpachoa altepetl “Por eso, Motecuzoma los honra mucho  a los guerreros: porque sus nobles que habían hecho prisioneros, se habían hecho famosos, se habían puesto a la cabeza de la nobleza, de los que son águilas, de los que son ocelotes, por ello son quienes pasan a gobernar, quienes rigen ciudades” CF, VIII, 20, 73.

 190 f. 11.

 191 f. 18r.

 192 387_482r / f. 18r / f. 11.

 193 Auh in iuh conitoa, quilmach niman no ic oneoac, in quauhtli, quimontoquili: onmotlaztiuetz in tleco, ommotlecomaiauh, oc iehoatl no vellalac: ipampa in iuiio cuicheoac, cuichectic. Auh ça ontlatzacui in ocelotl, aocmo cenca uellala in tletl, uetzito: ic ça motlecuicuilo, motletlecuicuilo, motlechichino, aocmo cenca uellalac: ipampan çan cuicuiltic, motlilchachapani, motlilchachazpatz. In hin, quilmach vncan man, vncan mocuic in tlatolli: inic itolo, teneoalo, in aquin tiacauh, oquichtli: quauhtlocelotl tocaiotilo: ieh iacattiuh in quauhtli, mitoa, quil ipampa in onteiacan tleco: auh ça ontlatzacuia in ocelotl, inic mocencamaitoa quauhtlocelotl: ipampa i çatepän ouetz tleco. CF, 2, VII, 6. Traducción de Michel Launey, T. II, pp. 185-187.

 194 X.020.D.42 / X.070.A.17 / K41_B_01.

 195 Ver sobre este punto a M. Gilonne, 1997, pp. 53-57.

 196 Cozcacuauhtli es el dieciseisavo de la serie de veinte días.

 197 “El signo de cozcaquauhtly, que quiere de decir baurro, significaba y pronosticaba á los que en él nacían, largavida, sanos, recios, sin enfermedad, altos, de cuerpo doblado, menbrudos, calvos, discretos, hombres de gran consejo y autoridad, sabios, graves, quietos, prudentes, retóricos, amigos y inclinados á ensenar y á predicar amigos de dar buenos consejos y de reprender lo malo, amigo de juntar discípulos á quienes ensenar.” Durán, 1995, II, p. 237. (puse las comas para hacer más fácil leer el texto, pero ya que lo parafraseaste en una versión más contemporánea, se pueden omitir si así te parece.)

 198 RP_264v_01_06 / 385_09r_14_01 / X.070.C.32.

X.101.L.25 / V14r_2_A / 387_737v_05.

 199 Nenepile, nenepilmaxaltic, nenepilmaxaliuhqui “tiene una lengua, la lengua está dividida, la lengua es bifurcada”: CF, XI, 5, 75.

 200 Las serpientes comunes al Códice Florentino y a Molina, se llaman: acoatl, chiauhcoatl, tlilcoatl, çolcoatl, maquizcoatl, maçacoatl, tetzauhcoatl y miauacoatl. Las tecutlacoçauhqui, iztac coatl, tleuacoatl, olcoatl, tlalmaçacoatl, tlapapalcoatl, coapetlatl, chimalcoatl, citlalcoatl, metlapilcoatl, aueyactli, palancacoatl, (e)hecacoatl, tzoalcoatl, quatzoncoatl, mecacoatl, tetzmolcoatl, quetzalcoatl, xicalcoatl, petzcoatl, y petlaçocoatl son exclusivas al Florentino.

 201 Esta familia comprende las siguientes serpientes: tecutlacoçauhqui, iztac coatl, tleuacoatl, chiauhcoatl, olcoatl, chimalcoatl, citlalcoatl y aueyactli. CF, XI, 5, 87.

 202 Cohuatl es el quinto de la serie de veinte días.

 203 Durán, 1995, II, p. 235.

 204 Se encuentran desarrollos sobre este tema en las obras de D. Robertson 1959 (p. 63-65 134-143 179-189), J. Galarza 1990 (p. 94-111), B. Mundy 1996, (p. 91-133) y E. Hill Boone, 2000 (p. 162-196).

 205 345 ocurrencias del elemento atl y 312 del elemento tepetl. Aparecen juntos en 139 casos.

 206 Aquí se hace referencia a los 29 códices que forman parte de CEN. INAH, 2009. México.

 207 E_02_21 / X.050.H.62.

 208 030_093r_01 / X.080.A.28.

 209 A primera vista, parece tratarse de un círculo pequeño, pero cuando el glifo es grande, uno se da cuenta de que es más bien una espiral.

 210 X.030.I.22 / X.020.B.22.

 211 X.080.A.28 / X.070.D.22.

 212 ioan quitoaia, ca in tepetl çan naualca, çan pani in tlallo, in teio, ca çan iuhquin comitl, noce iuhquin calli, ca tentica in atl, umpa ca, intla queman monequiz xitiniz in tepetl, ca apachiuiz icemanauac CF, XI, 12, 247.
Sahagún refiere este mismo pasaje de la siguiente manera: “Los antiguos desta tierra decían que los riyos todos salían de un lugar que llaman Tlalocan, que es como paraíso terrenal, el cual lugar es de un dios que se llama Chalchihuitlicue. Y tanbién decían que los montes está fundados sobre el cual, que están llenos de agua, y por de fuera son de tierra, como si fuesen vasos grandes de agua o como casas llenos de agua, y que cuando fuere menester se romperán los montes y saldrá el agua que dentro está, y anegará la tierra”. (Sahagún, 1989, II, 800).

 213 MT_10v_A_16.

 214 385_04r_01_01 / Pl. 25.

 215 Johanna Broda, 2001, Ritos Mexicas en los Cerros de la Cuenca: los sacrificios de niños, en La Montaña en el paisaje ritual. Conaculta-Inah, pp. 295-317. México,

 216 Fernández Christlieb, Federico & Ángel Julián García Zambrano (coordinadores), 2006, Territorialidad y Paisaje en el Altepetl del siglo XVI. Fondo de Cultura Económica, 580 p. México.

 217 F. 34.

 218 “Y también decían que los ríos salían de los montes, y aquel dios Chalchiuhtlicue los enviaba”. Sahagún, 1989, T. II, 800.

 219 X.030.A.23 / X.070.H.39 / X.090.A.26.

 220 X.010.I.11 / X.030.A.27.

 221 Códice Xolotl, lámina 010, detalle.

 222 Códice Xolotl, lámina 010, detalle.

 223 Códice Xolotl, lámina 010.

 224 Durán, 1995, T.II, p. 170. 

 225 Kirchhoff, Paul y Lina Odena Güemes, Luis Reyes García, 1976, Historia Tolteca Chichimeca,  122 p. 147,  262 p. 180.

 226 CF (Códice Florentino), III, 1, 1; HG (Historia General de las Cosas de Nueva España), III, 1, 202.

 227 Michel Launey, I, p. 257.

 228 Se puede también analizar como: tona-tiuh, con el sufijo direccional -tiuh.

 229 HG, VII, 1, 478. Auh in ioatzinco, mitoaia: ca ie tequitiz, ie tlacotiz in tonatiuh; quen vetziz in cemilhuitl. Auh in oiooac, mitoaia: otequit, otlacotic in tonatiuh. CF, VII, 1, 1.

 230 CF, VII, 1, 1.

 231 Ninguna de estas palabras parece referir específicamente a la parte diurna del día. La parte nocturna se denomina yohualli.

 232 Esta clara distinción, parece desaparecer con el tiempo. Es al menos lo que sugiere el diccionario de Cortés y Zedeño, 1765, quien suma y pluraliza tonalli como se ve en la expresión Mactacti tonalme “Diez días”.

 233 Inin matlactetl omey tonalpoalli y n çeçemilhuitonalli yn çe çipactli mitoaya yectli tonalli “Each day sign  in this thirteen-day period, One Crocodilian Monster, was said to be a good sign.” Matritenses, f. 300r / p. 165.

 234 En los Anales de Cuauhtitlan (Códice Chimalpopoca), esta palabra, tonatiuh, se traduce en ciertas ocasiones por “edad”.

 235 Jacques Soustelle, 1967. Les quatre Soleils, Souvenirs et réflexions d'un ethnologue au Mexique. Plon, 339 p. París.

 236 CF, I, Ap. 2, 82.

 237 X.070.F.14 / MT_07v_A_04 / MT_11v_A_13.

 238 La equivalencia teotl - tonatiuh, se expresa claramente en el Códice Florentino, I, Ap. 2, 82: yn teutl. quitoznequi tonatiuh “dios quiere decir sol”. En la Matrícula de Tributos o el Códice Mendocino, cuando la lectura es teo-, se figura solo la mitad del elemento tonatiuh.

 239 En el libro de Matos, Eduardo y Felipe Solís, 2004, se encuentran muchos ejemplos de tonatiuh con esta estructura cuadripartita.

 240 Códice Vaticanus A f. 89r / Códice Mendocino f. 57 y f. 19 / Códice Azcatitlan pl. 6 / Códice Osuna f. 14v / Códice Telleriano-Remensis f. 1v. 385_01v_01_12.

 241 Se encuentra otro ejemplo en el Códice Mariano Jiménez.

 242 Tlachco. MT_06r_A_02.

 243 CF, VII, 1, 1.

 244 Estas cuatro flores significan ochenta dias, cada una flor veynte dias. Códice Mendocino f. 19.

 245 El hecho de que la palabra ilhuitl, o en composición, cemilhuitl, pueda englobar la totalidad del periodo de 20 días, aparece en los títulos de cada veintena en el libro II del Códice Florentino. En una nota los traductores señalan: “cemilhuitl: the term is usualy translated as 'one day', 'all day' or 'all the days'.” p. 42.

 246 otlica in // pantlaioh // huac yeilhiu // tlamotlanes yhuan  nauh // yohual yc tlanes citlalli. Códice Azcatitlan pl. 6. p. 65.

 247 Dia y noche. Molina 1.

 248 X.070.H.04 + / X.101.L.32.

 249 MT_11r_A_01 / MT_09v_A_08 / X.050.C.07 / C. Mendocino, f. 13v / C. Mendocino, f. 28v.

 250 Thouvenot, 1982, p. 16.

 251 A60v_2_A / Códice Mendocino, f. 12r / Códice Mendocino, f. 12r / RP_262v_03_09.

 252 CF, XI, 8, 222 y Thouvenot, 1982, p. 138.

 253 CF, II, 37, 159, a propósito de una máscara hecha para el dios del fuego; CF, IV, 18, 66, a propósito de un discurso; CF, VI, 40, 216, también a propósito de un discurso; CF, XI, 8, 222, a propósito de las piedras preciosas y del chalchihuitl específicamente.

 254 Este elemento se caracteriza por una corriente de agua de color azul, y frecuentemente en sus bordes, se ve una alternancia de círculos concéntricos y pequeños caracoles.

 255 CF, XI, 12, 250.

 256 CF, VII, 3, 11.

 257 Códices Matritenses f. 282r.

 258 Se encuentra una magnífica presentación de los calendarios en la obra de E. Hill Boone, 2007.

 259 Con el estudio estilístico del Códice Cozcatzin, sabemos también que, aún en Tlatelolco, existe lo que el autor llama “the secular painting school of Tlatelolco”. En Anne E. Guernsey Allen, “A stylistic Analysis of the Codex Cozcatzin”, Estudios de Cultura Náhuatl, n. 24, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Históricas, 1994, pp. 255-281. En este artículo se muestra que hubo más escuelas de lo que Robertson suponía.

 260 Charles Dibble, Códice Xolotl, prefacio por R. García Granados, 2 vol. UNAM-Instituto de Investigaciones Históricas, 1951, pp. 11-12. México.

 261 Personajes europeos de tres cuartos, aparecen en los siguientes documentos: Códice Santa Anita Zacatlalmanco; Azoyú, fol. 32; Lienzo de Tlaxcala XX; Azcatitlan, 25v, 23v, 22v (Cortés y Malinaltzin); Telleriano-Remensis, sacerdotes 44v, 46r., XXXVIII, XL.

 262 Códice Mendocino, f. 69r / Códice de Tepetlaoztoc, f. 11b / Matrícula de Huexotzinco, f. 637r.

 263 Matrícula de Tributos f. 14r / C. Xolotl X.030.C.24 / C. de Tepetlaoztoc K63_A_07 / C. Bnf 400.

 264 Justino Fernández, 1959, Una aproximación a Xochipilli”, en Estudios de Cultura Náhuatl, n. 1. UNAM-Instituto de Investigaciones Históricas p. 31. México.

 265 C. Xolotl X.060.B.37 / C. Borbónico pl. 7 / Xochipilli: Museo Nacional de Antropología.

 266 Francisco del Paso y Troncoso, 1993  1898, Descripción historia y exposición del Códice Pictórico de los antiguos náuas que se conserva en la Biblioteca de la Cámara de diputados de París. Siglo XXI, p. 304. México.

 267 Jaime Morera, “La Eucaristía. Símbolo y síntesis del dogma católico” p. 126. / Portada: Padilla, Retablo de la vida de Cristo, Jacobo Cronberger, 1518.

 268 Matrícula de Tributos, f. 12v.

 269 Gerhard menciona tres Tezontepec. Uno se encuentra en la alcaldía de Tetepango Hueypustla, el cual se puede descartar porque se llama San Juan Bautista Tezontepec (p. 309). Otro se encuentra en la alcaldía de Iztepexi en “la región norcentral de Oaxaca”. Esa localización, tan lejos de la zona a la que pertenecen los otros códices del manuscrito 419 de la Biblioteca Nacional de Francia, hace que parezca muy poco probable. La última posibilidad, según el libro de Gerhard, es un Tezontepec que se encuentra en la alcaldía de Pachuca. Desgraciadamente no aparece el nombre completo, San Pedro Tezontepec (p. 216). En Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821. UNAM, 1986. México.

 270 Gordon Brotherston, 2000, “El Códice de Tepoztlán: descripción y lectura”, en Códices y Documentos sobre México, Tercer Simposio Internacional, Constanza Vega (coord.).  INAH, pp. 367-378. México.

 271 Esos documentos aparecen en un artículo de Stephen A. Colston, “People, Places and Pictures: Name Signs from a Corpus of Early Colonial Acolhua Cadastral Manuscripts”. Colston menciona y muestra varios documentos que pertenecen al Folder/Legajo 18 de los Urrutia de Vergara Family Papers. A propósito de la localización, el autor escribe: “As the title page partly suggests, the cadasters depict native properties which were at one time held by the Hacienda de San Miguel Tlaixpan. This hacienda was in the vicinity of the native communities of San Miguel Tlaixpan and Purificación (UVFP, folder 16, folio 64v-69; folder 19, folio 121) both of which were approximately 7.5 km east of colonial Texcoco and fell within the jurisdiction of that city”. “People, Places and Pictures: Name Signs from a Corpus of Early Colonial Acolhua Cadastral Manuscripts”, en Current Topics in Aztec Studies.San Diego Museum Papers 30, 1993, p. 93. San Diego, E.U.

 272 C. Xolotl X.060.G.15 / C. de Tepetlaoztoc / C. Vergara / C. de Tepetlaoztoc / C. de Tepoztlan.

 273 C. UVFP 116 / C. UVFP 119 / C. Bnf 392 / C. Bnf 400 / C. San Juan Teotihuacan.

 274 Con excepción de Tepoztlan. Pero el tlacuilo de este documento parece ser texcocano.

 275 Códice Xolotl, Códice de Tepetlaoztoc, Mapa de Coatlichan, Códice de Tepoztlan, Mapa de San Pedro Tezontepec, Códice Vergara, Códice Santa María Asunción, Códice de San Juan de Teotihuacan o Códice Texcoco, BNF 392.

 276 Códice de Tlatelolco, lámina VIII / E_03_13 / f. 18.

 277 X.070.E.44.

 278 X.070.E.42.

 279 Le livre des morts.  1984. Commentaires de Evelyn Rossiter. Liber, 120 pp., p. 74.Génova, Italia.

 280 Carrete Parrondo, Juan & Fernando Checa Cremades, Valeriano Boza, 1987. Summa Artis, Historia General del Arte, vol. XXXI, El grabado en España (siglos VV al XVIII). Escalpa-Calpe. Madrid.

 281 http://www.letarot.com.

 282 http://www.letarot.com.

 283 Matrícula de Tributos, MT_07v_A_04: Tonatiuhco.

 284 C. Xolotl, X.070.F.14 tlacateotzin / C. de Tepetlaoztoc, K03_B_01: hueyi tonatiuh.

 285 Cfr. vncâ moquetzaya yn ixiptla, ynic miCuiloaya y n yxiptla yuhquin tlacaxayaq tonameyo ytech quiztoya “there his image stood. His image was painted in this manner: it had what was like a human face; his rays emanated from it”. En fray Bernardino de Sahagún, Primeros Memoriales, paleography of nahuatl text and english translation by Thelma D. Sullivan, 1997. University of Oklahoma Press, p. 125. Norman, Oklahoma, E.U.

 286 Códice Florentino, II, Ap., 217 y No 60 (f. 135r):“there his image was set up. His image was designed as if it had the mask of a man; his sunray shot forth (from it); tlacaxaiaque = tlaca-xayac-e, que significa “él tiene la cara de un hombre”. No sé de dónde viene la forma verbal quiztoia.

 287 Sahagún, tomo 1, II, apéndice, p. 197.

 288 A propósito de esa viñeta, Nicholson dice: “...the illustration is so Europeanized that it is of dubious value in deciding whether it represents a genuine continuation of a pre-Hispanic mode of depicting the solar disk”. En “The Problem of the Identification of the Central Image of the 'Aztec Calendar Stone'”, Current Topics in Aztec Studies. San Diego Museum Papers 30, 1993, p. 10. San Diego, E.U.

 289 Códice Florentino, II, f. 135r.

 290 Idem. Gracias a Guilhem Olivier, quien me dio a conocer esta publicación.

 291 Ibid., p. 13.

 292 Tonatiuh: Museo Nacional de Antropología; detalle.

 293 Marc Thouvenot, 1982, Chalchihuitl. Le jade chez les Aztèques. Institut d'Ethnologie, p.20. París.

 294 Matrícula de Tributos, f. 15v.

 295 Ibid. pp. 249-250.

 296 Ibid. p. 297.

 297 Diseño de Beyer / Original.

 298 Sevilla, Jacobo Cromberger, 1519 / C. Xolotl X.070.F.14.

 299 Códice Florentino, I, Addendum II, 81.

 300 Códices Matritenses, f. 74r / C. Xolotl: X.040.F.10.

 301 Matrícula de Tributos, f. 8v.

 302 Raúl Noriega, 1992. “Sabiduría matemática, astronómica y cronológica”, en Esplendor del México Antiguo. Editorial del Valle de México, p. 285. México.

 303 Noriega, Id.

 304 C. Xolotl: X.090.N.02 / C. Xolotl: X.070.H.10

 305 Juan Carrete Parrondo, Fernando Checa Cremades y Valeriano Bozal, op. cit., p. 232.

 306 Monte-Alban, Tumba 7 / Códice Borgia, p. 43.

 307 Códice Vergara A30v_3_A / Códice Mendocino f. 5v.

 308 Ferdinand Anders, Maarten Jansen y Luis Reyes García, Religión, costumbres e historia de los antiguos mexicanos, libro explicativo del llamado Códice Vaticano A. Fondo de Cultura Económica, p. 45. México.

 309 Códice Vaticanus A, f. 1v-2r.

 310 a: Borbónico 10 Tonatiuh / b: Borbónico 12: Tonatiuh / c: Borbónico 12: Piltzintecuhtli / d: Borbónico 19 / e: Borbónico 08.

 311 Cartografía, II, 1819 / Cartografía, II, 1705 / Cartografía, II, 1931 / Cartografía, II, 1907.


Introducción

 1 El 13 de agosto de 1521 la ciudad de México-Tenochtitlan, en un estado de destrucción bastante avanzado, se somete al conquistador Hernán Cortés. Esta fecha marca el inicio del poder de la corona española en estas tierras y para los mexicas comienza una profunda transformación de su sociedad, al pasar de dominadores -los mexicas ejercían el poder en gran parte del México actual- a dominados. Este cambio transforma de múltiples formas la vida social y la de los individuos, pero particularmente en el aspecto que ahora nos concierne, que es la escritura.

Dado que los materiales y soportes más valiosos de esta escritura náhuatl, es decir, utilizados para transcribir la lengua náhuatl, fueron destruidos, sobre todo los códices y las esculturas, lo que se sabe del funcionamiento de esta escritura, concierne principalmente al siglo XVI. Es decir, la época de la conquista y las décadas que le sucedieron, periodo en el cual se realizaron varios cientos de códices. Tal renacimiento de los códices se debe particularmente a dos razones:

- Al encargo de misioneros religiosos que tardíamente comprendieron la importancia que podían tener estos documentos para evangelizar eficazmente.

- A la postura legal que el poder judicial español adopta al estatuir que los documentos pictográficos representaban una prueba escrita (siempre y cuando estuvieran acompañados de una versión en caracteres latínos).

Tal situación, desde el punto de vista de la investigación, presenta, a su vez, inconvenientes mayores y una ventaja. Dos son los puntos negativos de mayor peso: para empezar, sólo disponemos de una pequeña cantidad de documentos, unos cientos, de los cuales la mayoría son de tamaño reducido, y, por otra parte, debido a que estos documentos se destruían sistemáticamente, casi la totalidad fueron realizados después de la conquista. Al interior de este grupo reducido, a veces se observa en los documentos pictográficos importantes diferencias en la forma de escribir. ¿A qué deberíamos de atribuir tales diferencias? ¿a las escuelas regionales, a las características del escriba, a la influencia de alguna otra escritura mesoamericana, o tal vez a alguna influencia europea a través de su iconografía o de su escritura alfabética? Esta última hipótesis conduce a cuestionarnos si lo que observamos a veces es el reflejo de una práctica prehispánica muy parecida o si tal vez es un indicio de la evolución bajo influencia europea. Generalmente es imposible aportar una respuesta a esta cuestión ya que debido a los Autos de fe no conocemos los documentos prehispánicos que sirvieron de base a aquellos que hoy subsisten diseminados en algunas bibliotecas del mundo entero, y en particular, en París, en la Biblioteca Nacional de Francia.

Ante tal situación, el único punto positivo, es que los códices fueron elaborados para ser presentados ante los tribunales y gracias a esto tenemos la oportunidad de poseer varios documentos escritos en los dos sistemas, fungiendo así, como piedras Roseta. Los tribunales españoles desde luego aceptaban los documentos con escrituras figurativas como medio de prueba, pero únicamente a condición de que su contenido fuera transcrito con letras latinas en náhuatl o en español.

En documentos tan importes como estos se basan la mayoría de las lecturas que conocemos. Poner en paralelo sistemáticamente el análisis morfológico de las palabras en imágenes, o glifos 2, con las palabras en letras latinas hace posible que se progrese en el camino de la lectura.

Esta escritura se desarrollaba sobre múltiples materiales -piedras, murales, vasijas, piel de cérvidos, mantas-, pero, sobre todo, en papel tradicional de amatl, y también, después de la conquista, en papel europeo. De esta manera podemos encontrar en los códices, o en otros materiales, los numerosos glifos que componen la Piedra Solar.

 

Piedra del Sol

Fig. 1. Ejemplo de escultura 3

La diversidad de los materiales afecta poco la escritura, como podemos constatarlo en esta representación del dios Tezcatlipoca en un mural (Tizatlan), en una vasija (Ocotelulco) o en el Códice Borgia 4, realizado en piel de cérvido.

 

Mural de Tizatlan
Ceramica de Ocotelulco
Códice Borgia

Fig. 2. Tezcatlipoca sobre diversos soportes 5

Los temas que se abordan en los códices que llegaron hasta nosotros tratan esencialmente de la vida política (códices históricos, genealógicos...), de la vida religiosa (calendarios adivinatorios...) y, por último, de la vida intelectual junto con las ciencias naturales (Códice Badiano) 6. Es decir, de los principales temas mencionados por Alva Ixtlilxochitl - mestizo defensor de lo indígena-, cuando evoca los temas tratados por los códices prehispánicos: “tenían para cada género sus escritores, unos que trataban de los anales poniendo por su orden las cosas que acaecían en cada un año, con día, mes y hora. Otros tenían a su cargo las genealogías y descendencias de los reyes y señores y personas de linaje, asentando por cuenta y razón los que nacían y borraban los que morían, con la misma cuenta. Unos tenían cuidado de las pinturas de los términos, límites y mojoneras de las ciudades, provincias, pueblos y lugares, y de las suertes y repartimientos de las tierras, cuyas eran y a quién pertenecían. Otros, de los libros de las leyes, ritos y ceremonias que usaban en su infidelidad; y los sacerdotes, de los templos, de sus idolatrías y modo de su doctrina idolátrica y de las fiestas de sus falsos dioses y calendarios. Y finalmente, los filósofos y sabios que tenían entre ellos, estaba a su cargo el pintar todas las ciencias que sabían y alcanzaban” 7.

Algunos ejemplos de documentos pictográficos han sido seleccionados para dar una idea de cómo aparecen.

Para representar la historia se eligieron dos códices: el Códice Xolotl 8 y la Tira de Tepechpan 9. Esto se debe al hecho de que en cada documento encontramos una concepción distinta de narrar la historia. En el primer caso, acorde con la concepción del Códice Xolotl, se le da prioridad al espacio, mientras que en la Tira de Tepechpan el tiempo ocupa el primer lugar.

 

Códice Xolotl

Fig. 3. Códice histórico 10

El Códice Xolotl 11 aborda dos siglos de la historia de Texcoco, ciudad cercana a la Ciudad de México, que en los últimos tiempos fue una de las capitales de la Triple Alianza, junto con México-Tenochtitlan y Tlacopan. Esta narración histórica se presenta en diez grandes láminas y todas utilizan como fondo una especie de mapa idéntico, en donde los elementos que se destacan son la laguna de México y la cadena montañosa con el Popocatepetl. Todos los hechos, ordenados según una secuencia cronológica, se inscriben respecto a esta geografía.

 

Tira de Tepechpan

Fig. 4. Códice histórico  12

Por otro lado, la Tira de Tepechpan organiza las informaciones dándole prioridad al tiempo y adoptando una disposición en un cuadro dividido en tres sectores y de múltiples columnas. La historia de Tepechpan en la parte superior, una franja cronológica en medio y la historia de México-Tenochtitlan en la parte inferior.

Con esta disposición están presentes los dos constituyentes de la narración histórica, el tiempo y el espacio, pero en este caso se acentúa gráficamente el flujo temporal mientras que en el Códice Xolotl se destaca la multiplicidad de espacios.

Tres documentos nos darán una idea de lo que pudo haber sido un documento de tipo administrativo 13.

 

Códice Vergara

Fig. 5.Códice catastral 14

El Códice Vergara 15 es un registro que presenta a todas las familias de un pueblo, el de Santa Maria Asunción, donde se indica para cada una de ellas, las tierras que cultivan, además de mencionar sus dimensiones y calidad.

 

Matrícula de Tributos

Fig. 6. Códice fiscal 16

La Matrícula de Tributos 17, es probablemente, uno de los pocos documentos prehispánicos de la región de México. Presenta en 32 páginas, los productos y las cantidades de lo que tenían que pagar regularmente al poder central las provincias sometidas a la confederación, es decir a Mexico-Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan. En la parte inferior se encuentran los glifos toponímicos y en la parte superior se sitúan los glifos de tributo.

 

Matrícula de Huexotzinco

Fig. 7. Códice fiscal 18

La Matrícula de Huexotzinco 19 es un documento de más de 800 páginas que censa la población de 23 pueblos que dependen de la provincia de Huexotzinco. Con más de 20 000 imágenes anotadas en náhuatl, este documento es una fuente particularmente rica.

 

Códice Fejevary-Mayer

Fig. 8. Códice religioso 20

Códice Borbónico

Fig. 9. Códice religioso 21

Para seguir, el Códice Fejervary-Mayer 22, documento considerado como prehispánico, y el Códice Borbónico, conservado por la Biblioteca del Palacio Borbónico de París 23, dos documentos representantes de los códices religiosos. Ambos documentos, eran particularmente utilizados para determinar si las síntesis de las fuerzas divinas que actuaban cada día, podían ser fastas o nefastas para la realización de diversas clases de actividades.

Para terminar, dos documentos que corresponden con la ultima categoría de Ixtlilxochitl  -cuando él habla de “los filósofos y sabios que tenían entre ellos,  de quienes estaba a su cargo el pintar todas las ciencias que sabían y alcanzaban”-, que son los códices científicos.

 

Códice Badiano

Fig. 10. Códice científico 24

Códice Florentino

Fig. 11. Códice científico  25

Estos documentos eran obra de los pintores-escribas llamados tlacuiloque en náhuatl. Estos hombres, al ser los que poseían los libros y la sabiduría, disfrutaban de un inmenso respeto. El tlacuilo es un tlamatini, “erudito, sabio”, característica que comparte con algunos de los personajes de alto rango de la sociedad como lo eran el soberano, los sacerdotes y algunos nobles.

En lo que sigue, trataremos de responder a varias preguntas con relación al tlacuilolli y sus autores, los tlacuiloque. Primero veremos de dónde viene la escritura de los aztecas-mexicas, si ellos la inventaron o la heredaron y cuándo. Después trataremos de hacernos una idea de cómo los tlacuiloque consideraban su propia escritura figurativa, viéndola dentro del conjunto de imágenes que se nombraban tlacuilolli, y también tratando de comparar la escritura figurativa con la alfabética, a través de los testimonios que los letrados del siglo XVI dejaron. Veremos también como, dentro del mundo general de las imágenes o tlacuilolli, se puede identificar aquellas que corresponden con las que los nahuas del siglo XVI consideraban como equivalente a nuestra escritura.

Después, presentaremos los elementos que conforman esta escritura, basándonos en el estudio de un conjunto de una treintena de códices, mostrando su relación con la realidad figurada, su repartición temática, así como su función en cuanto a la transmisión de partes de la lengua náhuatl.

Enseguida enseñaremos algunos ejemplos de uso de elementos pertenecientes a cuatro temas, que son: los hombres y las partes del cuerpo humano, los animales, el espacio -con los elementos atl “agua” y tepetl “cerro” -, y finalmente, un ejemplo relacionado al tiempo, aquí, con los elementos tonatiuh “sol” e ilhuitl “día, fiesta, veintena”.

En suma, para cerrar esta presentación de la escritura figurativa o pictográfica de los nahuas, finalizaremos con un problema recurrente, que es la influencia de la imagen europea sobre la imagen nahua, y por ende, sobre su sistema de escritura.

El aparecer de la escritura náhuatl 26

Lo que se sabe de la existencia de la escritura náhuatl

No cabe duda, por lo menos para los indígenas 27, que cuando llegaron los europeos los mexicas utilizaban documentos escritos.

Nos gustaría evidentemente, poder responder a preguntas tan sencillas como: ¿desde cuándo poseían esta escritura?, ¿cuándo surgió?, ¿en qué parte y bajo qué contexto apareció por primera vez?, ¿de qué manera fue evolucionando a través del tiempo?, ¿qué relaciones tenían con otras escrituras existentes en Mesoamérica?...

Tomando en cuenta que muy pocos documentos pictográficos llegaron hasta nosotros, debido particularmente al hecho de que los españoles los destruían sistemáticamente, quizás es casi imposible responder a estas preguntas, pero sobretodo, a la que concierne a la evolución de la escritura. La gran mayoría de los documentos que conocemos fueron elaborados después de la conquista o, en un puñado de casos, poco antes. Para intentar, a pesar de todo, aportar algunos elementos que respondan a las preguntas precedentes, contamos únicamente con fuentes históricas, bajo forma de códices o textos alfabéticos, escritos en náhuatl o en español.

Este tipo de fuentes de información son bastante abundantes, pero pocas de ellas evocan tiempos muy remotos. Por otra parte, es muy raro que se mencione el tema de la escritura, aunque no por ello signifique que no exista.

Las alusiones explícitas acerca de la escritura se limitan a tres, por orden cronológico son las siguientes:

-    El cuarto soberano mexicano Itzcoatl, quien ejerció el poder de 1427 a 1440, ordenó quemar los códices, es decir, los documentos pictográficos. El evento tiene lugar a principios del siglo XV 28.

-    Quinatzin, cuarto soberano chichimeca de Texcoco, recibe en su ciudad a escribas de origen tolteca. Este evento tiene lugar a principios del siglo XIII 29.

-    Se cuenta que durante la migración de los mexicas estos eran guiados por sacerdotes que son conocidos como amoxhuaque “poseedores de libros” 30. Este último hecho no ha podido datarse con precisión, pero podemos situarlo, aproximadamente, entre principios del siglo XI -su comienzo-y principios del siglo XII -su paso por Tula-.

Estos tres datos, a pesar de ser escasos, nos permiten tener, por los menos, la seguridad de que la escritura náhuatl no había sido inventada con la llegada de Cortés a suelo mexicano, sino que se puede constatar su existencia en Texcoco, desde principios del siglo XIII, aunque podemos remontarnos a una época más remota, sin duda próxima a los inicios de la migración mexica.

A partir de estos tres datos, si se consideran como tal, y no como elaboraciones de un pasado, podemos deducir otras informaciones de importancia, pero para comprenderlas mejor, convendría que previamente se precisara el marco espacial, temporal y humano en el que se inscriben.

 

Marco espacial

Los sitios de importancia son México-Tenochtitlan, ciudad creada en 1325, situada en aquel entonces, en medio de una laguna. En la ribera oriental de la laguna, se situaba también Texcoco, que junto con Mexico y Tlacopan formaban una confederación. Al norte de México se encontraba Tula, centro de lo que fue el gran imperio tolteca. Por fin, en un lugar indeterminado, al parecer al noroeste, se encontraba Aztlan, punto de partida de la migración azteca.

 

Fig. 12. Posibles rutas de migración 31

 

Marco temporal

Las fechas más importantes en cuanto a lo que concierne nuestro propósito son las siguientes:

 

Creación de Tula

Principios del siglo VIII

Principio de la migración mexica desde Aztlan

Principios del siglo XI

Caída de Tula y dispersión de los toltecas

Principios del siglo XI

Llegada de Xolotl, 1.er soberano de Texcoco

Principios del siglo XI

Primera atadura mexica (Acahualtzinco)

Finales del siglo XI

Llegada de los mexica a Coatepec, cerca de Tula

Principios del siglo XII

Quinatzin, 4.º soberano de Texcoco

Principios del siglo XIII

Llegada de los mexica a Chapultepec

Principios del siglo XIII

Creación de México

1325

Itzcoatl, 4.º soberano de México

1427-1440

Caída de México

13 de agosto de 1521

Tabla 1. Fechas que definen el marco temporal

Las fechas que aquí proponemos sobre el periodo que precede la creación de México-Tenochtitlan, son poco precisas voluntariamente, porque, aunque las fuentes de información proporcionen a menudo fechas exactas, éstas no concuerdan. Se puede constatar que esta datación sigue a grandes rasgos la que el autor chalca Chimalpahin propone en su Memorial Breve.

Dentro de este espacio y de estas épocas, evolucionan hombres que en los materiales de consulta se presentan principalmente como dos grupos antitéticos. Unos llamados toltecas y los otros chichimecas. 32

 

Marco humano

Dos textos nos hablan de los toltecas y de los chichimecas. El primero procedente del Códice Florentino, texto en náhuatl y obra de los informantes del franciscano Sahagún, quien orquestó la elaboración de los escritos y quien hizo la traducción al español. Y el otro, la Historia Chichimeca, obra de Alva Ixtlilxochitl, mestizo (castizo), descendiente de soberanos de Texcoco. Se trata de dos tradiciones históricas muy diferentes, una es tenochca, es decir, de México-Tenochtitlan, y la otra es texcoca. Lo que significa que pertenecen a dos ciudades muy cercanas, por estar unidas a la misma confederación, pero al mismo tiempo muy diferentes, ya que dependían de soberanos distintos y cada uno contaba con una ascendencia muy específica.

Esas dos fuentes, concuerdan para describir a los toltecas 33 como una población sedentaria, agrícola, rica, que vivía en ciudades, vestía con ropa de manta y fue creadora de la escritura, utilizada particularmente en los calendarios.

En cuanto a los chichimecas 34, se presentan en las dos fuentes, como gente tosca, nómada, cazadora, vestida con pieles, que se alimentaba de la caza. La única verdadera cualidad que se les reconoce es su maravillosa destreza en el tiro al arco. Se decía que cuando un chichimeca lanzaba una flecha a un águila, nunca fallaba, y si esto le llegaba a pasar, al caer la flecha, acababa matando a un puma, a un corzo/venado, a una serpiente o a un conejo 35.

 

Toltecas y chichimecas en el Códice Xolotl

El Códice Xolotl, originario de Texcoco y actualmente conservado en el fondo mexicano de la Biblioteca Nacional de París, presenta claramente a estos dos tipos de población:

 

Códice Xolotl

Fig. 13. Oposición tolteca/chichimeca 36

Aunado al hecho de que a los toltecas pueda designárseles por un glifo, situado al lado de una cabeza de tolteca, unido por medio de una línea, se les puede reconocer perfectamente por su forma de vestir y por su peinado, tal y como se les describe en el Códice Florentino o en los escritos de Alva Ixtlilxochitl. Los hombres y las mujeres llevan ropa de manta. Un tilmatli -“tilma, especie de abrigo”- para el hombre, una blusa, huipil, y una falda, cueitl, para la mujer. La mujer está peinada de forma característica, con una raya en medio y con el cabello hacia los lados. Los hombres usaban el cabello medio largo con fleco.

 

Códice Xolotl

Fig. 14. Forma de vestir y peinado de los toltecas  37

En este documento reconocemos de inmediato a los chichimecas porque corresponden exactamente a las descripciones que se han hecho anteriormente. Van vestidos con pieles y traen el cabello largo. Algo tan cierto para las mujeres, como para los hombres. Estos últimos, además, enarbolan un arco y unas flechas

 

Códice Xolotl
Códice Xolotl

Fig. 15. Forma de vestir y peinado de los chichimecas 38

El hecho de llevar un arco y una flecha es algo tan emblemático en los chichimecas, que fue el binomio gráfico que se utilizó para escribir pictográficamente la palabra chichimecatl, como se puede ver en el ejemplo siguiente sacado de la Matrícula de Huexotzinco 39.

 

Matrícula de Huexotzinco

Fig. 16. Arco y flecha para expresar la palabra chichimecatl 40

Con el Códice Xolotl, que narra más de 400 años de la historia de Texcoco, se puede seguir cómo progresivamente los chichimecas, originarios del Norte, después de haber asegurado el control de la región, se “toltequizaron”. Este fenómeno empieza desde su llegada al Valle de México y el mestizaje entre las poblaciones locales toltecas y los invasores chichimecas, y termina hacia principios del siglo XIV, con la subida al trono del soberano Ixtlilxochitl. Es justamente el primer soberano de Texcoco que no fue representado empuñando un arco y una flecha.

El episodio de la llegada de los Tlailotlaca a principios del siglo XIII -mencionada (supra) entre los tres hechos históricos sacados de las fuentes consultadas- se sitúa, por tanto, aún en pleno periodo de fusión de los toltecas con los chichimecas.

 

Códice Xolotl
Códice Xolotl

Fig. 17. Llegada de los Tlailotlacah  41

Retomemos este hecho con más precisión:

Códice Xolotl
Códice Xolotl

Fig. 18. Tlailotlacatl y el símbolo del pintor-escritor 42

El Códice Xolotl (lám. 044) muestra a un tlailotlacatl, que se puede identificar gracias al glifo toponímico situado debajo de él, así como por el glifo de función que se encuentra delante de él. A este último glifo, aunque poco frecuente, se le conoce por ser al mismo tiempo el símbolo de los pintores-escribas tlacuiloque, así como el signo que transcribe el verbo ilhuia, “hablar”.

 

Mapa Tlotzin
Códice Xolotl
Códice Xolotl
Códice Xolotl

Fig. 19. Tlacuiloque  43

Alva Ixtlilxochitl 44, al comentar este Códice, que tenía en su posesión, afirmó que el pintor llamado Coatlitepan 45 provenía de la región Mixteca, poco después de la entronización de Quinatzin, es decir, en 1275. “Recién entrado que fue Quinatzin en su imperio, vinieron de las provincias de la Mixteca dos naciones que llamaban tlailotlaques y chimalpanecas, que eran asimismo del linaje de los tultecas. Los tlailotlaques traían por su caudillo a Aztatlitexcan, o según la historia general, Coatlitepan, los cuales eran consumados en el arte de pintar y hacer historias” 46.

-        Por medio de esta cita sabemos que el tlacuilo “pintor-escriba, cuyo grado de tlailotlaca remite a la idea de regreso por estar formado sobre la base del verbo iloa “regresar”, regresaba de Chalco, ciudad cercana a México y a Texcoco, después de haber estado con los Mixtecas. Estos últimos, poseían una escritura muy parecida a la de los nahuas, y, algunos autores, no han dudado en atribuirle un origen exclusivamente mixteca a la escritura náhuatl. Sin embargo, la cita es clara en este punto, los Tlailotlaca eran de origen tolteca. Aun cuando probablemente hubieran podido enriquecer su conocimiento escritural con los mixtecas, su experiencia de la escritura se inscribe de todas formas en la cultura tolteca.

-        El contexto de la cita, pone en relación la introducción del tlacuilo con la reciente introducción de la agricultura y la creación de la ciudad de Texcoco. No solamente la ciudad fue creada en esta misma época, sino que también, de los cuatro barrios interétnicos que constituían la base de Texcoco, uno de estos es atribuido a los tlailotlaca. Además, se puede ver en el Códice Xolotl, que los Tlailotlaca prosperan y que su descendencia progresa hasta tal punto, que somos testigos de matrimonios con la familia del soberano de Texcoco.

Estos tres eventos concomitantes -la introducción de la agricultura (versus caza), la creación de la ciudad (versus nomadismo) y de la escritura (versus oralidad)- tuvieron lugar en la época del cuarto soberano de Texcoco. El autor Alva Ixtlilxochitl nos dice que era el bisnieto de Xolotl, fundador de la dinastía, quien llegó a la región de México 5 años después de la caída de Tula.

Los chichimecas provenían del norte sin que se precise su origen 47. Si creemos en lo que afirma Alva Ixtlilxochitl, se tiene la impresión de que llegaron directamente, sin dar muchas vueltas, y que se apoderaron sin mucho esfuerzo de vastas regiones casi desocupadas.

 

La migración mexica

Y es precisamente la impresión contraria la que nos procuran los documentos nahuas al hablar de la migración de los mexicas.

-         La migración se cuenta con detalle, y su complejidad se opone a la aparente simplicidad existente en el Xolotl. Este último da la impresión de ir al grano mientras que los otros le dan muchas vueltas al asunto.

-         El punto de partida en algunos documentos es Aztlan y en otros es Chicomoztoc, pero siempre se especifica.

-         Las dos provienen de la región de México, pero mientras que a los chichimecas de Xolotl no les cuesta trabajo imponerse debido a la escasa población que existía en la zona 48, los mexicas tuvieron que enfrentarse con poblaciones hermanas ya establecidas antes que ellos.

El episodio de la migración de los aztecas-mexicas nos es ya muy conocido a través de la gran variedad de fuentes, documentos pictográficos y textos alfabéticos en náhuatl o en español 49.

Los relatos difieren muchísimo de un documento al otro, y sin duda, el origen geográfico del relato explicaría en parte tales diferencias. Pero, en todo caso, subsiste una especie de croquis que, a menudo, establece la salida de la migración en un lugar llamado Aztlan, o también en Chicomoztoc, situados en alguna parte al norte de México; luego, la ruta de la migración pasa por Coatepec, cerca de Tula, para llegar por fin al valle de México, específicamente a Chapultepec.

La primera parte es muy confusa, espacial y temporalmente, y contiene muchos relatos asombrosos. De la llegada a Chapultepec, hasta la creación de México en 1325, nos introducimos en una época mucho más claramente definida.

La llegada a Chapultepec podría datarse alrededor de 1200, es decir, dos siglos antes de que la escritura náhuatl esté atestiguada con la destrucción ordenada por el soberano Itzcoatl.

A pesar de las enormes imprecisiones y contradicciones en los relatos que tratan de la migración, aparece muy claramente en la versión del Códice Florentino, en el que se menciona la presencia de los amoxhuaque, que los migrantes conocían la escritura. Esta evocación aparece de manera siguiente:

De entre esta gente había grandes sabios, que se llamaban amoxhuaque ('gente letrada'). Y los sabios no se quedaron mucho tiempo, se fueron muy pronto: se subieron a unas barcas, se llevaron la tinta negra y la roja, los libros, los escritos; se llevaron toda la artesanía y los instrumentos de música..

Entonces se fueron, cargando a dios en sus hombros, se lo llevaron metido en un paquete, tapado; se dice que su dios les hablaba; y al irse, se dirigieron hacia el sol (levante) llevándose la tinta negra y roja, los libros, los escritos, la sabiduría; se llevaron todos los libros de cánticos, todos los instrumentos de música.

Pero de estos sabios, se quedaron cuatro ancianos: uno llamado Oxomoco(n), el otro Cipactonal, otro Tlaltetecui(n), el último Xochicahuaca. Y cuando los sabios ya se habían ido, los cuatro ancianos hicieron un concejo, se reunieron, y dijeron: tiene que haber sol y luz. ¿Cómo va a vivir la gente?, ¿Cómo va a sustentarse? Porque la tinta roja y negra se fueron, ellos se las llevaron; y cómo la gente va a sustentarse, ¿en qué situación la tierra y las montañas van a encontrarse?, ¿cómo viviremos?, ¿qué habremos de cargar, de llevar  el difrasismo se refiere a gobernar, para acompañar, para encarrilar?, ¿qué reglas habrá, como criterio, como modelo?, ¿qué habrá como punto de partida?, ¿qué podría servirnos como guía que nos ilumine? Entonces inventaron el calendario sagrado, el libro de los años, el cómputo de los años, el libro de los sueños. Los hicieron con la forma como están conservados; y fue así como se continuó durante todo el tiempo que duró el reino tolteca, la realeza tepaneca, la realeza mexicana, y todo el reino chichimeca. No podemos recordar, no podemos describir el tiempo pasado en Tamoanchan, que significa 'bajamos a nuestra casa', porque el relato estaba conservado, pero se quemó durante el reino de Itzcoatl en México: hubo un concejo de soberanos mexicanos y dijeron: Nadie debe conocer la tinta negra y la roja; el poder, el gobierno corre el riesgo de padecer; e incluso el país corre con el riesgo de ser hechizado: se han inventado al respecto muchas mentiras.” 50 

En cuanto se le concede al contenido de esta cita cierta historicidad 51, muestra:

-         La extrema importancia de los documentos escritos para los migrantes.

-         La capacidad de crear de nuevo una escritura. Hecho que prueba un conocimiento previo.

-         Quienes inventan de nuevo los calendarios, se nombran de la misma manera que aquellos que encontramos entre los toltecas (Oxomoco y Cipactonal). Se podría decir que al hacer esto, hacen suyos los conocimientos calendáricos de los toltecas.

El contexto muestra que la separación de los sabios de los migrantes y la nueva creación del calendario, se produjo antes de que los migrantes pasaran por Tula, es decir, mucho antes de los acontecimientos acaecidos en Chapultepec. Esto significa, pues, que los mexicas conocían la utilización de los libros mucho antes de llegar a Chapultepec, entre principios de los siglos XI y XIII 52.

¿No parece extraño imaginarlos, a aquellos hombres que aparentemente eran cazadores-recolectores bárbaros, inventando una escritura durante su migración, y ser capaces luego, tras su separación de los amoxhuaque “los que poseen libros”, de inventarla de nuevo? Si no se admite el aporte histórico de este relato del Códice Florentino, según el cual los migrantes eran guiados por los amoxhuaque, “poseedores de libros”, tendríamos que buscar otra explicación, a saber, que los migrantes no eran tan chichimecas como algunas fuentes quieren hacérnoslo creer 53.

Hipótesis

Les propongo, pues, la hipótesis siguiente: Los migrantes salieron de Aztlan con algunos escritos y los conservaron el tiempo que duró la migración. En otras palabras, originalmente los migrantes no eran chichimecas, sino que se habían visto obligados a convertirse en tales, para adaptarse a las condiciones extremas de la peregrinación.

Nos daremos cuenta, en primer lugar, que la asociación de un lugar de origen con gente bárbara derivada de ahí, parece algo bastante natural y por la misma razón fácil de aceptar. Con la gran mayoría de las fuentes, se tiene la impresión de que Aztlan era algo así como el Big Bang de la migración y que antes no existía nada. En lo que concierne a Aztlan, esto es muy improbable. De esta forma, algunos escritos de Chimalpahin nos muestran que Aztlan no es un lugar mítico sin alcance histórico, sino que, al contrario, es una isla en la que el curso de la vida tomó el tiempo necesario para desarrollarse 54. Además de que las fuentes, tanto pictográficas como alfabéticas, nos muestran que Aztlan estaba compuesta en su mayoría por barrios o calpulli 55. Esta palabra está completamente vinculada con el mundo urbano, ya que, incluso, puede remplazarse, en contextos idénticos, por la palabra urbe o ciudad, altepetl 56.

 

Códice Aubin 1576
Códice Boturini

Fig. 20. Calpulli expresado por el elemento calli “casa”  57

Los migrantes no provienen entonces de la nada, sino que son originarios de un medio urbano situado en una isla. Resulta difícil creer en aquella visión del nómada bárbaro.

Carlos Martínez Marín ya había defendido brillantemente, desde 1964, la idea de que los mexicas poseían una cultura mesoamericana que remite al origen de su migración. Logra discernir esta pertenencia, al observar varios aspectos de la vida cotidiana. Desde el punto de vista económico: “La producción de alimentos dependía de cuatro formas de obtención: la pesca, la caza, la recolección y el cultivo” 58. Desde el punto de vista tecnológico, construían camellones, irrigaban, construían presas, templos y canchas para juego de pelota 59. Desde el punto de vista material, primero, utilizaban el atlatl, que después sustituyeron por el arco y la flecha. Se vestían con ropa de fibras tejidas o pieles y con sandalias. Desde el punto de vista de la organización social, eran conducidos por cuatro portadores de dioses. Tenían calpultin que luego aumentaron. Existía una división social de trabajo. En términos de religión, contaban con dioses tribales, de los cuales el principal era Huitzilopochtli.

Todas estas informaciones, indican que se trataba de una población sedentaria y en parte urbanizada, que desde hacía mucho tiempo subsistía de la agricultura y la pesca, y que vestía con ropa de telar. Todo esto acaecía en una isla cuya sobrepoblación pudo haber sido el motivo de la salida de una parte de la población 60. Este retrato es totalmente diferente al del chichimecatl bárbaro, y se parece más a la imagen que se tiene de los toltecas.

Argumentos adicionales

Vestimenta

Esta impresión se confirma totalmente en los documentos pictográficos que evocan la época inicial de la migración. Los códices que relatan los primeros instantes de la migración, es decir, la salida de Aztlan en la fecha 1 Tecpatl, presentan a personajes que están vestidos de igual forma que los toltecas del Códice Xolotl, es decir, con textiles de hilado y no de pieles. Además de que no llevan ni arcos ni flechas. En unas palabras, nada permite identificarlos como chichimecas.

 

Códice Boturini
Códice Aubin 1576

Fig. 21. Vestidos toltecas 61

Mapa de Siguënza
Códice Bnf 040

Fig. 22. Vestidos toltecas  62

Códice Azcatitlan
Códice Durán

Fig. 23. Vestidos toltecas  63

Se puede verificar este hecho en casi la mayoría de los documentos pictográficos que presentan la salida de la migración desde Aztlan. El único caso opuesto es el del Códice Mexicano 23-24:

 

Códice Mexicanus 23-24

Fig. 24. Vestidos chichimecas  64

Arco y Flechas

Por otro lado, el rasgo característico que distingue a los chichimecas, es decir, el arco y la flecha, se les atribuye solamente durante la migración, lo que explica que, en las imágenes precedentes, de principios de la migración, los personajes no llevan estos objetos. Este hecho es particularmente visible en el Códice Aubin 1576, en donde el arco y la flecha aparecen únicamente unos años 65 después del inicio de la migración. El texto alfabético en náhuatl, que está frente a las imágenes, explica el evento 66, de igual forma que, por cierto, lo hace Chimalpahin en su Tercera Relación:

“De ahora en adelante vuestro nombre ya no será el de Aztecas,  les entrego su nuevo nombre, se llamarán Mexitin. Fue también en ese entonces cuando se emplumaron las orejas para significar de esta forma que su nombre era realmente el de Mexitin, en ese momento también les dió la flecha, el arco y el escudo, y también la red” 67.

 

Códice Aubin 1576

Fig. 25. Vestidos chichimecas  68

¿Tales condiciones de vida y características en el vestido serían suficientes para declarar que los migrantes ya poseían escritos cuando dejaron la isla de Aztlan? No, pero por lo menos esto permite mostrar que los que salieron de Aztlan no eran chichimecas, tal como podrían hacernos pensar las tradiciones dejadas en el Códice Florentino o en los escritos de Alva Ixtlilxochitl.

Sin duda, esto no es suficiente, pero existe otro punto determinante, también mencionado por Carlos Martinez Marín 69, en el cual concuerdan todas las fuentes: se trata del hecho de que la migración se pautaba, cada 52 años, en un año 2 Acatl, con la celebración de la atadura de años. La finalidad de esta celebración, era la de asegurar el pasaje del final de un ciclo de 52 años, al inicio del ciclo siguiente, de estructura idéntica. Existen descripciones detalladas de principios del siglo XVI, aunque se ignora cómo se desarrollaba cuatro siglos antes.

Calendario

La existencia de un ciclo de 52 años, es decir, de 18,980 fechas y una atadura, en el año 2 Acatl, implican un vasto conjunto de conocimientos calendáricos.

Para empezar, debe disponerse de un calendario basado en un ciclo de 260 días, como resultado de la composición de dos cifras indivisibles entre ellas, 13 y 20: las trece cifras del 1 al 13, y los veinte sustantivos siguientes:

 

cipactli “caimán”

ehecatl “viento”

calli “casa”

cuetzpalin “lagartija”

cohuatl “serpiente”

miquiztli “muerte”

mazatl “ciervo”

tochtli “conejo”

atl “agua”

itzcuintli “perro”

ozomatli “chango”

malinalli “hierba”

acatl “carrizo”

ocelotl “jaguar”

cuauhtli “águila”

cozcacuauhtli “buitre”

ollin “movimiento”

tecpatl “sílex”

quiyahuitl “lluvia”

xochitl “flor”

Tabla 2. Los veinte nombres de los días

Este ciclo de 260 días, llamado tonalpohualli, se repite interminablemente y solamente cada 260 días (13 x 20), un día llevará el mismo nombre.

Estas sucesiones de ciclos, hacen posible que se denominen los días, pero no los años. Para poder denominarlos, hay que imaginar que al curso interminable del tonalpohualli, se le sobreponen los ciclos de los años de 365 días. De tal forma observamos que solo cinco grupos compuestos de cuatro nombres pueden ser posibles:

1)     cipactli - miquiztli - ozomatli - cozcacuauhtli

2)    ehecatl - mazatl - malinalli - ollin

3)    calli - tochtli - acatl - tecpatl

4)    cuetzpalin - atl - ocelotl - quiyahuitl

5)     cohuatl - itzcuintli - cuauhtli - xochitl

Estas cinco posibilidades teóricas, derivan cuando se divide 365 entre 20, los veinte nombres de días, quedando un residuo de 5 (365 = 18 x 20 + 5), esto es lo que hace que haya un desplazamiento de 5 en 5 en la lista de los nombres de los días para encontrar el nombre de cada año.

 De estas cinco fórmulas los nahuas utilizaron principalmente la opción número 3 70.

Para el numeral, se observa que al dividir 365 entre 13, la cifra que resta es 1 (365 = 13 x 28 + 1), lo que origina que haya una progresión de una unidad cada año.

Todos los nombres de años están compuestos -de igual forma que los nombres de los días- de un nombre y de una de trece cifras. Como los nombres se limitan a cuatro, un año que tenga la misma designación sólo aparecerá cada 52 (13 x 4) años.

Ser capaz de denominar los años sobreponiendo los ciclos de 260 y 365 días, y de memorizar el transcurso de 52 años, parecería algo muy difícil, aunque posible como me lo indicó Alberto Franco, sin un soporte escrito, además de que una hipótesis de este tipo, parece mucho menos verosímil cuando sabemos que desde hace mucho tiempo este tipo de calendarios escritos ya existían en Mesoamérica 71.

Estas ataduras de años, aparecen en los códices pictográficos desde el inicio de la migración, así como en el Mapa de Siguënza, o bien durante el vigésimo octavo año, como en los códices Boturini, Aubin, Vaticanus A.

 

Mapa de Siguënza

Fig. 26. Ataduras de años 72

Y después los encontramos, casi sin interrupción 73, hasta 1507, año de la última atadura de años, antes de la conquista española. Chimalpahin, a propósito de esta última ceremonia, dice que: “Se suma, en este año  2 Acatl, que los Mexicanos habían realizado en total, nueve ataduras desde que habían salido de Aztlan-Chicomoztoc” 74.

Realizar una atadura de años, ya sea, incluso, al principio de la migración, o veinte años después, sólo es posible si los migrantes conocían perfectamente el funcionamiento de los calendarios desde antes de dejar Aztlan. El hecho de continuar haciéndolo durante cientos de años implica que contaban con medios para anotar el paso de los años.

Por consiguiente, todos estos datos, pero sobre todo la anotación de los años, nos hacen pensar que por lo menos una parte de los migrantes al dejar Aztlan se llevaron consigo el conocimiento de la escritura.

¿La habrán inventado los habitantes de Aztlan? No existe ninguna información sobre este punto, pero la difusión de ideas, como la de bienes, era tal en Mesoamérica, que quizás fue en Tula que les transmitieron este saber, si se cree lo que afirma Alva Ixtlilxochitl al escribir que los toltecas conocían el uso de la escritura:

“.Huematzin, astrólogo ., pocos años antes de morirse juntó todas las historias que tenían los toltecas desde la creación del mundo hasta su época, y las hizo pintar en un libro muy grande, en donde estaban pintadas todas sus investigaciones y trabajos, logros y buenos sucesos, reyes y señores, leyes y el buen gobierno de sus antepasados, sentencias antiguas y buenos ejemplos, templos, ídolos, sacrificios, ritos y ceremonias, astrología, filosofía, arquitectura y demás artes... intitulando este libro Teoamoxtli, que bien interpretado quiere decir 'diversas cosas de y libro divino'” 75 .

Los toltecas, inclusive deben de ser los herederos de una larga tradición escritural y calendárica, que desarrollaron las civilizaciones Mesoamericanas más antiguas, como las de los Olmecas, Zapotecas y Mayas.


 

Concepción náhuatl de la escritura

Todos los documentos que hoy en día nombramos códices, en náhuatl se llaman tlacuilolli. Pero ¿qué era un tlacuilolli para ellos?

Imágenes y escritura

Para darse una idea, sabiendo que esta palabra se construye sobre la raíz verbal icuiloa, “escribir o pintar”, según el diccionario del siglo XVI del franciscano Alonso de Molina 76, basta con buscarla en lo que constituye nuestra Biblia para las cosas de los antiguos nahuas, es decir, en el Códice Florentino 77, obra de Bernardino de Sahagún y de ilustres indígenas, y de asociar, cuando se puede, las palabras con imágenes de las ilustraciones 78.

La búsqueda del verbo icuiloa, cuya raíz compuesta puede resumirse a -cuil-, muestra que la traducción del verbo icuiloa en español dependerá del contexto: escribir, pintar, bordar, motear, dibujar, representar 79.

Se tiene la impresión de que el mundo de las imágenes constituye un todo indiferenciado, y que todo lo que tenemos que traducir en español con palabras diferentes, forma parte, para ellos, de un mismo campo semántico global indistinto. Al interior de este conjunto ¿existen para nosotros motivos para que se le atribuya alguna especificidad al sector que corresponde a la escritura? En otros términos ¿lo que nosotros vemos como imágenes específicas no se debe simplemente a nuestra propia concepción de la escritura que hace que sea una expresión gráfica diferente de todas las otras? ¿Los nahuas tenían solamente una concepción global de la imagen o acaso atribuían al interior del mundo de las imágenes un lugar particular a lo que nosotros llamamos “escritura”?

De hecho, el estudio de textos nos hace pensar que al interior de este conjunto de tlacuilolli, los nahuas hacían distinciones. Existen varias pistas que nos lo demuestran:

- La expresión in tlilli in tlapalli, asociada a la palabra tlacuilolli solamente se emplea para los documentos que nosotros llamamos códices.

- Aquellos que ejercen la actividad de realizar los in tlilli in tlapalli in tlacuilolli, son exclusivamente hombres 80, pertenecientes a la clase de artesanos altamente considerados, los toltecas.

- Cuando se habla del tlacuilo “pintor-escritor” y más particularmente, cuando se refiere a su sabiduría, se emplean dos verbos similares pero diferentes: se trata de los verbos imati “conocer” y mati “saber”, que están ligados, en los textos, a diferentes partes del cuerpo. Imati se liga al ojo mientras que mati se liga a la cabeza. El primero se refiere al conocimiento empírico, mientras que el segundo remite al conocimiento abstracto.

Esta inmersión de la escritura en el seno de las imágenes es completa y absoluta ¿los escritos llamados in tlilli in tlapalli no tienen algo que ver con el mundo de la palabra?

Nada en los textos muestra la mínima conexión entre ambos mundos, sin embargo, tal conexión existe realmente y se trata de una imagen, un glifo el que nos lo muestra.

En algunos de los ejemplos conocidos del típico glifo del tlacuilo, se hallan dos volutas dispuestas en forma invertida, como en el Códice Mendocino 81. En el caso del Mapa Tlotzin 82, tenemos confirmada una lectura correcta, ya que al frente del personaje, se encuentra la palabra “escritura”, bajo la forma del binomio in tlilli in tlapalli, expresado con dos recipientes llenos de tinta roja y de los colores simbolizados por el rojo.

 

Mapa Tlotzin
Códice Xolotl
Códice Xolotl
Códice Xolotl
C. Mendocino
C. Xolotl
C. Xolotl
C. Borbónico

Fig. 27. Ilhuia y tlacuilo

Estas volutas, se pueden relacionar formalmente con el ya conocido elemento tlatoa “hablar”, pero gracias a un ejemplo que aparece en el Códice Xolotl, sabemos cómo debe leerse este elemento cuando se encuentra en otro contexto de escritura. En este caso, encontramos el verbo ilhuia, “decir”, y es de hecho la utilización a manera de símbolo por el tlacuilo, lo que permite mostrar que, incluso si el mundo de la escritura para los nahuas -y a diferencia de nosotros mismos-, está, sobretodo, ligado a la imagen, no obstante, la palabra y la lengua, están presentes en su concepción de la escritura.

De las consideraciones precedentes, sobresale el hecho de que los nahuas podían emplear la palabra tlacuilolli con dos sentidos diferentes, que varían según su importancia. En un amplio sentido, se trata de todo lo que el hombre puede realizar como imagen, en un sentido más restringido podemos identificar atinadamente los códices, esto gracias a la asociación del binomio in tlilli in tlapalli con la palabra tlacuilolli.

 

Fig. 28. Concepción de la escritura

 

Tlacuilolli estrecho y escritura alfabética

Si las precedentes consideraciones relativas a la palabra tlacuilolli, muestran que los nahuas tenían una noción de la escritura, ¿es por lo tanto idéntica a la nuestra?

Para poder responder a esta pregunta debemos interrogarnos acerca de cómo percibían los nahuas la escritura alfabética 83. Esto es posible ya que se posee una gran cantidad de ejemplos en donde documentos de esta naturaleza están designados en náhuatl. Estos documentos, esencialmente de tipo administrativo, pero también histórico, muestran que para referirse a la escritura europea nunca tuvieron que recurrir a neologismos. Todo el vocabulario del cual disponían para hablar de sus códices, les convenía de forma perfecta (es evidente que no emplearon la palabra tlapalli “colores” ya que es específica a su sistema). Las palabras “escribir, leer, papel, libro, signo y tinta” se han encontrado siempre con la traducción en náhuatl, que son respectivamente: icuiloa, pohua, amatl, amoxtli, machiyotl y tlilli, tanto en los diccionarios, en las actas legales, como en Chimalpahin, al designar la escritura europea.

Por el contrario, emplearon de forma sistemática algunas palabras en español, algunas veces un poco nahuatlizadas, para: letras, sencillas o adornadas y acentos; es decir, elementos constitutivos propios a la escritura alfabética. Misales y breviarios, libros de horas, catequismo y de confesión, es decir, obras específicas a la religión católica. La noción de original o de copia de un documento y la palabra capítulo para designar las partes de un libro. Testamentos, actas de venta o de pago y firmas, es decir, actas europeas legalizadas. Y, por último, el título que las autoridades coloniales daban a los escritores públicos encargados de redactar documentos oficiales.

Por medio de palabras retomadas del español, los letrados nos muestran dónde se sitúan las principales diferencias entre su escritura tradicional y la nueva. Todos estos términos tienen en común el hecho de tener significados bastante cercanos, bastante precisos y específicamente europeos.

Mientras que las palabras en español son la expresión de las diferencias que los letrados nahuas percibían, inversamente, el empleo de la misma raíz, que genera múltiples expresiones, indica que para todos aquellos que tenían el privilegio de conocer los dos sistemas, no había una diferencia fundamental entre las dos escrituras.

Ambas tienen en común la función de conservación, y esto lo expresa claramente el autor náhuatl Chimalpahin, en su propia lengua:

“La antigua tradición ha sido elaborada hace ya bastante tiempo, hace ya muchos años que numerosos y auténticos ancianos y ancianas, reales conocedores de la palabra antigua, la compusieron, la ordenaron en el libro del antiguo computo de los años, la hicieron escribir con colores, y fue así como lograron poner orden, elaborar, verificar sus antiguas tradiciones, de este modo tuvieron conocimiento de todo” 84.

Y este añade:

“el relato de las costumbres del pueblo y la historia verdadera de su noble genealogía están escritos con colores y con negro, están plasmados (con glifos) sobre papel, jamás se borrarán, jamás caerán en el olvido, sino que siempre se conservarán vivos” 85.

¿Cuándo forma parte una imagen del tlacuilolli en su sentido restringido?

Hasta ahora hemos visto que los nahuas utilizaban imágenes a las que les atribuían un estatuto específico afín, debido a su función conservadora, de lo que llamamos escritura. Hemos visto que en los textos alfabéticos era posible distinguir imágenes que específicamente derivan de la escritura de otros por el hecho que la encontramos asociada a una expresión que es una especie de marcador, in tlilli in tlapalli.

Sin embargo, frente a las imágenes ¿cómo podemos nosotros, cuya cultura ha cultivado durante siglos la oposición imagen/escritura, distinguir entre las imágenes derivadas de la escritura, y las otras, las que fueron hechas para ser leídas y admiradas, y aquellas que fueron hechas solamente para deleitar nuestros sentidos? 86

¿Nos queda clara la distinción al interior del mundo de la imagen?

¿Se puede decir siempre cuando una imagen deriva del mundo del tlacuilolli, en sentido restringido?

¿Qué clase de imágenes encontramos en los códices, es decir, los tlacuilolli denominados por el binomio metonímico in tlilli in tlapalli?

Son de dos tipos 87: glifos y personajes, estos últimos pueden ser humanos o divinos.

 

Códice Xolotl
Códice Borgia

Fig. 29. Personajes humanos y divinos 88

La naturaleza de signo de escritura de los glifos, es mucho más evidente que la de los personajes. La disposición de los elementos que componen el glifo no tiene, efectivamente, relación con el mundo real, mientras que, en el caso de los personajes, los elementos que los componen, mantienen una relación anatómica. Pero en tal caso, ¿pueden ser considerados los personajes, de igual forma que los glifos, como signos de escritura? En primer lugar, podemos observar que los personajes están figurados de forma totalmente convencional, así como los glifos. Por otro lado, cierta cantidad de ejemplos, muestran que los elementos de los personajes pueden ser activados y participar en la lectura de un glifo. No existe diferencia de naturaleza entre los elementos de los glifos y los de los personajes. Además, casi todos los elementos son comunes a estos dos tipos de imágenes.

 

Códice Xolotl: cuacuauhpitzahuac
Códice Xolotl: cuacuauhpitzahuac
C. Matritenses: chichimecatl
C. Matritenses: acolhuachichimecatl
Matrícula de Huexotzinco: acol

Fig. 30. Elementos de personajes similares a elementos de glifo 89

Los Códices Xolotl y Matritenses 90 nos ofrecen ejemplos que permiten asegurar que los glifos y los personajes están efectivamente constituidos de elementos idénticos, que cuando están en un personaje pueden ser activados. De esta forma en el Códice Xolotl 91 encontramos una doble escritura del antropónimo cuacuauhpitzahuac. En el primer caso, el nombre está escrito con un glifo que contiene dos elementos, una cabeza de hombre y las puntas de los cuernos de un ciervo. El punto de contacto entre estos dos elementos es el que proporcionan la lectura primera cua de cuaitl “cabeza”. En la segunda variante, la cabeza del personaje es por si sola la que se utiliza directamente para transcribir cua-.

En los Códices Matritenses se encuentran unas listas de soberanos en los cuales se especifica, en el texto alfabético, si son chichimecas o acolhua-chichimecas. En la parte pictográfica, la palabra chichimeca se transcribe por medio de la asociación de un arco y una flecha. Ambos personajes llevan las dos armas, pero en el primer caso, las armas se encuentran simplemente frente al personaje mientras que en el otro las llevan empuñadas. Una de las formas de decir “brazo” en náhuatl es acolli. Este brazo, que parece llevar naturalmente un arco y una flecha, es un elemento que en realidad está destinado para transcribir las dos primeras sílabas de la palabra acolhua.

En cuanto a los personajes divinos, ellos mismos son, como lo sugiere Joaquín Galarza 92, montajes de glifos compuestos de elementos, como podemos verlo en este ejemplo sacado de los Códices Matritenses 93, en donde las representaciones de los dioses son relativamente sencillas, y en donde, sobre todo, disponemos de anotaciones que nos permiten saber cómo eran leídas las imágenes de este tipo.

 

Fig. 31. Análisis de Ixtlilton 94

Entran en la composición de este dios elementos que se encuentran en varios glifos: tecpatl “pedernal”, quetzalli “pluma de quetzal”, pantli “estandarte”, tonalli “destino”, topilli “vara de justicia”, yollotl “corazón”, macpalli “mano”, tzontli “cabellos”, cactli “sandalia”.

¿Deben leerse de la misma manera ambos tipos de imágenes? Todo nos hace pensar que no, los glifos mantienen una relación con la lengua mucho más estricta que los personajes 95. Al parecer existía una flexibilidad mucho más importante en la lectura de los personajes que en la lectura de los glifos. Si tomamos una analogía de algún otro tema, los glifos podrían compararse con la melodía de una partitura de jazz, mientras que los personajes corresponderían a las armonías que se anotan arriba del pentagrama. Las notas imponen la manera de tocar el tema, mientras que la anotación de la armonía permite cierta libertad en cuanto a su realización.

Cuando las imagenes están fuera de su contexto natural, el códice, para ser introducidas como ilustraciones, como en el Códice Florentino, a veces podemos pensar que nos encontramos frente a imagenes que figuran lo real y no signos. Es lo que sucede si observamos únicamente la figuración del pez que se encuentra hasta abajo, pero en cuanto observamos los otros, comprendemos entonces que se tratan de montajes que hacen posible la lectura del nombre de cada uno de los peces 96. Partiendo de abajo hacia arriba encontramos al ocelomichin (ocelotl “jaguar”, michin “pez”) luego al papalomichin (papalotl “mariposa”), despues al huitzitzilmichin (huitzilin “colibrí”) y por fin al totomichin (tototl “pájaro”). En el primer nombre de pez, la palabra ocelo- se transcribe por medio de las manchas que caracterizan al jaguar, en la segunda palabra, papalo- se transcribe por medio de las alas y de la trompa de la mariposa, para la tercera palabra, huitzil- está transcrita por medio del largo pico del colibrí y, para terminar, en el último caso, la cabeza y las alas del pájaro transcriben toto-.

 

Códice Florentino

Fig. 32. Leer los peces 97


 

Tlacuilolli en los códices

Las siguientes consideraciones, toman estrictamente en cuenta, únicamente a los tlacuilolli sobre soportes de doble dimensión, llamados tradicionalmente códices, y se concentrarán particularmente en una parte de estas imágenes, los glifos 98.

Fuentes

Estas consideraciones se basan en el estudio sistemático de un conjunto de veintinueve códices realizados por un grupo de investigadores que trabajan en ambos lados del Atlántico 99.

Glifos y personajes: elementos comunes

El estudio de los veintinueve códices muestra que los 23623 glifos y los 14277 personajes análizados, es decir un total de casi 38000 imágenes, se basaron en 847 elementos 100 diferentes. Aunque el número de documentos analizados sea reducido, se puede suponer que tal cantidad, alrededor de unos 800, debería darnos una buena idea de los elementos principales que componen esta escritura.

Repartición temática de los elementos

Esta escritura se dice figurativa porque sus elementos constitutivos representan porciones de una realidad que por lo general podemos reconocer, incluso nosotros a más de cuatro siglos de distancia y formas culturales distintas. Los casos en los cuales no se logran reconocer las referencias son bastante raros, sin embargo, lo que puede suceder, es que uno sea incapaz de identificar de manera precisa un elemento. Esto es particularmente cierto en el dominio de los artefactos.

¿Qué es lo que se representa? Nunca se representará algo en particular, siempre algo en general. Solamente se ilustran las clases y no los individuos. Para comprender mejor esto, sólo se necesitan comparar las imágenes de una tira cómica, con las de un códice náhuatl. Las primeras figuran a individuos específicos en momentos específicos, como si se tratara de una fotografía, mientras que las segundas figuran un concepto, una noción abstracta. En el primer caso, se busca fijar la realidad en la existencia misma, mientras que, en el otro caso, se trata de la realidad en su esencia. De tal forma, la imagen de un hombre nunca remite a la de un hombre específico, que sería en realidad un retrato, sino a la del hombre por oposición a la mujer, o a la de un soberano o un guerrero por oposición a los hombres comunes.

En este caso, tenemos imágenes que son la objetivización de una visión del mundo. Nos hacen ver, por ejemplo, cómo los miembros de la sociedad mexica concebían la clase de mamíferos (véase supra).

El aspecto figurativo de los elementos, permite que se haga, según nuestros criterios culturales, una clasificación temática que probablemente corresponde, en parte, a la de los nahuas.

La clasificación de elementos desde el punto de vista temático, puede hacerse en la medida en que las imágenes son “formas estilizadas y convencionales de objetos reales sacados del medio que los rodea” 101, y que la estilización raramente se hace a tal punto que no se logre reconocer lo que se representa. Los elementos fueron divididos en diez temas principales:

 

Hombre

Fauna

Flora

Cosmos

Artefactos

Cifras

Formas

Colores

Indeterminados

Tabla 3. Los temas de los elementos

Estos grandes temas, del conjunto del corpus analizado, se reparten de la manera siguiente:

 

Tema

Elementos diferentes

Porcentaje

Ocurrencias

Porcentaje

Hombre

93

11,3 %

6488

14 %

Fauna

120

14,6 %

7528

16 %

Flora

120

14,6 %

4731

10 %

Cosmos

64

7,8 %

7053

15 %

Artefactos

312

38 %

12175

26 %

Cifras

6

0,7 %

4689

10 %

Formas

48

5,8 %

775

1 %

Colores

15

1,8 %

1747

3 %

Indeterminados

38

4,6 %

586

1 %

 

816

 

45772

 

Tabla 4. Reparticion de los elementos según los temas

Notamos que el tema de los artefactos es el que ampliamente domina. Los objetos construidos por el hombre son los que predominan de todos los demás, la flora y la fauna también están abundantemente representadas. De los elementos que más abundan, son los elementos humanos los que se encuentran en último lugar. De manera evidente, las cifras son diferentes según se tome en cuenta el número de elementos para cada tema o el número de ocurrencias de cada uno de los elementos. Esto resulta sobre todo cierto en el caso de las cifras que sólo presentan pocos elementos diferentes, pero que, de lo contrario, tienen numerosas ocurrencias.

La relación de los elementos con la realidad

De manera general, el problema de los tlacuiloque, “pintores-escribanos”, es el de encontrar la manera más sencilla de hacer figurar un elemento para que pueda reconocerse, es decir, distinguirlo de todos los demás, y consolidar la relación con el mundo real, con el fin de que se pueda nombrar y de esta forma se acceda a las posibles lecturas.

A este objetivo se tiene que añadir una búsqueda de lo estético, así como el empleo de imágenes enriquecidas que podían vehicular informaciones complementarias, pero que no están forzosamente destinadas a ser leídas, sino que pueden servir de base a la improvisación.

Para estar seguros de que se pueden reconocer, optan por el punto de vista que más realce los rasgos distintivos, y por lo general, para los elementos asimétricos, se opta por la vista de perfil.

Elementos de perfil

tlacatl “hombre”
totolin “guajolote”
xolotl “perro”
tepotzoicpalli “asiento con respaldo”

M. de Tributos
C. Telleriano-Remensis
M. de Tributos
C. de Tepetlaoztoc

Fig. 33. Elementos de perfil 102

El hombre indígena siempre está representado de perfil en los códices. Y esto, por cierto, es una de las características que mejor resistió a la influencia de la imagen europea. Tuvimos que esperar a comienzos del siglo XVII para ver surgir en los códices personajes indígenas de tres cuartos o de frente. Por el contrario, los personajes europeos, rápidamente se empezaron a dibujar de tres cuartos o de frente en los documentos pictográficos, como para evitar que se pudieran asimilar los españoles con los autóctonos. La mayor parte de los animales están representados de perfil y sucede lo mismo con los artefactos que poseen una estructura asimétrica.

Elementos de tres cuartos

ocelotl “jaguar”
tochtli “conejo”
coyotl “coyote”
itzcuintli “perro”

C. de Amecamecan
C. Xolotl
C. Telleriano-Remensis
M. de Tributos

Fig. 34. Elementos de tres cuartos 103

Si casi la totalidad de los animales están figurados de perfil, podemos notar, particularmente en aquellos que tienen orejas, que figuran de tres cuartos.

En este caso nos encontramos frente a figuraciones mixtas que conjugan dos perspectivas diferentes.

Elementos de frente

tonatiuh “sol”
nenetl “muñeca”
ixtelolotli “ojo”
tlantli “diente”
tecolotl “búho”

C. Xolotl
C. Vergara
M. de Huexotzinco
C. de Tepetlaoztoc
M. de Huexotzinco

Fig. 35. Elementos de frente 104

Si la vista de perfil es la regla aplicada comúnmente, no obstante, podemos encontrar en esta escritura, una pequeña cantidad de ejemplos dibujados de frente. En primer lugar, existe la cara de tonatiuh “sol” (véase también arriba la piedra solar), así como el elemento nenetl “muñeca” (es la vista de frente la que hace posible distinguirla del elemento cihuatl “mujer”), dos elementos extraídos del cuerpo humano, ojo y dientes, y el tecolotl “tecolote”. La vista de frente era utilizada cuando se trataba de un punto de vista característico y por consiguiente el que se reconoce con facilidad (el tecolote, el ojo o los dientes), o también cuando era necesario evitar una confusión con otro elemento (el sol con el hombre o la muñeca con la mujer).

Elementos en plano

xocpalmachiyotl “huella de pie”
cuetzpalin “lagartija”
matlalli “tipo de flor”
xihuitl “turquesa”
tlachtli “cancha de juego de pelota”

C. 20 Mazorcas
C. de Tepetlaoztoc
M. de Huexotzinco
C. de Cuauhtinchan
C. de Metlaltoyuca

Fig. 36. Elementos en plano 105

Algunos elementos, cuya forma característica se percibe mejor desde arriba, se representan de esta forma. Pero esto es una excepción porque la mayor parte de los elementos se figuran en elevación. Por otra parte, notamos que en el marco de la fauna los animales que aparecen en plano, como la lagartija, pueden también a veces aparecer de perfil en elevación. En estos casos, existe una doble posibilidad, y el tlacuilo “pintor-escriba” escoge la opción que mejor le parece en función del contexto.

Elementos mixtos

calli “casa”
ithualli “patio”
teopantli “templo”
apantli “canal”

C. Huitzilopochco
M. de Huexotzinco
C. de Tepetlaoztoc
C. Telleriano-Remensis

Fig. 37. Elementos mixtos 106

En la vista de tres cuartos, ya habíamos encontrado composiciones que mezclan dos perspectivas, pero el resultado era conforme a la realidad, en estos ejemplos, encontramos elementos que mezclan partes que de manera simultánea no pueden verse así en la realidad. En el caso de calli, la casa, el elemento en su conjunto es visto de perfil, aunque jamba y dintel se ven de frente. En el caso del elemento ithualli “patio”, es visto en plano. El caso del canal es algo diferente, ya que se trata de una “zanja” de canal, como si lo hubieran cortado y del cual vemos el corte junto con la construcción y el agua que contiene.

Elementos enteros

Artefactos

tzacualli “pirámide”
comitl “olla”
chiquihuitl “canasta”
cacaxtli “angarilla donde llevan; gancho para cargar”
xiuhuitzolli “diadema preciosa”

M. de Tributos
C. de Tepetlaoztoc
M. de Huexotzinco
M. de Tributos
Tira de Tepechpan

Fig. 38. Artefactos enteros 107

La realidad se capta de varias formas que en parte dividen la clasificación temática:

En el caso de los artefactos -que son entidades independientes - y una parte de la flora, cuando tiene una forma característica general (acatl “carrizo”, zacatl “zacate o hierba seca”, ohuatl “planta de maíz”, nopalli “nopal”, metl “maguey”, iczotl “yuca”, xochitl “flor”, nochtli “tuna”, xilotl “maíz tierno”, centli “mazorca seca”), los elementos se figuran enteros.

Flora

acatl “carrizo”
zacatl “hierba o zacate”
ohuatl “caña de maíz verde”
metl “maguey”
iczotl “yucca”

M. de Tributos
C. Xolotl
C. de Cuauhtinchan
C. Xochimilco
M. de Huexotzinco

Fig. 39. Elementos de la flora 108

Elementos parciales

tlacatl “hombre”
tzontli “pelo”
xayacatl “cara”
ixtelolotli “ojo”
tentli “boca, labios”
yacatl “nariz”

C. de Tepetlaoztoc
C. Vergara
M. de Tributos
M. de Tributos
M. de Huexotzinco
C. de Tepetlaoztoc

Fig. 40. Elementos parciales del hombre 109

En el caso de los elementos humanos, el corte se hace conforme a la realidad, es decir, se segmentan las fracciones del cuerpo humano que se desean (cabeza, boca, ojo, diente.); son los únicos elementos que presentan la característica de ser una parte extraída de un todo. Existen ejemplos de metonimia de la parte por el todo, pero en este último caso el proceso es diferente, ya que la parte extraída se convierte en un todo.

Para los animales y para una parte de la flora, se escogen los detalles característicos y se realzan, ya sea haciéndolos figurar solos, o integrándolos en una figura completa.

Elementos característicos

 

C. Xolotl
Tira de Tepechpan
C. Vergara
C. Telleriano-Remensis

Fig. 41. coxolitli “especie de faisán”  110

De esta manera el coxolitli “especie de faisán”, puede relacionarse con un pájaro de esta especie que presenta una cresta bastante prominente en la cabeza. Esta característica es la que fue seleccionada como rasgo distintivo por los tlacuiloque de diversos códices. Esta cresta puede figurar en un pájaro de cuerpo entero o solamente asociarse a una cabeza. Algunas veces figuran simplemente plumas características de este pájaro (C. Telleriano-Remensis).

 

 

C. Xolotl
C. de Metlaltoyuca
M. de Tributos
M. de Huexotzinco

Fig. 42. totolin “guajolote”  111

Lo que es común a todos esos elementos totolin “guajolote”, es una protuberancia que tiene justo arriba del pico, o “colgante” 112, un pico bastante recto y delgado, y el ojo redondo. Algunas veces se añaden las carúnculas (rojas) del guajolote. Cuando el pájaro está de cuerpo entero, su pescuezo está fruncido y las plumas de las alas y de la cola evocan a las del elemento zolin: “codorniz”.

Los rasgos característicos de este elemento, se asemejan mucho a los de los guajolotes, tanto domésticos, como silvestres 113. En los códices, cuando los elementos totolin están iluminados, lo son de color azul o rojo. Según los textos del Códice Florentino, el color azul corresponde al guajolote macho, llamado huexolotl. Se dice que tiene la cabeza azul quaxoxoctic, mientras que la hembra tiene la cabeza del color del coral quatatapachtic 114.

 

 

C. Vergara
C. de Metlaltoyuca
M. de Tributos
C. Xolotl

Fig. 43. Aztatl, “garza”  115

Cuando el elemento aztatl “garza” está de cuerpo entero, son el largo pescuezo torcido y el pico delgado y largo los que constituyen los rasgos distintivos. Estos rasgos los encontramos en la descripción que hace el Códice Florentino de este pájaro: “tiene un pescuezo largo, un pescuezo como una cuerda, bastante torcido...” 116. Basta la cabeza del pájaro con su largo pescuezo, asociada a una especie de copete, para que se pueda reconocer el elemento aztatl. Por otra parte, este elemento se puede reducir a un grupo de plumas blancas, las utilizadas para hacer o para decorar vestimentas.

 

Peterson
C. Vergara
M. de Tributos
C. Telleriano-Remensis
C. Matritenses

Fig. 44. quetzalli “quetzal”  117

Las largas plumas son las de la cola del quetzal o Pharomachrus Mocino 118. Estas están dibujadas en posición vertical, que corresponde a su posición como ornamento y no a la posición sobre la cola del pájaro. Por lo general, en los glifos antroponímicos solo está dibujada una pluma. La pluma de quetzalli “quetzal” se reconoce por su tamaño, por su forma de S, y cuando aparece, por su color verde.

 

 

M. de Tributos
C. Vergara
Tira de Tepechpan
M. de Huexotzinco

Fig. 45. huitzilin “colibrí”  119

El pico largo y afilado es lo que caracteriza a la cabeza de este pájaro, y es lo que hace posible la identificación del elemento huitzilin “colibrí”. En el Códice Florentino encontramos la descripción de múltiples colibríes, pero de estos, se dice que tienen “el pico negro, delgado, pequeño y puntiagudo, como una aguja” 120. Una vez más, en este caso, podemos encontrar el pájaro de cuerpo entero o puede ser que el dibujo se limite simplemente a la cabeza.

 

Peterson
C. Xolotl
M. de Huexotzinco
M. de Tributos
M. de Huexotzinco

Fig. 46. zolin codorniz  121

Lo que caracteriza a este elemento, son, por un lado, la reproducción del peculiar diseño que tiene alrededor del ojo la codorniz, así como las manchas blancas de sus alas. La descripción que hace el Códice Florentino del pájaro llamado Çolin o çolli podría ser la del elemento en cuestión: “su pecho está manchado de blanco, sus alas son llamadas 'salpicadas de chia'” 122. La codorniz descrita en este texto fue identificada como Cyrtonix montezumae 123, pero otras codornices o perdices presentan los rasgos característicos observados en este elemento, de tal forma que no sería improbable que este elemento haga más bien referencia a una categoría de pájaros que a uno de entre ellos en particular 124. Cuando sólo una parte del pájaro es seleccionada, ésta puede ser el diseño característico alrededor del ojo o bien las típicas manchas de sus plumas.

 

 

C. de Tepetlaoztoc
M. de Tributos
C. Vergara
M. de Huexotzinco

Fig. 47. tecolotl “búho, tecolote”  125

El elemento tecolotl “tecolote” es uno de los muy raros elementos que aparecen con una figuración de frente. Esto es lo que hace que el tlacuilo pueda figurar al mismo tiempo los grandes ojos redondos de este pájaro, así como su copete. Una vez más, en este caso, el elemento puede aparecer de cuerpo entero, limitarse a la cabeza o incluso solamente a los ojos.

 

Los esquemas derivados de la naturaleza, generalmente son muy precisos, bastante cercanos a lo que podemos observar y a menudo encontramos una correspondencia con los textos del libro XI del Códice Florentino. No obstante, en la mayoría de los cuadrúpedos, cuando se figuran de cuerpo entero, los dibujan sentados, postura que no parece ser una peculiaridad habitual, sino que parece indicar que, al interior de la fauna, los nahuas establecían una categoría específica: la de los cuadrúpedos o manenemi. En esta familia encontramos al mono, un tipo de roedor, al corzo, al conejo, a la zarigüeya o tlacuache, al coyote, al puma, a una especie de lobo y al jaguar. Lo que caracteriza a esta familia es el hecho de que cuando aparecen de cuerpo entero, en diferentes códices, se representan en posición sentada con las patas anteriores generalmente extendidas. Sin lugar a dudas, algunos de estos, el mono o el conejo, por ejemplo, pueden adoptar por completo este tipo de posición, sin embargo, parece que tal característica se hubiera extendido sistemáticamente a la noción de manenemi “animal de cuatro patas” 126, tal y como los encontramos descritos a principios del libro XI en el Códice Florentino.

Posición de los cuadrúpedos o manenemi

ozomatli “mono”
tozan “tozan, topo”
mazatl “tipo de venado”
tochtli “conejo”
tlacuatl “oposum”

C. Vergara
C. Xolotl
C. Xolotl
C. Vergara
C. Xolotl

Fig. 48. Posición de los cuadrúpedos 127

coyotl “coyote”
coyotl “coyote”
miztli “puma”
cuetlachtli “tipo de lobo”
ocelotl “jaguar”

C. Aperreamiento
C. Xolotl
C. Cuauhtinchan
C. Vergara
C. de Tepetlaoztoc

Fig. 49. Posición de los cuadrúpedos 128

xolotl “tipo de perro”

C. Telleriano-Remensis

Fig. 50. Posición de los cuadrúpedos 129

 

 

Utilización de los elementos

Directo

La utilización principal de un elemento es la de transcribir sonidos, que aquí llamamos valores fónicos.

Los valores fónicos de un elemento, son todos los sonidos que pueden deducirse al poner en paralelo todos los glifos en los que se encuentra el elemento y todas las lecturas propuestas para ellos. La determinación de los valores fónicos resulta de un análisis que inicia con la identificación, en un códice, de glifos o personajes, unidades gráficas que esencialmente se identifican gracias al espacio que los rodea. Una vez conocido el primer nivel, se buscan para cada imagen, sus elementos constitutivos. Luego se procede al análisis morfológico sobre el material en letras latinas (glosas, anotaciones, citas...) que puede asociarse a la imagen estudiada. Este doble análisis generalmente permite proponer una lectura de la imagen. De esta lectura se sacan los sonidos correspondientes a cada elemento que constituye la imagen leída 130.

Los valores se reparten en siete clases:

 

1: los que son inferiores al radical de la designación

2: los que son iguales al radical o a la base corta

3: los que son superiores al radical

4: los que son iguales a la designación o a la base larga

5: los que difieren de la designación

6: los que derivan de la reunión de varios elementos

7: aquellos cuyo tipo es indeterminado

Tabla 5. Repartición de los valores fónicos en clases

 

Ejemplos:

 

Tipo de valor fónico

Valor

Radical

Designación

1:

chal

chalchiuh

chalchihuitl

2:

cal

cal

calli

3:

yahualiuh

yahual

yahualtic

4:

acatl

aca

acatl

5:

teo

 

tonatiuh

6:

yaotl

 

chimalli + maquauitl

7:       

?

 

 

Tabla 6. Ejemplos de los diferentes clases de valores fónicos

Los 46849 valores fónicos obtenidos a partir del análisis de los 29 códices del corpus fueron repartidos en función de los criterios elegidos 131.

 

Tipo

Matrícula de Huexotzinco

Documentos analizados

Nombre del objeto figurado (2+4)

51 %

45 %

Palabra sin relación directa con el objeto figurado (5)

29 %

20 %

¿?

8 %

21 %

Palabra obtenida por composición (6)

6 %

5 %

Parte (1+3)

3 %

4 %

Tabla 7. Comparacion de los valores fónicos en la Matrícula de Huexotzinco y en todos los documentos

Podemos estimar, aproximadamente, que en un 50% de los casos, un elemento es utilizado para transcribir su nombre, con o sin sufijo absoluto (tipos 2 + 4). En estos casos podemos dibujar una especie de línea recta que iría de lo real hasta su imagen, luego, al nombre de lo que representa, hasta llegar a su sentido.

Aproximadamente en un 30% 132 de los casos se observa una derivación, es decir, que lo que está transcrito no tiene relación directa con el nombre de lo que está esquematizado. Esta derivación o extensión se hace según varias modalidades, de entre las cuales, las principales son: la modificación de la posición del elemento (que puede ser un color), o un proceso semántico utilizando la sinonimia, la metonimia, la metáfora, o algún otro proceso simbólico.

Derivaciones

Posición

tlacatl “hombre”
tlacatl “hombre”
xocpalmachiyotl “huella de pie”
xilotl “mazorca tierna”

Tira de Tepechpan: temictzin
M. de Tributos: tolocan
C. Xolotl: tzontemoctzin
M. de Huexotzinco: xipeuh
temiqui “soñar”
toloa “inclinar la cabeza”
temo “bajar”
xipehua “descortezar”

Fig. 51. Posición de los elementos 133

Todos los elementos 134 tienen una postura natural o convencional (las dos generalmente se sobreponen, aunque no siempre, como lo vimos con la pluma de quetzal -que siempre se encuentra alzada en los códices, mientras que en la naturaleza cuelga-, o lo visto para los “animales de cuatro manos”). El hecho de cambiar esta posición, modifica la lectura que se hace. De esta forma, los hombres están normalmente de pie con la cabeza derecha. El hecho de figurar, en la Tira de Tepechpan, un hombre acostado (el ojo cerrado y tapado con su ropa), significa que se debe leer otra cosa, que simplemente tlacatl “hombre”. Un hombre acostado con el ojo cerrado puede que indique, o que está muerto, o que está durmiendo. Es la vestimenta lo que nos hace escoger el verbo temiqui “soñar” y no miqui “morir”.

El hecho de inclinar la cabeza, en lugar de dibujarla erguida, es lo que permite expresar el verbo toloa “inclinar la cabeza”. El verbo temo “bajar” se transcribe al modificar la orientación de las huellas de pasos, y al hacer que manifiestamente se dirijan hacia abajo. En fin, uno de los tlacuiloque de la Matrícula de Huexotzinco eligió modificar la orientación del elemento xilotl “mazorca tierna”, que normalmente siempre está dibujada parada, para transcribir el verbo xipehua “salir de la mazorca”.

Color

tlapalli “rojo”
ixtlilli “cara negra”
ixtlilli “cara negra”
xiuhtic “azul”
xoxoqui “verde”

M. de Tributos: cuatlatlauhcan
M. de Huexotzinco: micqui
M. de Tributos: tlamacazapan
M. de Tributos: centetl tzitzimitl xiuhtic
M. de Tributos: centetl tzitzimitl xoxouhqui
tlahuitl “ocre, rojo”
micqui “muerto”
tlamacazqui “religioso”
xiuhtic “azul”
xoxoqui “verde”

Fig. 52. Colores 135

Los elementos normalmente tienen un color convencional, de manera general el de la realidad, que no se lee. Pero cuando es reemplazado por otro color, entonces debe tomarse en cuenta en la lectura, o porque el mismo se lee, o porque modifica la lectura del elemento en el cual se inscribe. De esta forma, en el glifo toponímico cuatlatlauhcan, de la Matrícula de Tributos, es el elemento tlapalli “rojo”, que colorea la parte superior de la cabeza, el que nos permite leer la raíz tlatlauh- de tlatlauhqui “rojo”. En los siguientes dos glifos, el color negro de la cara se emplea de dos formas diferentes. En el primer glifo, leído micqui “muerto”, el color negro asociado al ojo cerrado sirve para expresar que se trata de un difunto, y en el segundo glifo toponímico, leído tlamacazapan, de tlamacaz-qui “sacerdote”, a-tl “agua” y-pan “sufijo locativo”, el color negro hace referencia al hecho de que los sacerdotes nahuas se embarraban de negro.

En los dos glifos de tributo anteriores, el cambio de color en la vestimenta de guerreros, es lo que nos proporciona las lecturas xiuhtic “azul” y xoxouhqui “verde”.

Combinación

huipilli + cueitl “blusón + falda”
chimalli + macuahuitl “escudo + macana”
tlahuitolli + mitl “arco + flecha”
tlahuitolli + mitl “arco + flecha”
nezahualli + huitztli + piqui “cintura de ayuno + espina + mantener”

C. Xolotl: cuauhcihuatzin
C. Vergara: yaotl
M. de Huexotzinco: chichimecatl
M. de Huexotzinco: tlamin
M. de Huexotzinco: nezahual
cihuatl “mujer”
yaotl “enemigo”
chichimecatl “chichimeca”
tlamina “tirar flechas”
nezahualli “ayuno”

Fig. 53. Elementos combinados 136

Para expresar nociones a veces difíciles de representar, o a veces porque incluso la lengua no favorece ese tipo de expresiones, los tlacuiloque recurren a la composición de varios elementos para transcribir una sola palabra. De esta forma, en el primer ejemplo, leído cuauhcihuatl, de cuauhtli “águila” y cihuatl “mujer”, la palabra cihuatl deriva de la asociación de los elementos huipilli “blusay cueitl “falda” 137. En este caso no cabe duda en cuanto a la influencia de la lengua. Efectivamente, existe el binomio in cueitl in huipilli con el sentido de mujer. Tal binomio o difrasismo aparece, por ejemplo, en lo que llamamos los huehuetlatolli, es decir, los discursos antiguos, e inclusive en los poemas, para hablar de las mujeres.

Sin embargo, algunos binomios gráficos no parecen existir en la lengua. De este modo la asociación de las palabras chimalli “escudo” y macuahuitl “especie de espada”, no han sido encontrados con el sentido de yaotl “enemigo”. Mucho menos lo ha sido la asociación de nezahualli “cinturón de ayuno y huitztli “espina”, para expresar nezahualli “ayuno”.

 

chiquihuitl + tecomatl “cesta + vasija”
tlemaitl + popoca “incensario + humear”
tlacatl + ixayotl “hombre + lagrima”
cihuatl + xolochauhqui “mujer + arrugada”
tlacatl + xolochauhqui “hombre + arrugado”

M. de Huexotzinco: tlama
M. de Huexotzinco: nextlahual
M. de Huexotzinco: icnotl
M. de Huexotzinco: ilama
M. de Tributos: huehuetlan
tlama “médico”
nextlahualli “ofrenda”
icnotl “huerfano, pobre”
ilama “anciana”
huehue “anciano”

Fig. 54. Elementos combinados 138

Inclusive la asociación de las arrugas con las caras de mujeres o de hombres, para expresar las palabras ilama “anciana” o bien huehue “anciano”, no aparece en la lengua, pero deriva directamente de la observación de la realidad. Sin embargo, la asociación de una lágrima con una cara de hombre podría corresponder a una especie de paráfrasis que podemos encontrar por ejemplo en los Huehuetlatolli 139.

Los otros dos ejemplos son una composición de varios elementos que en este caso desempeñan el papel de símbolo. De tal forma, el conjunto constituido por una cesta, un jarrón y unos recipientes son los que sirven para simbolizar al “médico” tlama.

 

atl + comitl “agua + olla”
cuahuitl_2 + tepoztli “madera + hacha”
calli + xocpalmachiyotl “casa + huella de pie”
otli + atl “camino + agua”
icxitl + xocpalmachiyotl “pierna + huella de pie”

C. Xolotl: popozoc
M. de Huexotzinco: moxelo
M. de Huexotzinco: quizqui
C. Amecamecan: panohuayan
M. de Huexotzinco: hualacic
popozoca “hervir mucho”
xeloa, mo “dividirse”
quiza “salir”
pano “pasar”
hualaci “llegar”

Fig. 55. Elementos combinados 140

Siendo que la escritura figurativa se presta fácilmente para transcribir palabras relativas a objetos concretos, está menos preparada cuando se trata de expresar acciones y por consiguiente verbos. Uno de los medios utilizados para evitar este dilema, en los glifos antroponímicos o toponímicos, es la creación de una composición de varios elementos.

De este modo, para escribir el verbo popozoca “hervir mucho”, se asocia un recipiente en el cual se hace hervir comúnmente el agua y luego se coloca encima un elemento atl “agua”, que da la impresión que se escapa, pues está hirviendo.

Para escribir moxeloa “dividirse”, se esquematiza una tabla cortada a la mitad y el instrumento que permite obtener este resultado.

Para transcribir quiza “salir”, los tlacuiloque de la Matrícula de Huexotzinco dibujan un elemento calli “casa” y huellas de pasos que van saliendo.

Para expresar la acción de atravesar, se dibuja un puente con huellas de pasos arriba del elemento atl “agua”.

Finalmente, para escribir hualaci “llegar, una de las soluciones, encontrada en la Matrícula de Huexotzinco, consiste en dibujar el elemento icxitl “pierna”, acompañado de una huella de pie.

 

cohuatl “serpiente”
cohuatl “serpiente”
xochitl “flor”

M. de Huexotzinco: teuctlacozauhqui
M. de Huexotzinco: tetzauhcohuatl
M. de Huexotzinco: tlapahuehue
teuctlacozauhqui “tipo de serpiente”
tetzahuitl “espanto”
tlapatl “planta alucinógena”

Fig. 56. Agregar detalles 141

Otra forma de composición, consiste en añadir algunos detalles. De este modo, cuando el elemento cohuatl “serpientetiene grandes manchas negras, entonces se lee teuctlacozauhqui, es decir, el nombre de un tipo de serpiente particular. Cuando la serpiente tiene una cabeza monstruosa, entonces el conjunto se lee tetzauh- de tetzahuitl “horroroso”. Inclusive, cuando una flor toma una forma peculiar, como en el antropónimo leído tlapahuehue, ya no se trata de xochitl “flor en general” sino de tlapatl “planta alucinógena”.

Sinonimia

tlacatl “hombre”
cuaitl “cabeza”
tlatoa “hablar”
tlatoa “hablar”
tlatoa “hablar”

M. de Huexotzinco: tecocoa
M. de Huexotzinco: cuauhtzontecon
C. Xolotl: yohualtzatzitzin
M. de Huexotzinco: chachalaca
M. de Huexotzinco: cuicani
te “pref. indefinido animado”
tzontecomatl “cabeza”
tzatzi “gritar”
chachalaca “hablar mucho”
cuica “cantar”

Fig. 57. Sinonimia 142

¿Cómo la escritura figurativa puede expresar lo que en la lengua corresponde a verdaderos o casi sinónimos? ¿De qué forma esquematizar de diferentes maneras una casa calli y una morada tochan? Ante tal problema, podemos imaginar que existen dos posturas: una que utilice estrictamente el mismo elemento y, en este caso, debe de indicarse de algúna manera cuándo se tiene que hacer tal lectura en lugar de otra, o bien se añaden algunos detalles que permitan distinguir una forma de la otra. En la escritura náhuatl vamos a encontrar estos dos procedimientos. Cuando los dibujos son idénticos, no siempre conocemos la clave que nos permite saber qué lectura tenemos que escoger, excepto en algunos casos.

En el glifo leído tecocoa (te “alguien”, cocoa “hacer daño”) el prefijo indefinido para las personas, te-, está representado por una cabeza masculina, es decir, por un elemento tlacatl “hombre”.

En el glifo que se ha leído cuauhtzontecon, el tlacuilo aprovecha que las palabras tzontecomatl y cuaitl son casi sinónimos que significan “cabeza”.

Los tres glifos siguientes son un ejemplo de variaciones en torno a un mismo elemento. Este elemento es la voluta de la palabra llamada tlatoa “hablar”. En función de cuántas veces se repite este elemento y de su disposición les permitía leer, además de “hablar”, los verbos tzatzi “gritar”, chachalaca “hablar mucho” y cuica “cantar”. La primera lectura se basa en la boca abierta del personaje del Códice Xolotl. En el segundo caso, la gran multiplicidad de volutas son las que nos guían hacia la lectura chachalaca. En el último caso, es la anotación la que nos permite estar seguros que es conveniente leer cuica y no otro verbo.

 

itzcuintli “perro”
techalotl “ardilla”
tochtli “conejo”
cuetzpalin “lagartija”
cuetzpalin “lagartija”

M. de Huexotzinco: chichicuauhtla
M. de Huexotzinco: moto
C. Vergara: cipac
M. de Huexotzinco: cuicuiltopi
M. de Huexotzinco: cohuix
chichi “perro”
mototli “ardilla”
citli “liebre”
topitl “tipo de lagartija”
cohuixin “tipo de lagartija”

Fig. 58. 143 Sinonimia

Los animales presentan múltiples ejemplos de elementos que permiten hacer una doble o incluso una triple lectura. De esta manera el elemento itzcuintli “perropuede leerse chichi, en el topónimo chichicuauhtla de la Matrícula de Tributos, palabra que también quiere decir “perro”.

El elemento techalotl “ardillatambién puede ser leído moto- raíz de mototli “ardilla”. De la misma forma, tochtli “conejo”, en ciertos casos, puede leerse ci- raíz de citli “liebre”.

Por último, el elemento cuetzpalin “lagartijaalgunas veces puede leerse topitl “especie de lagartijao también cohuixin “especie de lagartija”.

 

tzihuactli “tipo de maguey”
huitztli “espina”
centli “mazorca de maíz”
tlalli “tierra”
tlalli “tierra”

M. de Huexotzinco: necuametl
M. de Huexotzinco: mazahuatl
M. de Huexotzinco: olchical
M. de Tributos: tecmilco
M. de Huexotzinco: cuentlan
necuametl “tipo de maguey”
ahuatl “espina”
olchicalli “mazorca de maíz recien cortada”
milli “tierra cultivada”
cuemitl “tierra cultivada”

Fig. 59. 144 Sinonimia

calli “casa”
tecomatl “vasija”
mitl “flecha”
tlapanqui “quebrado”
tlapalli “rojo”

C. Xolotl: cohuatlichan
M. de Huexotzinco: huicol
C. Matritenses: itzihuactlacoch imac: amimitl
M. de Huexotzinco: yaoxelo
C. Matritenses: itlauhquecholtzoncal: xochipilli
chantli “hogar ”
huicolli “jarro”
tlacochin “saeta”
xeloa “dividir”
tlahuitl “rojo”

Fig. 60. Sinonimia 145

Todos estos elementos que basan su lectura en la sinonimia, presentan la misma característica, es decir, que existe una lectura que predomina ampliamente y algunos casos de uso reducido con una lectura equivalente en sentido. De esta forma, por ejemplo, en el conjunto de los veintinueve códices analizados, el elemento calli “casa” presenta un valor fónico parecido a su raíz, cal-, o a la palabra calli, en 651 casos, es decir un 87%, mientras que el mismo elemento tiene el valor /chan/ (hogar) en 93 ocurrencias, es decir, un 13%.

El elemento tlalli “tierra” tiene un valor fónico que corresponde a su designación o a su raíz en 306 casos es decir un 87%, en 40 casos, un 12%, este elemento se lee /mil/ o /milli/ y en solo dos casos /cuem/ raíz de cuemitl “parcela cultivada”.

Seguramente, que, en algunos casos, un detalle o tal vez la composición con otro elemento, o incluso la lengua misma, nos deben orientar hacia la lectura correcta. Pero es necesario decir que, a menudo, sin la ayuda de las anotaciones o glosas, nos daría mucho trabajo asegurar cuál es la lectura correcta.

Metáfora/símbolo

ihuitl “pluma, plumón”
ocelotl “jaguar”
ocuilin “gusano”
tonatiuh “sol”
tliltic “negro”

M. de Huexotzinco: amantecatl
C. de Amecamecan: tecuanipan
M. de Huexotzinco: cocol
M. de Tributos: teotenanco
M. de Huexotzinco: yohualcohuatl
amantecatl “oficial de arte mecánica”
tecuani “fiera”
cocoltic “ondulado”
teotl “dios, grande”
yohualli “noche”

Fig. 61. Metáforas o símbolos 146

En los códices encontramos el empleo de elementos que funcionan como metáforas o símbolos. De esta forma, una pluma es utilizada en la Matrícula de Huexotzinco como glifo de función para transcribir la palabra amantecatl “plumajero”. O incluso, el ocelotl “jaguar”, el animal más peligroso para el hombre mesoamericano, es utilizado para escribir la palabra tecuani “animal salvaje”. La forma ondulada de la lombriz se emplea para transcribir cocoltic “ondulado”. Para expresar la palabra teotl “dios, grande”, la Matrícula de Tributos utiliza el elemento tonatiuh “sol”. Esta utilización se comprende mejor cuando se sabe que el Sol era particularmente venerado por los mexicas. En este caso, está indicado que se debe leer /teo/ y no /tonatiuh/, por el hecho de que sólo la mitad del elemento tonatiuh está dibujada. Finalmente, el color negro puede, en algunos casos, servir para expresar la palabra yohualli “noche”.

 

comitl “olla”
huictli “huictli ”
pantli “bandera”
cuauhcozcatl “collera de madera”
cacaxtli “gancho para carga”

M. de Huexotzinco: tlama
C. Xolotl: tequihuatzin
M. de Huexotzinco: centecpanpixqui
M. de Huexotzinco: tlaco
M. de Huexotzinco: oztomecatl
tlama “médico”
tequitl “tributo”
tecpantli “para contar las personas de veinte en veinte”
tlacotli “esclavo”
oztomecatl “comerciante”

Fig. 62. Metáforas o símbolos 147

La olla, comitl, algunas veces puede ser utilizada como símbolo del médico o tlama. Para la palabra tequitl “tributo” se ha escogido el instrumento que hace posible el pago, es decir el huictli “coa o bastón plantador” que es utilizado por todos los campesinos.

El elemento pantli “bandera es utilizado como numeral para expresar la cifra 20, que podrá tener diversas realizaciones en la lengua, dependiendo del objeto contabilizado. Cuando se trata de contar hombres, este elemento se lee tecpan-tli: “para contar los personajes de veinte en veinte”. Como lo indican Carmen Herrera y Bertina Olmedo 148, escoger una bandera para expresar la cifra 20, se debe al hecho de que los grupos de veinte guerreros debían ser reagrupados bajo el mismo estandarte.

Cuaucozcatl, símbolo de la esclavitud, es utilizado para transcribir la palabra tlaco-tli “esclavo.

Finalmente es cacaxtli “instrumento para cargar”, típico de los comerciantes de carrera larga, el elemento que sirve para transcribir la palabra oztomecatl “comerciante”.

Metonimia

centli “mazorca de maíz seco”
nopalli “nopal”
tenexcalli “horno de cal”
calli “casa”
comitl “olla”

M. de Huexotzinco: xinach
M. de Huexotzinco: ahua
M. de Huexotzinco: tenextlati
M. de Huexotzinco: cuauhquiyahuacatl
M. de Huexotzinco: zoquichiuhqui
xinachtli “semilla”
ahuatl “espina”
tenextli “cal”
quiyahuatl “puerta; entrada de casa”
zoquitl “barro”

Fig. 63. Metonimia 149

Todos estos elementos son casos en los cuales se utiliza el todo por la parte. La mazorca por el grano, el nopal por la espina, el horno de cal por la cal, la casa por la puerta de la casa, y por extensión, la olla por la materia de la que está constituida: el barro.

 

cuechtli “cascabel de serpiente”
pantli “bandera”
tetl “piedra”
ihuitl “pluma, plumón”
etl “frijol”

M. de Huexotzinco: cohuacuechtli
M. de Huexotzinco: tlahuiztotol
M. de Huexotzinco: cuauhtenan
M. de Huexotzinco: tozihuitl
M. de Huexotzinco: xalpatol
cohuatl “serpiente”
tlahuiztli “armas, insignas”
tenamitl “muralla”
toztli “perico”
patolli “juego”

Fig. 64. Metonimia 150

Estos casos representan el fenómeno inverso, es decir, la utilización de la parte por el todo. Los anillos de la cola de serpiente por la serpiente misma, el estandarte por las armas y las insignias, las piedras por la muralla, la pluma amarilla por el perico, y, por último, la semilla de fríjol por el juego llamado patolli.

Acciones

nacaztli “oreja”
atlapalli “ala”
michin “pez, pescado”
chilli “chile”
xochitl “flor”

M. de Huexotzinco: cacaqui
M. de Huexotzinco: patlani
M. de Huexotzinco: tlatlama
M. de Huexotzinco: tetoneuh
M. de Huexotzinco: xotlani
caqui “escuchar”
patlani “volar”
ma “cazar”
tonehua “atormentar”
xotla “florecer”

Fig. 65. Acciones 151

 

huepantli “viga de madera”
tepoztli “hacha”
huictli “coa”
malacatl “huso”
coyolli “cascabel”

M. de Huexotzinco: tlahuilan
M. de Huexotzinco: tlaxinqui
M. de Huexotzinco: zacamo
M. de Huexotzinco: tzauhqui
M. de Huexotzinco: cacahuantoc
huilana “arrastrar algo”
xima “cortar”
zacamoa “arar”
tzahua “hilar”
cacahuantoc “resonar”

Fig. 66. Acciones 152

Como ya lo habíamos señalado anteriormente, a propósito del proceso de composición, la escritura figurativa nahua está mejor preparada para expresar estados, que acciones. Ante la absoluta necesidad de integrar en sus escritos verbos, los nahuas optaron por desplazar su expresión a nivel de personajes, y en cuanto a los glifos, optaron por la estrategia de representar el objeto con el cual se ejecuta la acción en lugar de la acción misma.

Es de esta forma, que se emplea la oreja por el verbo caqui “escuchar”, el ala por el verbo patlani “volar”, el pez por el verbo ma “cazar, pescar”, el chile por el verbo tonehua “atormentar”, la flor por xotla “florecer”, la viga por huilana “arrastrar algo”, el hacha por xima “cortar”, el azadón o coa por zacamoa “binar”, el huso por “hilar” o incluso la sonaja/cascabel por cacahuantoc “resonar”.

Homofonía y paronomasia

ayotl “tortuga”
atl “agua”
atl “agua”
comitl “olla”
mitl “flecha”

M. de Huexotzinco: yaotl
M. de Tributos: ahuatepec
C. Vergara: cohuatl
C. Xolotl: chalco
C. Vergara: miltepitl
yaotl “enemigo”
/a/, /hua/
/hua/
/co/
/mi/

Fig. 67. Homofonía y paronomasia 153

tlantli “diente”
tentli “boca, labios”

C. Vergara: tlalli
C. Xolotl: toltecatl
/tla/
/te/

Fig. 68. Homofonía y paronomasia 154

De forma general, la escritura náhuatl es una escritura de raíces nominales y verbales. Es decir que, la gran mayoría de las imágenes están ligadas a morfemas, aunque a veces expresan sílabas o incluso existen, en varios documentos, algunos ejemplos de utilización exclusivamente fonética de elementos.

El primer ejemplo presentado aquí es una paronomasia, palabras cuya pronunciación es muy cercana entre sí. Casos como estos son muy raros, pero como el glifo leído yaotl “enemigo” se repite miles de veces en la Matricula de Huexotzinco no podía pasar por alto. El elemento esquematizado es ayotl “tortuga” cuya sonoridad, por metátesis, nos hace pensar a la de yaotl.

El glifo ahuatepec, topónimo de la Matrícula de Huexotzinco, contiene el elemento atl “agua” que dos veces se lee de manera puramente fonética. La primera vez proporciona el sonido /a/ y la segunda vez el sonido /hua/. /a/+ /hua/ resulta ahua- raíz de la palabra ahuatl “roble”.

El ejemplo del Códice Vergara es del mismo orden. En este caso también el tlacuilo procede al análisis silábico de la palabra cohuatl “serpiente” y la escribe /co/+/hua/. Para expresar el sonido /co/ emplea naturalmente el elemento comitl “olla”, cuya raíz con- es cercana de /co/, y para el sonido /hua/ emplea el elemento atl “agua”, exactamente de la misma forma que el tlacuilo de la Matrícula de Tributos en el ejemplo precedente.

La escritura náhuatl es una escritura que economiza, se abstiene de escribir todo lo que la lengua permite restituir sin dificultad. Esto es particularmente el caso de los sufijos locativos en los glifos toponímicos. Por consiguiente, rara vez son escritos. Sin embargo, en el Códice Xolotl, notamos que en algunos casos se expresan, en particular cuando la lectura de un elemento no corresponde con la raíz de su designación. De esta forma, en el glifo leido Chalco, el elemento chalchihuitl “jade” es el que se emplea para transcribir /chal/. Es decir que, en este caso, es conveniente leer chal- y no chalchiuh-. Para marcar esta particularidad en la lectura, el tlacuilo escribe entonces, de forma expresa, el sufijo locativo -co. Para hacerlo va a emplear nuevamente el elemento comitl “olla”.

En cuanto al Códice Vergara, nos proporciona ejemplos del empleo de algunos elementos como determinativos fonéticos. Sabemos que el elemento tlalli “tierra” puede leerse de varias maneras, de las cuales las dos más frecuentes son tlalli o milli. El tlacuilo del Códice Vergara, tiene la amabilidad de anotar expresamente la lectura que tiene que hacerse. Con este fin, emplea el valor fonético del elemento mitl “flecha” o el de tlantli “diente”. En el primero, señala que la lectura del elemento tlalli “tierra”, debe empezar por la sílaba /mi/, que conviene leer mil-. En el segundo, indica que la lectura del elemento tlalli “tierra” debe empezar por la sílaba /tla/, que conviene leer, asimismo, tla-.

Al principio del Códice Xolotl, encontramos numerosas referencias a los toltecas. Su nombre está escrito con dos elementos: el elemento tentli “boca, labios” y el elemento tolin “junco” o “tule”. El elemento tentli se utiliza en este caso de manera fonética para expresar el sonido /te/.

 

xihuitl “turquesa”
xiuhtic “azul”
teoxihuitl “turquesa fina”
xihuitl “hierba”
xihuitl + xihuitl “turquesa + hierba”

C. de Tepetlaoztoc: ce xihuitl
C. Xolotl: ce tecpatl xihuitl
C. Xolotl: ce tecpatl xihuitl
Anales de Tula: ynipa mitoa to xiuhmolpilia
M. de Huexotzinco: xiuhnel
xihuitl “año”
xihuitl “año”
xihuitl “año”
xihuitl “año”
/xiuh/

Fig. 69. Homofonías 155

El náhuatl presenta algunos casos de cuasi homofonía, cuando la diferencia se debe solamente a la duración vocálica. De tal forma que la palabra xihuitl puede tener tres sentidos diferentes: año, turquesa, hierba. Además, cuando el primer sonido /i/ dura, es decir, es una vocal larga, entonces significa “cometa”.

Los tlacuiloque les sacaron provecho a estas homofonías: de esta manera, en los cuatro primeros ejemplos, la palabra xihuitl es la que está expresada, ya que los cuatro fueron sacados de series cronológicas. En el primer caso, el del Códice de Tepetlaoztoc, el tlacuilo escogió el elemento xihuitl “turquesa”, en el segundo caso, el del Códice Xolotl, se expresa xihuitl sólo con el color xiuhtic “azul”, cuya raíz es idéntica a la de xihuitl; en el caso siguiente, el tlacuilo del Xolotl utiliza la turquesa fina, teoxihuitl, para transcribir xihuitl. En los Anales de Tula, la ligadura de los años, toxiuhmolpilia, se expresa por medio de un nudo que amarra las hojas de una planta. Es decir que, el tlacuilo de este documento escoge expresar la palabra xihuitl “año” con su homónimo xihuitl “hierba”.

En el último ejemplo, encontramos la raíz xiuh-, que fue escrita con dos elementos diferentes. En el primer elemento, se trata de xihuitl “turquesa” (con pequeños rombos), y en el otro, de xihuitl “hierba”.

 

Todos estos ejemplos, nos dan una idea de cómo los nahuas se valían de la relación con lo real para transcribir lo que querían de su idioma, es decir, ante todo las raíces nominales y verbales.

Aunque existen algunos casos en los cuales se emplean los determinativos fonéticos, esto es algo inusual y los ejemplos en el Códice Vergara en donde el tlacuilo tuvo la gentileza de indicarnos cuándo convenía leer tlalli “tierra” o milli “tierra cultivada” / “milpa” son raros. ¿Cómo saber cuándo conviene hacer una lectura directa de un elemento, es decir, leer su nombre, o leer un sinónimo, o acaso un valor simbólico o una metonimia? En múltiples casos, el contexto gráfico es el que nos lo indica, y por eso, el hecho de encontrar un hacha asociada a un personaje de forma particular, basta para hacernos comprender que se trata de la función de este personaje la que está expresada y que conviene leer tlaxinqui “carpintero” y no “hacha”. En otros casos, cuando los glifos están compuestos de varios elementos, parece ser que la lengua náhuatl misma, es la que hacía posible algunas lecturas y no permitía otras.

Pero en muchos de los casos, como no hay anotaciones en caracteres latinos, nos cuesta bastante trabajo leer correctamente el glifo. La presencia de anotaciones, es, por consiguiente, algo primordial, y sería conveniente que se estudiasen, cuantos más se puedan, documentos que las contengan.

Sin embargo, la parte que concierne a los glifos, es la más fácil y la más segura para todas las otras imágenes, es decir, específicamente, para los personajes, que generalmente no cuentan con dichas glosas, y que probablemente posibilitan múltiples lecturas; convendría tratar de sacar provecho de todos los textos náhuatl en caracteres latinos, para intentar determinar, de forma precavida, las lecturas posibles.


 

Algunos elementos de la escritura pictográfica náhuatl

Se trata, a través de cuatro grandes temas -hombre, animales, espacio, tiempo-, de mostrar algunos ejemplos del empleo de los elementos en la escritura náhuatl y también de situarlos en la cultura donde ellos nacieron.

El hombre y las partes del cuerpo

Los códices nahuas presentan, generalmente, una asociación de glifos y de personajes: estos últimos son bastante numerosos, cerca de unos 15 000, del total en los documentos analizados, siendo que se han contabilizado cerca de unos 24 000 glifos.

Dentro de los personajes, la repartición entre hombres y mujeres es de un 94% de hombres y solamente un 6% de mujeres. Tal desproporción se comprende, al considerar que los documentos que poseemos tenían como función esencial asegurar la supervivencia del renombre adquirido, evitándole a aquel que era nombrado que cayera en el olvido; o bien contabilizar la fuerza de trabajo, es decir, los hombres aptos para trabajar y asegurar así el pago del tributo. Estas cifras nos dan una idea del papel destinado a las mujeres nahuas. No era, ni quien debería pasar a la posteridad, ni quien representaba una fuerza de trabajo digna de ser registrada.

Es algo sintomático que, en un documento de tipo histórico, destinado a acentuar el renombre de los personajes presentes en el relato, no solamente haya infinitamente más hombres que mujeres, sino que, además, estas últimas, casi nunca muestran un glifo antroponímico que las denomine (sin nombre, sin renombre). Las mujeres solamente aparecen para indicarnos que el hombre en cuestión está casado.

 

Códice Xolotl: tlacatl namique

Fig. 70. namictli “esposa”  156

Es exactamente la misma observación que se puede hacer a propósito de la encuesta llamada Matrícula de Huexotzinco, en la cual sólo se mencionan expresamente a los hombres que podían estar sujetos al tributo y que informa de forma abreviada que estos hombres están casados. Informaciones importantes, puesto que las mujeres eran las que garantizaban que los hombres pudieran trabajar todo el día, llevando con ellos la comida que sus esposas les preparaban 157.

 

Matrícula de Huexotzinco

Fig. 71. Tlaca namiqueque + cihua namiqueque 158

Además, en este documento, el papel de las mujeres es tan secundario, que muy a menudo los pintores-escribanos dibujaban primero la cabeza del hombre y sólo después añadían los rasgos distintivos de la mujer, es decir, el peinado.

 

Matrícula de Huexotzinco

Fig. 72.: cihuatl “mujer”  159

Los elementos pertenecientes al dominio del hombre, con 93 ejemplos diferentes, representan aproximadamente un 12 % del total de los elementos. Estos elementos difieren de todos los demás, en la medida en que fueron creados de forma artificial, al cortar la unidad representada por el cuerpo humano en sus distintas partes.

Hombre

La palabra hombre se dice tlacatl en náhuatl. Cuando esta palabra está transcrita en un glifo antroponímico el hombre puede excepcionalmente estar representado de cuerpo entero, como en los dos primeros ejemplos sacados de la Matricula de Huexotzinco. No obstante, por lo general el hombre se limita a la cabeza, como en los ejemplos siguientes:

 

M. de Huexotzinco: tlacatenan
M. de Huexotzinco: tlacatecatl
M. de Tributos: tlacatecatl
C. Xolotl: tlacaximaltzin
C. de Tepetlaoztoc: tlacamazatl

Fig. 73. Tlacatl “hombre”  160

Si el hombre de cuerpo entero se utiliza rara vez para transcribir la palabra tlacatl “hombre”, es lo contrario cuando se trata de indicar una acción, como huetzi “caer”, un estado, como onoc “estar acostado” o tzicuiltic “estar flaco”. También puede estar asociado a otro elemento, una joroba para transcribir tepotzotli “jorobado” o con un elemento huictli “coa, especie de azadón” para escribir tequitqui “tributario”.

 

huetzi “caer”
tzicuiltic “delgado”
onoc “acostado”
tepotzotli “jorobado”
tequitqui “tributario”

M. de Huexotzinco: huetztoc
M. de Huexotzinco: tzicuil
M. de Huexotzinco: chocatoc
C. Xolotl: tepotzotlan
C. de Tepetlaoztoc: 5(20) tequitqui

Fig. 74. Acciones 161

micqui “muerte”
huehue “viejo”
icnotl “huérfano”
xolochauhqui “arrugado”

M. de Huexotzinco: micqui
M. de Tributos: huehuetlan
M. de Huexotzinco: icnotl
M. de Tributos: xolochiuhyan

Fig. 75. Estados 162

La asociación de la cabeza masculina con el color negro permite leer micqui “muerto”, con arrugas: xolochauhqui “arrugado”, con arrugas y con el cabello ondulado: huehue “viejo” y con lágrimas: icnotl “huérfano”.

Mujer

En los códices, al contrario de los hombres, que pueden mostrar posturas variadas, la mujer, cihuatl, está casi siempre presentada en la misma posición: apoyándose en sus rodillas, con las manos visibles pero inactivas, en actitud como de sumisión.

 

C. de Xochimilco
C. de Tepetlaoztoc
C. Tlatoque Tenochca
C. Xolotl

Fig. 76.  Cihuatl “mujer”  163

Cuando el elemento cihuatl “mujer” es utilizado en los glifos, se lee por lo general cihua-. Pero en un ejemplo del Códice Xolotl se muestra que también podía ser leído nan- de nantli “madre”. Además, cuando se le añaden arrugas, entonces el conjunto, generalmente se lee ilama “anciana”, o aún más raramente citli “abuela”, sin que sepamos lo que permite escoger la lectura apropiada.

 

C. Tenochca: cihuaiztetl
C. Xolotl: tonan
M. de Huexotzinco: ilama
M. de Huexotzinco: toci
cihuatl “mujer”
nantli “madre”
ilama “anciana”
citli “abuela”

Fig. 77. Lecturas del elemento cihuatl “mujer”  164

Cabeza

M. de Huexotzinco: cuachita
C. Xolotl: cuacuauhpitzahuac
C. Xolotl: cuacuauhpitzahuac
M. de Huexotzinco: cuauhtzonteconi

Fig. 78.  Cuaitl “cabeza” y tzontecomatl “cabeza”  165

Debido a que la cabeza casi siempre es utilizada como metonimia del hombre entero, cuando es la cabeza, cuaitl, lo que debe leerse, los tlacuiloque, o pintores-escribanos, tienen que indicar expresamente el cambio de estatus. Para esto, pegan, literalmente, el otro elemento, a la parte superior de la cabeza. Se comprende fácilmente tal emplazamiento, sobre todo, cuando se sabe que la palabra cuaitl significa no solamente “cabeza”, sino también, “cima de la cabeza”.

Mano

C. de Tepetlaoztoc: tlamatzinco
C. Vergara: poyoma
M. de Huexotzinco: mapatlac
M. de Huexotzinco: macuex
C. Xolotl: tlaxcallan

Fig. 79. Macpalli “mano” / maitl “mano, brazo”  166

La mano, macpalli, pero también maitl, en náhuatl, se utiliza para transcribir la sílaba /ma/, raíz de maitl. En el último ejemplo, leído tlaxcallan, la mano no se lee, pero desempeña un papel de determinativo semántico, al indicar que se trata de algo circular que ha sido hecho a mano, es decir, una tortilla o tlaxcalli.

 

C. Matritenses: itzihuactlacoch imac: amimitl
M. de Huexotzinco: quetzalpepena
M. de Huexotzinco: centecpanpixqui
M. de Huexotzinco: tlaxinque
M. de Huexotzinco: tlacuilo
maitl “mano”
pepena “elegir”
piya “guardar”
xima “cortar”
icuiloa “escribir, pintar”

Fig. 80. Manos y acciones 167

Frecuentemente, se asocia la mano a un objeto, para indicar, ya sea una posición -como en los Códices Matritenses, en donde la palabra imac significa “en su mano”-, ya sea una acción, como el verbo pepena “escoger”, o bien, para señalar una raíz verbal, que sirve para formar un nombre de función, como piya “guardar” por centecpanpixqui “guardián de una veintena (de hombres)”, xima “cortar” por tlaxinqui “carpintero” o también icuiloa “escribir, pintar” por tlacuilo “pintor-escriba”.

 

M. de Tributos: michmaloyan
C. de Tepetlaoztoc: acolhuatzin
M. de Huexotzinco: acol
ma “cazar”
acolli “brazo”
acolli “brazo”

Fig. 81. maitl “mano, brazo”  168

Además de la figuración de la mano, existe la del antebrazo, llamado maitl o acolli en náhuatl. Encontramos este elemento con dos valores /ma/ y /acolli/. En el primer caso, se trata del verbo ma “pescar, cazar”, y en el segundo (Códice de Tepetlaoztoc y la Matrícula de Huexotzinco), de la raíz del sustantivo acolli.

Ojo

C. de Tepetlaoztoc: ixtliltzinco
M. de Tributos: acamilixtlahuacan
C. Xolotl: tlachia
M. de Huexotzinco: tlachia
M. de Huexotzinco: tlamaoco
ixtli “ojo”
ixtli “ojo”
tlachia “observar”
tlachia “observar”
? “?”

Fig. 82. Ixtelolotli “ojo”  169

El ojo figura de frente, de forma muy estilizada. Se distingue el iris y en el centro la pupila, una línea que corresponde a la parte inferior de los párpados, pasa por arriba de la pupila. Cuando los párpados están iluminados siempre son de color rojo. Este color de párpados puede explicarse por el hecho de que no se trata de la parte externa de los párpados, sino de la parte interna.

El ojo es utilizado, generalmente, para transcribir la primera sílaba de su nombre, ix- de ixtelolotli “ojo”, o según el contexto, para indicar la acción de mirar y, por consiguiente, el verbo tlachia.

Boca

C. Matritenses: motenolcopinticac texotica: tezcacohuac
M. de Tributos: atenco
C. Xolotl: toltecatl
M. de Huexotzinco: tetzauh
tentli “boca, labio, borde”
tentli “boca, labio, borde”
te- “prefijo indefinido animado”
te- “prefijo indefinido animado”

Fig. 83. Tentli “borde”  170

Este elemento, figura una parte, delimitada de forma artificial, de la parte inferior de una cara humana, vista de perfil. Principia debajo de la nariz y termina en el cuello, dejando ver la boca, la barbilla y una parte del cachete. Como todos los elementos humanos cuyo referente podría ser tanto un hombre como una mujer, el color, particularmente en el Códice Xolotl, nos indica que hacen referencia a hombres. Este elemento se utiliza a menudo para transcribir ten- raíz de tentli, pero también puede servir para transcribir te- que es el prefijo indefinido para los animados.

Los animales

La fauna representa un 15% de los elementos que encontramos en la constitución de los glifos. La mayoría de los elementos corresponden a animales aéreos o terrestres. Los animales acuáticos son pocos en cantidad.

Jaguar

El ocelotl o jaguar es considerado por los nahuas como el soberano de todos los animales 171. Es a su vez un animal específico, pero también es el nombre de una clase a la que pertenecen otros tres felinos (iztac ocelotl, tlatlauhqui ocelotl y tlacoocelotl), que tienen en común la característica de “estar manchados como con un caucho” 172..

 

Fig. 84. Jaguar

C. de Tepetlaoztoc: ocelotepec>
M. de Tributos: cempohualli oceloehuatl>
M. de Tributos: centetl ocelotli>
C. Telleriano-Remensis: nahui ocelotli>

Fig. 85. Ocelotl “jaguar”  173

M. de Huexotzinco: tecuani>
M. de Tributos: tecualoyan>
M. de Tributos: ocelotilmatli>
M. de Tributos: centlamantli tlalpiloni>

Fig. 86. Ocelotl “jaguar”  174

En los códices, el jaguar aparece bajo cuatro formas: de cuerpo entero, vivo o muerto (en este caso en los glifos leídos ocelotepec, cempohualli oceloehuatl), bajo la forma de la cabeza del animal (aquí en los glifos leídos nahui ehecatl, tecuani, tecualoyan), la oreja (en los tonalamatl 175) o inclusive, solamente las manchas (centetl ocelotl, ontzontli ocelotilmatli y centlamantli tlalpiloni). Las manchas, que son el rasgo distintivo de este animal, bastan del todo para expresar la palabra ocelotl “jaguar”.

En la mayoría de los casos, este elemento sirve para transcribir la raíz nominal ocelo- sea en la primera imagen, que es el topónimo de ocelotepec, o en los glifos de tributo. No importa que se trate de la piel completa del jaguar muerto, del traje del guerrero o de los fragmentos de tela tapizados con diseños de manchas de jaguar.

No obstante, la cabeza del jaguar podía utilizarse también para escribir la palabra tecuani “quien se come a alguien”. Al ser el jaguar el cazador por excelencia, el más temido, comprendemos mejor que lo hayan elegido para expresar tal palabra. Sin embargo, es necesario señalar que no es el único, se encuentran ejemplos de la palabra tecuani, transcritos por el coyotl “coyote” o por otro animal mal definido, llamado cuetlachtli,un tipo de lobo” 176.

Los glifos de tributo, presentes en la Matrícula de Tributos, nos permiten establecer una relación entre el jaguar y el poder militar y político. El ejemplo leído cempohualli oceloehuatl, muestra una piel de jaguar. Algunas veces, las pieles de este tipo recubren el asiento de un soberano 177, transformando de esta forma el acostumbrado petate, petlatl, en un tapete de jaguar: ocelopetlatl. De hecho, los textos del Códice Florentino, asocian el merecimiento de un petate de jaguar con la circunstancia de merecer un título de tlacatecatl y tlacochcalcatl, es decir, el más alto rango militar y político 178.

La palabra ocelopetlatl aparece siempre formando parte del binomio in cuappetlatl, in ocelopetlatl del cual los informantes de Sahagún explican el sentido:

“el petate de jaguares, el petate de águilas. Esto significa ahí donde vive la gente fuerte, valiente, que nadie puede vencer: es por eso que se dice: es ahí en donde está el petate de águilas, el petate de jaguares: también se dice: es ahí que está levantada la reja de jaguares, la reja de águilas donde está encerrada la ciudad - el agua, el cerro” 179.

El traje, llamado simplemente ocelotl, es el que llevaban una parte de los guerreros más valientes, también llamados de la misma forma.

Por último, un ornamento que se llevaba amarrado al cabello, tlalpiloni, era uso privativo de los guerreros más distinguidos (tlacatecatl y tlacochcalcatl).

En su calidad de uno de los días 180 del tonalpohualli, el calendario de la cuenta de los destinos, se le conferían al jaguar, influencias divinas diversas, y al asociársele con los números, podía convertirse en un día fasto o nefasto.

Según Durán: “A los que en este signo nacían, hallaban en sus suertes que habían de imitar al tigre, en ser osados, atrevidos, altivos, presuntuosos, soberbios, fantasiosos y graves. Apetecerán dignidades, cargos, alcanzarlos han por tiranía y fuerza y por dádivas; andarán alcanzados, serán pródigos, abatirse han a cosas serviles; serán amigos de sembrar y coger por su mano, aficionados a la agricultura, en nada huirán del trabajo; amigos de ir a la guerra, de mostrar y señalar su persona y valor; mostrarán a todo buen rostro y corazón; acometerán cualquier buen hecho, y si fuere mujer, la nacida en este signo, será libre, soberbia, presuntuosa, menospreciadora de las demás; tendrá poco reposo, galana de corazón, hará burla de todos; tendrá altos pensamientos...” 181.

Águila

Fig. 87. Águila

M. de Tributos: ce cuauhtli
C. Telleriano-Remensis: macuilli cuauhtli
M. de Huexotzinco: cuauhquen

Fig. 88. Cuauhtli “águila”  182

Como para el jaguar, el elemento cuauhtli “águila” no hace referencia a un águila en particular, sino más bien a una familia. En la imagen de arriba vemos a las águilas reunidas por el ornitólogo R. Peterson 183. Se ve claramente que a todas las águilas se les levantan las plumas en la cabeza y que tienen el pico propio de las aves de rapiña, características que comparten con la cabeza de las águilas que se pueden encontrar en los códices. El elemento cuauhtli “águila”, sin embargo, no se parece a una de ellas en particular, por lo menos en las versiones de tamaño pequeño. En tales versiones reducidas, que son con mucho las que más abundan, se trata de una imagen conceptual, sintética, que no tiene relación con un animal en particular, sino que más bien figura como una clase, que es la de las cuauhtli/cuauhtin “águilas”. Este tipo de clase, existe y está compuesta por unos diez miembros. (itzcuauhtli, mixcohuacuauhtli, iztac cuauhtli, iooalcuauhtli, acuauhtli, aitzcuauhtli, tlacocuauhtli, chiencuauhtli). Según el especialista de la cuestión, Michel Gilonne, el término “cuauhtli, no se reserva al género aquila sino más bien reagrupa Géneros y Familias ornitológicas que aparentemente no tienen nada que ver entre sí. Según estas últimas definiciones, Cuauhtli no es, por consiguiente, un nombre de especie, sino realmente un nombre genérico” 184.

No obstante, podemos interrogarnos sobre la finalidad de las imágenes grandes, como aquella en donde se ve un águila de cuerpo entero como glifo de tributo. El agrandamiento de la imagen, permite que aparezcan múltiples detalles, haciendo posible que los ornitólogos identifiquen de manera precisa al animal. Es así como Michel Gilonne reconoce al Aguila Real en el águila viva que debía ser pagada como tributo 185.

Como signo del tonalpohualli, y acorde con Durán, el elemento cuauhtli “águila” 186, comparte con el tigre las mismas características. Pero se dice, además, que es avaricioso y que esconde sus bienes, de igual forma que lo hace el águila 187. El Códice Florentino, a propósito de varias águilas, emplea la palabra tlahuitequini para referirse a estas. La palabra se compone de tla-huitequi-ni es decir que está formada sobre la raíz verbal de huitequi que significa “herir, matar” 188. El águila es, por consiguiente, considerada como “asesina”.

Ya hemos mencionado, a propósito del jaguar, que encontramos su nombre en el binomio in cuappetlatl in ocelopetlatl, compuesto de cuauh-petlatl y ocelo-petlatl. En el Códice Florentino, encontramos numerosos ejemplos de difrasismos construidos sobre estas dos raíces cuauh- y ocelo-, esto es debido al hecho de que el binomio in cuauhtli in ocelotl designa metafóricamente a los guerreros más valerosos, más estimados, a los que han capturado prisioneros, que se hicieron famosos, que accedieron a la orden de las águilas, a la orden de los jaguares 189.

Es este binomio, el que encontramos, por ejemplo, en la primera página de la Matrícula de Huexotzinco: en este caso, la presencia del símbolo de las dos órdenes guerreras más prestigiosas, en la primera página, el de la capital de la provincia, quiere -sin lugar a dudas- recalcar la importancia de la capital, así como la calidad de sus hombres, a los que califica, de esta forma, como fuertes y valerosos. También encontramos la expresión gráfica del binomio, en el Códice Borbónico 190 y en el Telleriano-Remensis 191.

 

M. de Huexotzinco
C. Telleriano-Remensis
C. Borbónico

Fig. 89. Binomio cuauhtli “águila” y ocelotl “jaguar”  192

En casi la mayoría de los casos, el binomio aparece con la palabra cuauhtli “águila” en primer lugar, y ocelotl “jaguar” en segundo lugar, marcando de esta forma la preeminencia de las águilas sobre los jaguares. Esto no resulta de una casualidad, sino que se explica por los eventos que tuvieron lugar durante la creación del Quinto Sol, es decir, la época en la que vivimos. Cuando las tinieblas reinaban sobre la tierra, los dioses se reunieron en Teotihuacan y decidieron crear el sol. Dos de los dioses aceptaron esta tarea, Tecuciztecatl y Nanahuatzin. Después de cuatro días de penitencia, durante los cuales se había preparado un gran fuego, los dioses le pidieron a Tecuciztecatl que se arrojara al fuego. Pero espantado, no logró arrojarse, y finalmente, Nanahuatzin fue el que se arrojó primero; al ver esto, Tecuciztecatl lo siguió. Ambos se convirtieron en astros brillantes idénticos, pero los dioses decidieron que no debía de ser así y decidieron disminuir el brillo del segundo astro, arrojando un conejo a su rostro. Fue así como nacieron el sol y la luna. Pero Tecciztecatl y Nanahuatzin no fueron los únicos en arrojarse al fuego:

“Según se dice, parece que entonces también apareció el águila, que los siguió, arrojándose rápidamente al fuego, se precipitó empezándose también a quemar mucho: es por eso que tiene las plumas negruzcas, como el humo. Al final vino el jaguar, cuando el fuego ya no quemaba tanto, iba a caerse: es por eso que sólo se manchó, sólo manchado, únicamente quemado por el fuego, no se quemó tanto: es por esta razón que solamente está manchado, salpicado, maculado de negro.

Al respecto, parece ser que de ahí viene, que de ahí se sacó la expresión con la cual se denomina, se nombra aquel que es valeroso, valiente: se le asigna el nombre de 'águila-jaguar' (cuauhocelotl); primero es 'águila' (cuauhtli), se dice que es porque precedió al otro al fuego; y al final es 'jaguar' (ocelotl), de manera que se dice en una sola palabra 'águila-jaguar' (cuauhocelotl), por haber caido por último al fuego” 193.

Buitre

cozcatl + cuauhtli “collar + águila”
cozcatl + cozcacuauhtli “collar + buitre”
cozcacuauhtli “buitre”

C. Xolotl: cozcacuauh
C. Xolotl: matlactli cozcacuauhtli
C. de Tepetlaoztoc: cozcacuauhco

Fig. 90. Cozcacuauhtli “buitre”  194

El elemento cozcacuauhtli “buitre” es difícil 195 de identificar, esto se debe a varios factores. Aparte de las figuraciones en el tonalpohualli 196, sus representaciones son raras.

En efecto, los pintores-escribas, como en el primer ejemplo del Códice Xolotl, siempre han recurrido a una transcripción que sigue la morfología de la palabra. Cozcacuauhtli se analiza como sigue: cozca-cuauh-tli de cozcatl “collar” y cuauhtli “águila”.

Otra de las razones, se debe al hecho de que cuando está figurado, su único rasgo distintivo, es que no tiene las plumas levantadas sobre la cabeza, lo cual hace que se distinga perfectamente del águila, pero lo asemeja a otros volátiles. Particularmente -como en el segundo ejemplo del Códice Xolotl-, cuando aparece con una excrecencia arriba, donde principia el pico. Esta excrecencia, que puede tener la forma de un colgante, hace que a veces, como en las figuraciones en el tonalpohualli del Códice Telleriano-Remensis, se parezca al totolin “pavo”.

Según Durán 197, “el signo cozcacuauhtli, que significa corneja, significaba y pronosticaba, a los que habían nacido bajo este signo, larga vida; estos serán sanos, macizos/recios, sin enfermedades, grandes y fornidos, robustos, calvos, discretos, hombres de gran consejo y autoridad, sabios, serios, tranquilos, prudentes, retóricos, propensos a enseñar y a rezar, a ser buenos amigos, dar buenos consejos y a eliminar el mal; proclives a cultivar disciplinas para enseñarlas (Ibid. Paráfrasis).

Serpiente

Fig. 91. Serpiente

C. Matritenses: icue cohuatl: cohuatlicue
C. Telleriano-Remensis: matlactli omome cohuatl
C. Xolotl: cohuatlichan

C. Xolotl: cihuacohuatl
C. Vergara: cohuacuech
M. de Huexotzinco: teuctlacozauhqui

Fig. 92. Cohuatl “serpiente”  198

Este elemento conoce diversas variantes: puede figurarse de cuerpo entero o tan sólo por una de sus partes: la cabeza o la cola. Las variantes de la serpiente de cuerpo entero, se materializan por medio del cambio de posición: la serpiente puede estar estirada, formando medio arco, parada sobre la punta de su cola, formando una S o enroscada. Los rasgos distintivos, comunes a todos los elementos son: la lengua bífida 199, el cuerpo alargado y la cola anillada.

Tanto en el Códice Florentino, como en el diccionario de Molina, se manifiesta que existe una gran cantidad de serpientes, por lo menos unas treinta 200, y que dos de sus tercios no tiene “cascabel”. Sin embargo, fue la familia de los crótalos la que se eligió como modelo para representar este elemento. El referente no es una serpiente en particular, sino la familia de las serpientes de “cascabel” o cuechque 201.

El elemento cohuatl “serpiente”, siempre se lee cohua-tl, excepto si lleva un grafismo o un color que no forman parte de sus elementos distintivos. Es el caso del último ejemplo, que presenta grandes manchas negras, es leído teuctlacozauhqui, nombre de una especie particular de serpiente.

Cohuatl es también uno de los nombres del tonalpohualli 202, y, según Durán: “El quinto signo era la culebra, que en la lengua se llama coatl; los que en este día nacían decían que habían de ser hombres pobres, desnudos, sin abrigo y mendigos desarrapados sin casa propia; vivirían siempre de prestado y á pension de otro, y de continuo servirían, y esto á imitación de la culebra que anda desnuda, sin casa propia y al sol y al aire, metiéndose hoy en un agugero y mañana en otro; era signo tenido por malo” 203.

 

Por coincidencia, todos los animales seleccionados forman parte de la lista de los veinte términos que permiten nombrar los días del calendario náhuatl. El hecho de que, por otra parte, Durán haya comentado cada uno de los signos del calendario, estableciendo un paralelismo entre el destino de los hombres y las características atribuidas a los animales, nos permite tener cierta idea de la visión que los nahuas tenían de estos cuatro animales. La escritura, por mucho que sea figurativa, no puede indicar que el águila y el jaguar eran “audaces, intrépidos, altivos, pretenciosos, arrogantes, presuntuosos y serios” y que la serpiente “va desnuda, sin casa propia, (que) va al sol y al aire, metiéndose hoy en un agujero y mañana en otro”. Del buitre sólo se comentan las cualidades de los hombres nacidos bajo este signo: “larga vida, estos serán sanos, macizos/recios, sin enfermedades, grandes y fornidos, robustos, calvos, discretos, hombres de gran concejo y autoridad.... Al considerar tal principio de imitación o resonancia, propuesto por Durán, podemos suponer que las mismas características le eran atribuídas al buitre.

Si tomamos en cuenta la frecuencia con la que se empleaban estos elementos en los antropónimos, las cualidades guerreras eran las que más se apreciaban.

El espacio: atl “agua” y tepetl “cerro

El espacio desempeña un papel particularmente importante en los códices nahuas. El relato de hechos históricos, uno de los temas importantes de la escritura náhuatl, se constituye de tres ingredientes principales: del espacio, del tiempo y de los hechos. La organización general, podía darse principalmente, o por el espacio, o bien, por el tiempo. Para el primer caso, se obtienen documentos de tendencia cartográfica, y para el segundo, códices de tipo anales 204.

El ejemplo más conocido de relato histórico sobre un fondo geográfico, es el del Códice Xolotl, y en este documento, podemos darnos fácilmente cuenta, que dos elementos desempeñan un papel primordial, se trata de los elementos atl “agua” y tepetl “cerro”. Estos son particularmente visibles, ya que el primero, es utilizado para designar la laguna de Texcoco, y el segundo, para ilustrar la cadena de montañas mediante el Popocatepetl. Todos los eventos relatados se localizan, de hecho, con base en estos dos puntos de referencia, así como de muchos otros, indicados por numerosas ciudades.

Los elementos atl “agua” y tepetl “cerro”, son los dos elementos más utilizados del Códice Xolotl 205, y en el conjunto 206 de los códices, en cuanto a número de ocurrencias, aparecen en el mismo órden, en 4ª y 10ª posición, del total de los 786 elementos registrados.

El elemento tepetl “cerro” tiene dos variantes principales: una tenochca, de Mexico-Tenochtitlan y la otra acolhua, de Tezcoco. Es decir, dos de las tres ciudades que gobernaban el dicho “imperio” mexica, la confederación conocida como “Triple Alianza”. Casi todos los documentos pictográficos náhuatl se encuentran conforme a uno o a otro de estos modelos.

 

Tira de Tepechpan: chapoltepec
Códice Xolotl: chapoltepec altepetl
Convención tenochca
Convención texcoca

Fig. 93. tepetl “cerro  207

En los dos casos, se observa una forma triangular inspirada en la forma de las montañas, tal y como a veces podemos percibirlas de lejos. Evidentemente, no se trata de una montaña en particular lo que se plasma en la imagen, sino más bien, de la noción de montaña.

Podemos imaginar que, para dibujar un elemento de este tipo, se hubieran podido hacer versiones más sencillas, como las que a veces encontramos:

 

Códice de Chalco: cohuatepec
Códice Xolotl: cohuatepec

Fig. 94. Tepetl “cerro”  208

La diferencia entre cada uno de estos dos ejemplos es que los dos primeros contienen elementos de más. En el primer caso, encontramos, bajo forma de integración externa, un elemento tetl “piedra”.

 

Fig. 95. Tetl “piedra” y sus variantes gráficas en el Códice Xolotl

En el segundo, hallamos un elemento atl “agua”:

 

Fig. 96. Atl “agua” y sus variantes gráficas en el Códice Xolotl

Ambos elementos, tetl y atl, son elementos extremadamente flexibles, que con frecuencia se integran al interior o a la periferia de otro elemento.

La lectura del elemento atl, en el glifo Chapoltepec del Códice Xolotl, deriva de la constatación siguiente: el diseño, que rellena el elemento tepetl “cerro”, está compuesto en una parte, de una espiral 209, y en otra, de líneas onduladas. La espiral se asociaba indudablemente al agua, ya que se encuentra, por ejemplo, en medio de la laguna de la primera lámina del Códice Xolotl. Sucede lo mismo con las líneas onduladas, ya que representan una de las características de diversos elementos atl “agua”, y en particular, la de todas las lagunas del códice.

 

Códice Xolotl: Coyohuacan
Códice Xolotl: Texcoco altepetl

Fig. 97. Ejemplos de elementos atl “agua” en forma de espirales 210

Podemos notar que la presencia de estos elementos no es obligatoria, y que parece depender de un factor externo al elemento tepetl “cerro” mismo. Este factor es el tamaño. Cuando las imágenes ganan en tamaño, al mismo tiempo se enriquecen.

 

Códice Xolotl: Cohuatepec
Códice Xolotl: Cohuatepec altepetl

Fig. 98. Ejemplos de ampliación 211

En la tradición tenochca y texcoca, el agrandamiento crea un enriquecimiento, aunque de dos tipos diferentes. En uno de los casos, lo que se indica es la materia externa del cerro, la piedra, en el otro, su contenido, el agua. Tanto en uno, como en otro caso, se trata de características invisibles, o visibles, únicamente, desde muy cerca. Una vez más, en este caso, lo que está figurado, no pertenece solamente al dominio de lo visible, sino más bien, al dominio de lo conocido, de lo concebido.

La fuente principal de nuestros conocimientos sobre el México central antiguo, el Códice Florentino, nos permite comprender el funcionamiento de este enriquecimiento. Está dicho: “los cerros son solamente un lugar secreto, con tierra encima, piedras, sólo son como unas ollas o también como unas casas, están llenos de agua que ahí está, si un día fuera necesario, el cerro se destruiría y el mundo entero se inundaría” 212.

En el texto en náhuatl, se dice expresamente que los cerros están hechos de tierra y de piedras, teyo, algo que parece muy natural. Pero el hecho de que este elemento aparezca insistentemente en los códices, cuando la dimensión lo permite, muestra claramente que los nahuas le atribuían importancia a esta cualidad. Normalmente el elemento tetl “piedra”, aparece en ambos costados del cerro, pero cuando hay espacio libre, también está presente en la cima.

La concepción de la parte interna de los cerros “llenos de agua” tentica in atl, no sólo proviene de la experiencia empírica, sino que también deriva de una concepción del mundo. Para ellos, los cerros son recipientes, imaginados bajo forma de ollas o incluso casas. Recipientes que si liberaran su agua podrían inundar el mundo, apachihui.

Esta concepción está tan arraigada, que cuando tienen que transcribir el nombre del lugar ixicayan -que se analiza como ixica-yan, del verbo ixica, que significa, según Molina “reçumarse el vaso o la tinaja quando es nueua” es decir, “el vaso o la tinaja chorrea cuando es nueva”-, utilizan, de hecho, el elemento tepetl. Es lo que encontramos en la Matrícula de Tributos:

 

Matrícula de Tributos: ixicayan

Fig. 99. ixica “rezumar”  213

La presencia del agua en los cerros, se vinculaba con los dioses encargados de traer las lluvias que llenan las reservas montañosas. La divinidad principal era Tlaloc, y es el que encontramos asociado a la montaña y al agua que emana:

 

Códice Telleriano Remensis
Códice Borbónico

Fig. 100. Tlaloc 214

Esta asociación cerro + agua + divinidad del agua, transformó los cerros, y particularmente las cimas, en lugares de ritual, donde se van a cumplir actos para obtener la lluvia 215, que llenará el interior de los cerros, quienes liberarán el agua cuando los hombres la necesiten para poder vivir de su cultivo.

 

La doble presencia, en el Códice Xolotl, del elemento tepetl “cerro” y del elemento atl “agua”, es también la expresión de un binomio náhuatl fundamental. La expresión in atl in tepetl, que es la que a menudo encontramos bajo la forma abreviada altepetl, generalmente traducida al español como “pueblo”. Esta palabra designa tanto a una población, como a un territorio o a una zona urbanizada 216.

 

Códice Osuna
Figura 101. atl “agua” + tepetl “cerro” = altepetl “ciudad”  217

El elemento tepetl “cerro”, con sus dos elementos integrados, tetl “piedra” y atl “agua”, proporciona la síntesis de lo que es un cerro: un lugar que tiene una relación bastante distante con lo real, pero suficiente como para que se reconozca la noción de cerro, expresando cómo era concebido tal aspecto de lo real: una prominencia de piedra, llena de agua, cuya presencia y renovación están bajo el control de fuerzas divinas, llamadas Tlaloc y Chalchiuhtlicue 218. Tlaloc, el encargado de llenar, y Chalchiuhtlicue, a cargo del flujo. En cualquier caso, es necesario ocuparse de ellos, y así transformar los cerros en lugares sagrados.

Todo lo que se encuentra en la proximidad de un cerro rico en agua, es favorable a la vida del hombre y a su reagrupación bajo forma de pueblo, cuyo nombre, altepetl, será el de los dos elementos que hacen posible la vida: la montaña y el agua.

Finalmente, y, por consiguiente, el elemento tepetl remite siempre a una realidad conceptual, el cerro, su materia y su contenido, y también a aquello que a veces deriva, una población o altepetl.

El elemento tepetl tiene, por consiguiente, dos aspectos, uno natural y otro cultural. Es justamente este doble aspecto el que encontramos en los códices. Por un lado, el glifo tepetl puede convertirse en un elemento de paisaje, de manera que transformará algunos documentos, como el Códice Xolotl, en verdaderos fondos de mapas; por otra parte, permitirá instalar sobre estos fondos, el conjunto de pueblos que se quieran evocar.

La forma genérica podrá transformarse de diversas maneras, haciéndola más puntiaguda, más redonda, o incluso más curvada. En cualquier caso, se trata de expresar una cualidad particular de un cerro, de alguna forma se trata de individualizarlo.

 

texcalli “peñasco”
coltic “curvo o torcido”
yahualiuhqui “redondo, esférico”

C. Xolotl: Texcoco
C. Xolotl: Colhuacan
C. Xolotl: Yahualiuhcan

Fig. 102. Formas agregadas al elemento tepetl “cerro” 219

En el Códice Xolotl, cuando se quiere expresar la palabra tlatzalan “valle”, se repite el elemento tepetl, haciendo que el valle aparezca de perfil.

 

tlatzalan “valle”
tepetla “cadena de montañas”

C. Xolotl: tlatzalan altepetl
C. Xolotl: tepetla cuauhyacac

Fig. 103. Duplicación y multiplicación de los cerros 220

También la montaña se puede multiplicar, y al grupo de cerros se le da una forma general, de tal modo que se parezca a la forma real de una sierra madre. Según las observaciones de P.E.B. Coy, el glifo X.030.A.27 del Códice Xolotl, es una cadena de montañas que aparece al mismo tiempo en plano y en elevación, lo que explica la forma particular de este glifo.

Por último, el elemento tepetl “cerro”, se puede multiplicar gran cantidad de veces, y se puede alínear, más o menos de tal forma, que se figure una cadena montañosa. Esta representación es, de hecho, lo que se encuentra en la parte superior de cada lámina que compone al Códice Xolotl. Esta multiplicación permitirá que se lea la palabra tepetla “cadena montañosa”.

En la parte inferior del mismo códice, se encontrará exactamente el mismo procedimiento, pero aplicado al elemento atl “agua”. En este caso, el aumento del elemento atl “agua”, hace posible la lectura teoatl, donde la raíz teo- proporciona aquí el sentido de “grande”.

 

Códice Xolotl: tepetla

Fig. 104. tepetl “cerro” + -tla “sufijo de abundancia” = tepetla “cadena de montañas”  221

Códice Xolotl: teoatl

Fig. 105. teotl “grande, dios” + atl “agua” = teoatl “laguna, mar”  222

Este

Oeste
Códice Xolotl

Fig. 106. Orientación del Códice Xolotl  223

Una vez establecido este fondo en el mapa, orientado tradicionalmente hacia el este, los pintores-escribas podían disponer todos los pueblos que deseaban evocar. Los nombres de los pueblos estaban escritos en sus lugares relativos, creando de esta forma un espacio de doble dimensión, reflejando cierta realidad, de la misma manera que nuestros mapas.

Este tipo de disposición del espacio, es uno de los medios que los pintores-escribas utilizaban para crear relatos históricos. El otro, era la escenificación por medio del órden cronológico.

En las ciudades se encontraba el centro religioso materializado por la construcción de pirámides. El edificio más grande de este tipo se sitúa en Cholula. De esta pirámide, el religioso español Durán nos ofrece una descripción: “En Cholula tenían un cerro hecho á mano al cual, por ser hecho a mano, le llamaban Tlachihualtepetl, que es lo mesmo que 'cerro hecho a mano'. Llamábanle así, porque dicen que fue el cerro que los gigantes edificaron para subir al cielo, el cual  cerro está agora medio desbaratado. A este cerro tenían en mucho y en él era ordinario y continua adoración que hacían y plegarias y grandes sacrificios y ofrendas y muertes de hombres” 224.

La expresión de “cerro hecho a mano”, traducción casi literal de tlachihualtepetl, establece claramente la relación que existe entre los cerros y las pirámides. Las segundas eran la réplica de los primeros. La pirámide de Cholula era tan importante, que dio un nombre doble a esta ciudad, llamada Tlachihualtepec Cholollan 225.

Lo que no dice esta cita, pero que la arqueología saca a flote, es que, en el corazón de la pirámide de Cholula, se encuentra un manantial. Con su mano, el hombre reconstruyó en el centro de su ciudad, una verdadera montaña artificial, dotada de los atributos de las elevaciones naturales, y reproduciendo, asimismo, el binomio in atl in tepetl que designa a los asentamientos humanos.

El tiempo: tonatiuh “sol” y el día

La impresión de que el sol gira alrededor de la tierra y que al seguir su curso determina la alternancia de los días y de las noches, aunque esto no corresponda a la realidad astronómica, es fundamental, ya que este cambio regular de claridad a obscuridad, es lo que crea la unidad esencial de todos los calendarios, en particular el de los Mesoamericanos, y, por consiguiente, el de los nahuas; entendiendo el día como el conjunto de un periodo nocturno y uno diurno.

El dios Tonatiuh, al seguir su curso en el cielo, que los hombres mantienen por medio de ofrendas, hace posible que haya vida sobre la tierra. Tonatiuh es el dios por excelencia, aquel por el que los otros dioses tuvieron que sacrificarse para que se pusiera en movimiento y asumiera la carga del mundo 226.

La palabra sol, era expresada en nahuatl como tonatiuh, palabra que es toda una descripción, ya que significa literalmente “que va resplandeciendo” 227, “que va generando calor”. Se analiza desglosando en tona-ti-uh, de tona “resplandecer, brillar, generar calor”, ti 'ligadura' y -uh, del verbo yauh “ir” 228.

El curso del sol es lo que determina el nombre de los dos puntos cardinales. El oriente: Tonatiuh iquizayan (ahí donde sale el sol); el occidente: ycalaquian tonatiuh (ahí donde se mete el sol).

Entre estos dos puntos, el sol va a cumplir con su función. Cuando Sahagún traduce las palabras de sus informantes, escribe: “Y cuando a la mañana salía, dezían: 'Ya comiença el sol su obra. ¿Qué será? ¿Qué acontecerá en este día?' Y a la puesta del sol dezían: 'Acabó su obra o su tarea el sol' ”. 229.

Al evocar al sol, los nahuas empleaban verbos que sin duda pertenecen al dominio del trabajo, como tequiti “trabajar, pagar un tributo” o tlacoti “trabajar como esclavo”. El sol cumple con su función, entre su salida y el instante en que se mete. Pero mientras tanto, incluso si sabemos que trabaja y que este trabajo consiste en tona “resplandecer”, tlanextia “brillar”, tonameyotia “irradiar”, totonqui “estar caliente” tetlati “quemar” 230, existe un temor. ¿Qué es lo que va a pasar en este nuevo día? Sentimos perfectamente el temor ante un futuro del cual no se tiene control. Para contrarrestar este temor, los nahuas desarrollaron la noción de tonalli (tona-l-li), palabra construida sobre la base verbal tona “resplandecer”, que aparece en la palabra tonatiuh “sol”. Si buscamos en los diccionarios, nos damos cuenta de que los sentidos dados a esta palabra son bastante variados, y, sobre todo, que son afines al sentido del sol y a las nociones de día y de calor, pero encontramos también: el “signo, en que alguno nace, o el alma y espíritu”, en el diccionario de Molina.

 

Tonalli

Calor del sol

1571 Molina 1

Tonalli

Calor del sol, o tiempo de estio

1571 Molina 2

Tonal

El sol

1692 Guerra

Tonalli

El Sol

1692 Guerra

Tonalli

Dia

17?? Bnf_362

Tonali

Sol

1765 Cortés y Zedeño

Tonali

Dia natural de veinte y quatro horas

1765 Cortés y Zedeño

Tonalli

Calor del sol

1780 ¿ Bnf_361

TONALLI

1. ardor, calor del sol. / la estación seca, el verano / día del calendario caracterizado por su signo. / destino determinado por un signo del calendario y en general todo aquello que para alguien está determinado por el día de su nacimiento.

2004 Wimmer

Tetonal

Ánima o alma

1571 Molina 1 10v

Totonal

El signo, en que alguno nasce, o el alma y espiritu.

1571 Molina 2 150v

Tabla 8. La palabra tonalli en los diccionarios del GDN

Traducir tonalli por “día”, podría dar a entender que se trata de un sinónimo de ilhuitl “día o día festivo” 231. Lo que distingue claramente a estas dos palabras, es la utilización de tonalli, término que designa un día en particular, asociado a sus signos y a sus divinidades, mientras que la palabra ilhuitl es realmente una unidad de tiempo que sirve particularmente para sumar 232. Cuando en los textos se habla de un periodo de varios días se emplea la palabra ilhuitl.

Ilhuitl y tonalli, hacen verdaderamente referencia a dos aspectos diferentes del tiempo. El primero refiere la duración, mientras que el segundo la cualidad. El primero, ilhuitl, es un sustantivo inanimado, mientras que el segundo, tonalli, se considera como animado y entonces puede tomar la marca del plural: tonaltin. Pueden combinarse para formar la expresión ilhuitonalli “el destino del día” 233.

Son estos, los días que encontramos en el calendario de 260 días utilizado en las predicciones. Este calendario es llamado tonalamatl (tonal-ama-tl, de amatl “papel”) cuando se refiere al soporte, y tonalpohualli (tonal-pohual-li, de pohualli “cuenta”) cuando se refiere a su contenido. Estos calendarios permitían que los tonalpouhque (tonal-pouh-que, de pohua “leer, contar”) conocieran todas las influencias divinas existentes para cada día, y de esta forma, saber si podía ser fasto, nefasto o indiferente.

Un buen signo es aquel que predice prosperidad y larga vida, un signo malo determinará una vida disoluta y pobre, como por ejemplo la de un borracho.

Tonatiuh, el sol, por ende, es directamente responsable del día, por su movimiento, y también está ligado a las propiedades benéficas o maléficas que un día puede tener. De esta forma, está asociado al periodo de tiempo más corto del calendario, el día. Al mismo tiempo, la palabra tonatiuh es también utilizada para designar largos periodos míticos, de tiempo variable 234, tal como los famosos Cuatro Soles, que sirvieron de título a una de las obras de Jacques Soustelle 235.

Estos periodos largos, que siempre se terminan con un cataclismo, son llamados Soles, tonatiuh, pero también nemiliztli, palabra creada sobre la raíz verbal nemi que significa principalmente “vivir, ir”. En este caso encontramos las ideas de movimiento y de vida que forman una parte importante del campo semántico de la palabra tonatiuh.

La palabra tonatiuh, como indicador de periodos temporales sin duración fija, no se limita a las grandes eras mencionadas anteriormente. Esta misma palabra puede emplearse, metafóricamente, para designar diversas etapas de la vida de un hombre. El sol que apenas se ha movido representa al niño, el sol que está en medio del cielo es el hombre maduro, listo para casarse. El sol saliente representa al hombre viejo. El sol que acaba de meterse es un hombre que está a punto de morir 236.

Las palabras ilhuitl - tonalli - tonatiuh, muestran que tienen muchos puntos en común, aparte de que pueden utilizarse en estrecha relación con el tiempo, sea para indicar medidas o sean cualidades. De esta manera, las palabras tonalli y tonatiuh presentan la particularidad de estar formadas sobre la misma raíz verbal, tona “hacer calor, hacer sol”.

El diccionario de Alexis Wimmer nos permite comprender toda la riqueza de este verbo tona.

Los ejemplos que ha tomado muestran que este verbo hace evidentemente referencia a la idea de hacerse de día, pero también a resplandecer, y esta es la palabra que se utiliza, por ejemplo, en la descripción del chalchihuitl “jade” más fino, es decir el quetzalitztli. Pero, por otra parte, utilizada de forma metafórica, tona puede significar “comenzar”; la idea de comienzo nos permite comprender por qué esta palabra era utilizada para designar una nueva era que constituía un verdadero comienzo, una creación nueva.

El verbo tona también tiene el sentido de “prosperar”, lo que nos hace pensar en el hecho de que aquel que nace en un día dotado de un buen tonalli, conocerá la prosperidad.

Estas pocas indicaciones filológicas, nos permiten darnos cuenta de que estas tres palabras (tona, tonalli, tonatiuh) mantienen diversas relaciones a nivel semántico y remiten a múltiples nociones, como el día, el tiempo en general, el comienzo, la prosperidad, el destino, el brillo...

 

¿Cómo se transcribía la palabra tonatiuh en pictografías o escritura figurativa nahua?

En los códices, aparece bajo dos formas principalmente, una que depende de la escuela escrituraria de Texcoco (representada aquí por el Códice Xolotl), y la otra, de la de Tenochtitlan (Matrícula de Tributos).

 

C. Xolotl: tlacateotzin
C. Matrícula de Tributos: tonatiuhco
Matrícula de Tributos: teonochtitlan

Fig. 107. Tonatiuh “sol” o “quien va resplandeciendo” 237

El elemento tonatiuh “sol”, puede leerse como tonatiuh o como teo- de teotl “dios” 238. Esta doble interpretación no tiene nada de extraordinario si se considera el papel primordial del sol en el panteón de los hombres nahuas.

Tales figuraciones, según las tradiciones texcocana y tenochca, son muy diferentes. El sol del Códice Xolotl, sólo tiene en común con el segundo, el aspecto brillante. En el centro está inscrita una figura con rasgos humanos vista de frente. No puede tratarse de un hombre, ya que, en la tradición pictográfica nahua, este siempre figura de perfil. Tal tipo de figuración, es rarísima en la iconografía nahua, y uno puede interrogarse acerca de una posible influencia europea. Empero, la susodicha “Piedra del Sol”, exhibida en el Museo de Antropología de la Ciudad de México, muestra, también, una cara humana de frente, que figura a Tonatiuh en el centro de la piedra. Algunos textos en náhuatl nos permiten también descartar la idea de influencia.

En el segundo caso (Matrícula de Tributos), encontramos una composición bastante compleja, que al parecer reúne los elementos de más valor para los nahuas -jade (verde), turquesa (azul), y oro (amarillo)-, en el seno de una estructura cuadripartita, marcada tanto por rayos (rojos), como por el resplandor (círculos).

La manera tenochca de escribir la palabra Tonatiuh presenta una característica del todo extraordinaria: lo que se observa fundamentalmente, es un vasto círculo con cuatro círculos en su periferia 239. Tal estructura, aparte de tonatiuh, sólo se encuentra en algunos elementos muy particulares.

La primera, es la palabra ilhuitl “día”, que se presenta de la manera siguiente:

 

C. Mendocino: cuatro días
C. Mendocino: ochenta días
C. Vaticanus A: Tecuilhuitontli, / Huey tecuilhuitl
C. Telleriano-Remensis: huei tecuilhuitl

Códice Azcatitlan
Códice Osuna

Fig. 108. ilhuitl “día”  240

Estos elementos 241 presentan una estructura cuadripartita, con un círculo en sus cuatro extremidades. Esta estructura está subrayada en el Códice Mendocino, con los colores: rojo, amarillo, verde y azul. Colores idénticos a los que se pueden observar en los elementos tonatiuh y en el glifo Tlachco, en donde se observa que la superficie del juego de pelota está dividida en cuatro partes.

 

Matrícula de Tributos: tlachco

Fig. 109. Colores del juego de pelota 242

La similitud en la estructura cuadripartita, los colores y el sentido de la palabra ilhuitl “día”, nos hacen pensar que no se trata de una analogía fortuita. La estructura cuadripartita, puede deberse a lo que se sabe por medio de los textos del Códice Florentino: los días estaban regidos por ofrendas que cotidianamente se le ofrecían al dios sol, a Tonatiuh. Tales ofrendas se efectuaban cuatro veces en el transcurso del periodo diurno. La primera durante el sol levante, la segunda a la hora de comer, la tercera cuando el sol se encontraba en medio de su curso y la última al atardecer 243. Es muy posible que lo que encontramos en este caso, tenga relación con esta puntualización del curso del sol.

En cuanto a los colores, estos podrían relacionarse con la orientación del espacio.

La lectura ilhuitl de este elemento está asegurada, ya que la lectura del nombre de los periodos de 20 días que aparecen en el Códice Telleriano-Remensis es bastante conocida.

Estos ejemplos muestran que la palabra ilhuitl podía, según el contexto, entenderse de tres maneras:

Ya sea que se trate de un día, en el sentido de un día mas su noche. Esto es, como se encuentra en el Códice Mendocino, en el folio 57, en donde se indica que el recién nacido recibía un baño antes de recibir su nombre, cuatro días después de su nacimiento. En el Códice Osuna, las glosas en letras latinas, muestran claramente que se trata, en este caso, del día de veinticuatro horas. No obstante, en uno de los casos (Códice Mendocino f. 19), los cuatro elementos no se leen “cuatro”, sino “ochenta” 244. Esta lectura tiene que deberse al hecho de que la palabra ilhuitl tiene dos sentidos, el primero es “día” y el otro es “día festivo”. Este último sentido, hace que, en particular, haga referencia a las fiestas religiosas organizadas cada veinte días, pero además engloba toda la veintena de días cuya fiesta es el resultado 245.

El ejemplo sacado del Códice Azcatitlan indica que la palabra ilhuitl podía también tener el sentido de día en oposición a noche ya que lo que le sigue a los glifos muestra un periodo de cuatro días y de tres noches 246.

La analogía entre ilhuitl y tonatiuh no es sólo gráfica. La lengua, asimismo, establece una fuerte relación entre las dos palabras. Para designar la mitad del día, medio día, se emplea la expresión nepantla tonatiuh “medio día”, y para decir día y medio: cemilhuitl ypan nepantla tonatiuh “día y medio” (Molina).

 

De igual forma que la escuela de Texcoco tiene otra concepción gráfica de Tonatiuh, también tiene otra tradición para expresar un día. Esto consiste en escribir cemilhuitl 247, separando la palabra en cem + ilhuitl y utilizando dos elementos homófonos. El primero es centli “mazorca seca de maiz”, que sirve para transcribir el sonido /cen/, y el segundo es la raíz corta del verbo ilhuia que significa “decir”. Esta tradición es la que se encuentra en la región de Texcoco y en particular en el Códice Xolotl.

 

Códice Xolotl: cemilhuitl matlactli ei tecpatl
Códice Xolotl: cemilhuitzin

Fig. 110. ilhuia “decir”  248

La formal similitud, observada en el seno de la escuela tenochca, entre el elemento tonatiuh e ilhuitl no es la única, de la misma forma se pueden comparar otros cuatro elementos: chalchihuitl “jade”, teoxihuitl “turquesa fina”, teocuitlatl “oro” y tezcatl “piedra de espejo”.

 

chalchihuitl “jade”
teoxihuitl “turquesa fina”
teocuitlatl “oro”
teocuitlatl “oro”
tezcatl “piedra para espejo”

Matrícula de Tributos: chalco
Matrícula de Tributos: xihuacan
Códice Xolotl: teocuitlapopocatzin
C. Mendocino: teocuitlatlan
C. Mendocino: tezcatepetonco

Fig. 111. Elementos de estructura similar 249

Estos elementos, representan materiales de alto valor para los nahuas. Materiales que, por otra parte, tienen como rasgo común el hecho de brillar, y esta cualidad se expresa por medio de la utilización de los cuatro círculos pequeños periféricos. El elemento chalchihuitl, se reconoce gráficamente en el interior del glifo tonatiuh de tradición tenochca, mientras que el oro y la turquesa sólo se advierten por su color característico, el azul y el amarillo.

La estructura cuadripartita del elemento tonatiuh, se consolida con la presencia de los cuatro elementos chalchihuitl “jade”. Los cuatro círculos pequeños dobles que se sitúan en la periferia, en realidad pertenecen a cuatro elementos chalchihuitl, que es un elemento complejo, el cual, en su forma completa, contiene cuatro partes: la primera, la más grande y central, es verde, la segunda es roja, la tercera, se presenta como si estuviera dividida, con dos pequeños círculos concéntricos al final 250.

De igual forma que en la lengua existe una fuerte relación entre tonatiuh “sol” y la polisemia tonalli “sol, calor del sol, verano, día, destino”, dado que ambos están construidos sobre la misma raíz verbal tona, la escritura de la palabra tonalli ofrece igualmente una proximidad muy grande con el elemento tonatiuh.

 

Códice Vergara: xochitonal
Códice Mendocino: tonalli imoquetzayan
Códices Madritenses: itonalochimal: ixtlilton

Fig. 112. tonalli “sol, calor del sol, estio, día, destino”  251

Estos tres ejemplos de la lectura tonal-, han sido sacados de tres contextos diferentes. El primero es un antropónimo, el segundo un topónimo, mientras que el tercero es un escudo que llevaba un dios. En los tres casos, las lecturas derivan de anotaciones hechas en el siglo XVI. Vemos que se encuentran los cuatro círculos concéntricos que aparecen en la periferia del elemento tonatiuh.

Uno de los sentidos de la palabra tonalli es “día del calendario caracterizado por su signo”, es decir, el conjunto de fuerzas divinas activas en un momento dado. Tal vez sea para expresar esta noción, poco propicia para ponerla en imagen, que los pintores-escribas eligieron conservar únicamente una fracción del elemento tonatiuh. Sólo conservan los extremos y los unen, de esta forma, se opera una concentración que hace que la imagen sea aún más abstracta, y que, por consiguiente, tenga fácilmente más resonancia con todo lo relacionado al tiempo, el calor, lo valioso, las direcciones, las cantidades...

Pero tal vez tengamos que buscar una explicación más prosaica en cuanto a la presencia de estos dobles círculos concéntricos. Estos aparecen con el elemento tonatiuh “sol”, cuya principal característica es la de brillar, así como con el elemento chalchihuitl “jade”, el de la mejor calidad, llamado quetzalitztli, cuyas cualidades son: petlani, pepetlani, pepetlaca, ontona, ontotona, motonameiotia “brilla, reluce, ilumina mucho, da luz, verdaderamente da luz, resplandece” 252. Existe otro verbo que encontramos asociado a las piedras preciosas y en particular a la turquesa fina, teoxihuitl, y al jade, chalchihuitl 253: es el verbo cuecueyoca que Molina traduce por “reluzir las piedras preciosas o los peces dé ntro del agua con el mouimiento que hazen, o el ayuntamiento delas hormigas o las lagunas y campos, o las gentes ayuntadas por el mouimiento que hazen”(Id.).

Encontramos en esta definición, además de la mención a las piedras preciosas, dos referencias al agua; en una ocasión, a propósito de peces, y en la otra, a propósito de lagunas. Ahora bien, resulta que los mismos círculos concentricos forman parte del elemento atl “agua”  254 y también del elemento quiyahuitl “lluvia”. Su presencia se debe a la capacidad que tiene el agua de brillar. Incluso es el mismo verbo cuecueyoca que encontramos en una descripción que nos proporciona el Códice Florentino sobre el agua 255.

Además de los elementos citados anteriormente, también se pueden encontrar estos círculos concentrícos en la figuración de las estrellas, tal y como aparecen en los Códices Matritenses. En los textos del Códice Florentino, se encuentra el verbo tona, así como uno de sus sinónimos, el verbo tlanextia “resplandecer” 256.

Por otra parte, se puede observar en el Códice Xolotl que, cuando el elemento chalchihuitl se presenta en tamaño reducido, los dobles círculos concéntricos se convierten en un pequeño círculo solo. Se supone que se trata del mismo fenómeno que se puede observar en los elementos teoxihuitl “turquesa fina”, teocuitlatl “oro” y tezcatl “piedra de espejo”. Los textos muestran que todas estas materias preciosas tenían la capacidad de brillar.

 

atl “agua”
quiyahuitl “lluvia”
citlalin “estrella”

Matrícula de Tributos
Matrícula de Tributos
Códices Matritenses

Fig. 113. Elementos que brillan 257

La escritura de las palabras tonatiuh e ilhuitl, muestra la misma estructura cuadripartita, además de indicar una asociación con las materias más preciosas, que tenían igualmente la capacidad de brillar. El hecho de “resplandecer, brillar”, se expresa por medio de pequeños círculos que sólo se encuentran en otros dos contextos, el de las estrellas y el del agua. El sol, las estrellas, el jade, la turquesa fina, el oro, la piedra de espejo y el agua forman, pues, un conjunto de cuerpos, cuya característica más evidente es el hecho de resplandecer, y que la escritura pone de relieve al sumarle los pequeños círculos concéntricos.

La expresión gráfica de tonalli -que literalmente significa “lo que es resplandeciente” -, que se sintetiza reuniendo cuatro círculos concéntricos, confirma que estos pequeños círculos son efectivamente la expresión del resplandor.

El sol, tonatiuh, con su brillo, crea una alternancia de periodos diurnos y nocturnos, y determina una unidad temporal fundamental, el día (ilhuitl). Al tomar también en cuenta los ciclos de Venus y de las Pléyades, los nahuas, como todas las otras civilizaciones mesoamericanas, desarrollaron un sistema calendárico complejo, cuya base es la denominación de los días por medio de 13 cifras, del 1 al 13, y veinte signos. Esta manera de designar los días, determina un ciclo de 260 días, de los cuales cada día tiene un tonalli diferente. A este ciclo se le conoce con el nombre de tonalpohualli “la cuenta de los destinos”. Los destinos, tonalli, estaban determinados por el conjunto de fuerzas divinas que se reunían a cada instante. Tales fuerzas son muy numerosas, ya que cada día pertenece a diversos periodos, formados por todos los submúltiplos de 260, y cada fuerza está bajo el dominio de diversos dioses.

Los códices de tipo religioso 258 que hasta nosotros han llegado, particularmente los del grupo Borgia, muestran a los pintores-escribas nahuas como indiscutibles malabaristas, calculadores de las influencias divinas. “Figuran”, dan a ver lo invisible: el tiempo y sus influencias.



Problemas relativos a la influencia de la imagen europea en la escritura pictográfica náhuatl

La interpretación de las influencias estilísticas en la escritura pictográfica náhuatl es algo muy complejo, porque sabemos, desde los trabajos de Robertson, que existen varios estilos dentro de ella, representados por las ciudades principales: México, Texcoco y Tlatelolco; esta última, en donde surgiría el Colegio de la Santa Cruz 259. Además de esas grandes diferencias entre los tlacuiloque (pintores-escritores), hay que pensar que existían rasgos estilísticos propios de los talleres y también de los propios pintores. Si se añade el hecho de que conocemos, a lo más, tres documentos que quizás se hicieron antes de la conquista (Matrícula de Tributos, Boturini y Borbónico), y que el número de esculturas prehispánicas es reducido, se explica la gran dificultad para saber cuándo se trata de un estilo particular indígena o de un influjo europeo. Quizás todavía más que las palabras, las imágenes figurativas no nos informan de manera sencilla sobre sus orígenes. No obstante, varios autores hablan de ese fenómeno, como por ejemplo Dibble en el caso del Códice Xolotl, que da cuatro ejemplos de la influencia europea sobre las imágenes de este documento, y a excepción de las formas de pantli, cuahuitl, tonatiuh y citlalin, Dibble admite considerar este manuscrito con un estilo totalmente indígena.

A pesar del testimonio de Ixtlilxochitl, el estudio del Códice nos demuestra que no puede considerarse como precortesiano. Se nota la influencia europea en la manera de representar el sol y la bandera, y se ve también cómo las estrellas y los árboles muestran esa misma influencia.Con la excepción de las características ya mencionadas, el Códice conserva admirablemente el estilo del arte indígena de la región de Texcoco 260.

 

Dibble no demuestra que existe tal influjo, sino que simplemente dice que “se nota”, como si se tratara de una evidencia que no necesita más explicaciones. ¿De dónde proviene tal apreciación por parte de un autor que hizo un estudio pionero y minucioso del Códice Xolotl? No se puede pensar que para Dibble se trata de un detalle que no requiera mayor consideración, porque es el argumento central, el único que le permite afirmar, fundamentar, si se puede decir en este caso, el carácter postcortesiano de este texto. De ser así, esto significa que era algo tan evidente que no se necesitaba demostrar. Decirlo era suficiente para que cada quien lo pudiera entender y aceptar. Y efectivamente, es lo que pasó, porque muy a menudo se retomó esta afirmación de Dibble.

Como este autor no nos dice nada explícitamente, ni tampoco sus seguidores, tenemos que tratar de reconstruir el razonamiento implícito. Parece que la aceptación de la idea de influencia se basa en un doble fenómeno. Por un lado, la impresión de normalidad de la imagen prehispánica, y por el otro, el conocimiento de imágenes formalmente cercanas en el mundo visual europeo. Al hablar de ella, se está afirmando, a la vez, que es diferente de la tradición náhuatl y cercana a las imágenes europeas. Se supone que la conjunción de estas dos condiciones es suficiente para asegurar una influencia. Y aunque probablemente este planteamiento es justo, necesita que las premisas de la propuesta sean exactas. Esto implica un conocimiento muy fino de la tradición, tan fino como para permitir identificar cuándo un cambio se hace dentro del sistema indígena o bien, proviene del exterior.

El segundo miembro de la propuesta tampoco es tan fácil de fundamentar. El paralelismo entre dos entidades, nunca asegura la incidencia de una sobre la otra por la existencia de desarrollos paralelos autónomos, sin un origen común. Por lo anterior, detectar en las imágenes un predominio externo y probarlo, es algo complejo. No obstante, hay algunos rasgos que permiten descubrirlo con bastante seguridad. Uno de ellos es la representación de tres cuartos o de frente de personajes.

Así, la lámina del Mendocino donde aparece Moteuczoma en sus palacios, presenta al tlatoani de tres cuartos (además de la introducción de la perspectiva); lo que provoca que se vean sus dos ojos, aunque la cara no se encuentre de frente. Se trata de un ejemplo totalmente excepcional. En efecto, la imagen indígena no conoce este tipo de figuración. Hombres y mujeres aparecen de perfil y solamente algunos elementos como Tonatiuh “sol”, nenetl “muñeca”, tecolotl “búho” o chichtli “lechuza” se muestran de frente. No existen caras humanas de tres cuartos, a menos que sean españoles, generalmente de alto rango.

Por otro lado, en el Códice de Tepetlaoztoc encontramos varios funcionarios o encomenderos; en él casi todos los hombres españoles se muestran de tres cuartos, mientras que los más de los hombres indígenas, de perfil.

Este tratamiento diferenciado, es algo que se puede observar en varios documentos 261. Así, en la portada de un pueblo de la Matrícula de Huexotzinco, encontramos la representación de un obispo de tres cuartos, y abajo, un glifo tradicional con una cara de perfil.

 

C. Mendocino
C. de Tepetlaoztoc
M. de Huexotzinco

Fig. 114. Representaciones de tres cuartos 262

Aunque excepcional, este fenómeno muestra cómo, incluso en el caso de una visión tan homogénea, la de perfil, muy frecuente en el mundo mesoamericano, con tantos años de existencia, se modificó bajo la influencia de las imágenes europeas.

Tales representaciones, son comunes en la mitad del siglo XVI. Se puede decir, que hubo una resistencia de los perfiles sobre los tres cuartos, hasta el inicio del siglo XVII. En algunos documentos de esta época, los indígenas aparecen de vez en cuando de tres cuartos, y sólo en un caso se exhiben todos así. Lo que todavía es una excepción, al inicio del siglo XVII, se transforma en una regla con los Códices Techialoyan.

La resistencia del perfil de los personajes, se explica por el hecho de que las imágenes indígenas pertenecen al mundo de la escritura pictográfica, tienen un papel que cumplir y su transformación no debe estorbar esa función.

Pero al mismo tiempo hay que pensar, que los tlacuiloque tenían, por lo menos, dos buenas razones para integrar novedades europeas en sus representaciones. La primera, es que ellos eran ante todo artistas, pertenecían al mundo de los toltecas; es decir, eran gente de gran sensibilidad, dispuesta a integrar lo nuevo, sin poner en peligro el papel de escritura de esas figuras. Además, los tlacuiloque del siglo XVI estaban sometidos al poder español y quizás prefirieron o tuvieron que incluir rasgos europeos en sus pinturas para complacer a los españoles.

Identificar tal influencia, en el caso de la figuración humana, no es un problema, porque, por una parte, conocemos bien las representaciones europeas de los hombres, que pueden aparecer luciendo de todas las maneras posibles. También, la norma indígena es perfectamente conocida, y además general, en el sentido de que el hecho de plasmar los personajes de perfil, es algo verdadero para todo el mundo náhuatl de la escritura, y más ampliamente, para todo el mundo mesoamericano.

Pero ¿esa homogeneidad de la figuración humana se encuentra en todas las imágenes de la escritura náhuatl? El problema es que la respuesta es negativa. Imperan diferencias significativas entre los diversos testimonios de la escritura pictográfica, y particularmente, en relación con su lugar de procedencia. Existen, en términos comunes, por lo menos dos grandes centros de escritura en el Altiplano Central Mexicano, Tenochtitlan y Texcoco, que muestran diferencias importantes.

Así, por ejemplo, se considera que para expresar el numeral veinte, se utiliza el elemento pantli “bandera”. Esto es cierto en muchos documentos, especialmente los del valle de México, como la Matrícula de Tributos, pero no es el mismo caso para la región de Texcoco. En efecto, en esos códices el mismo numeral se expresa con centli “mazorca de maíz seco”.

 

M. de Tributos
C. Xolotl
C. de Tepetlaoztoc
C. Bnf 400

Fig. 115. Los numerales según las tradiciones tenochca y texcocana 263

El elemento xochitl “flor”, ofrece un ejemplo de lo que podría ser una combinación de esas dos tradiciones graficas: la escultura de Xochipilli, que se supone proviene de Tlalmanalco 264 -zona intermedia, al sur de Texcoco y México-,posee, tanto rasgos semejantes a la representación del elemento xochitl en el Códice Xolotl, como también rasgos cercanos a los del Códice Borbónico.

 

C. Xolotl
C. Borbónico
Escultura de Xochipilli

Fig. 116. Elemento xochitl “flor”  265

Un problema que encontramos para evaluar las influencias, es que por lo general, y sin percatarnos, la norma comúnmente adoptada es la tenochca. Hay buenas razones para que sea así. Aunque las dos tradiciones se estudiaron desde el siglo XIX - Peñafiel para la tradición tenochca y Aubin para la texcocana-, todo el mundo conoce el trabajo del primer autor, mientras que muy pocos el del segundo, quien tuvo su primera traducción al español hace solamente algunos años. Más tarde se publicaron dos diccionarios, uno por Barlow y McAfee, para la tradición tenochca, y el otro de Dibble, para la tradición texcocana. La obra de Barlow y McAfee es muy conocida, pero no así la de Dibble.

Ya en el siglo XIX, Paso y Troncoso escribió, a propósito del inicio del año según el Códice Borbónico:

“Antes de todo sugeriré que los autores han errado en una cosa esencialísima: en que han estudiado el asunto dominado por una idea exclusivista, y, tan luego como han creído ver en uno de los sistemas conocidos, el verdadero, han eliminado á los demás como falsos; aferrándose (de buena fé siempre) al sistema que habían elegido” 266.

Es lo que ocurre con las influencias. Muchas veces, ellas se aprecian teniendo en la mente “una idea exclusivista”. Es lo que vamos a tratar de evitar en lo que sigue, ya que mostraremos que las características formales de pantli, cuauhtli, citlalin y tonatiuh, se pueden explicar de otra manera, y no por una supuesta influencia europea.

Pantli “bandera

Visión europea

Fig. 117. Ejemplo de banderas europeas terminadas en dos puntas 267

Visión tenochca

Pantli “bandera” se conoce, ante todo, por la forma que tiene en varios documentos, y específicamente, en aquellos procedentes del valle de México. Este elemento, representa una bandera con su asta y una forma rectangular, que probablemente podía ser de tela o de papel.

 

C. Xolotl

Fig. 118. Visión tenochca, pantli “bandera”  268

Visión texcocana

De otra manera, en el Códice Xolotl, este rectángulo se divide y termina en dos puntas (Fig. 119a), lo que hace posible relacionarlo con algunos ejemplos europeos (Fig. 117).

Pantli “bandera”, con estas mismas características, se encuentra en varios documentos: el Códice de Tepetlaoztoc, el Vergara, el Mapa de San Pedro Tezontepec 269 (Bnf 419_8), el Códice de Tepoztlan 270 y otros, llamados Urrutia de Vergara, Papeles 271 (Fig. 119-120).

 

C. Xolotl
C. de Tepetlaoztoc
C. Vergara
C. de Tepetlaoztoc
C. de Tepoztlan

Fig. 119. Visión texcocana, pantli “bandera” 272

C. UVFP 116
C. UVFP 119
C. Bnf 392
C. Bnf 400
C. San Juan Teotihuacan

Fig. 120. Visión texcocana, pantli “bandera”  273

Distribución

Todos esos códices 274, provienen de localidades cercanas de Texcoco, lo que parece indicar que se trata de un fenómeno regional, y no de la influencia de las imágenes europeas sobre la escritura pictográfica en general 275 .

Así como se desarrollaron dos maneras distintas de escribir el numeral veinte, con pantli en Tenochtitlan y centli en Texcoco, otros elementos se plasmaron con formas diferentes en ambas escuelas pictográficas. Pantli es el que aparece con más frecuencia y por eso se presentó primero.

Mapa 1
Mapa 2

Fig. 121. Distribución de las banderas texcocanas

Se puede añadir que, al menos en el Códice de Tlatelolco y la Tira de Tepechpan, se demuestra que, en un mismo documento y hasta en una misma lámina (Códice Tlatelolco), las dos formas de bandera pueden convivir, sin que la bandera europea tuviera que tener ninguna influencia sobre el pantli. Esto enseña que los tlacuiloque distinguían perfectamente las dos representaciones.

 

Códice de Tlatelolco
Tira de Tepechpan
Tira de Tepechpan

Fig. 122. Bandera europea y pantli “bandera” 276

Las mismas condiciones en cuanto a convenciones geográficas y astronómicas, se pueden observar con los elementos cuahuitl “árbol”, citlalin “estrella” y tonatiuh “sol”. Y, por supuesto, se puede sostener el mismo razonamiento.

Cuahuitl “árbol

C. Xolotl
C. Vergara
C. de Coatlinchan
C. de Tepetlaoztoc
C. Quinatzin
C. de Tepoztlan

Fig. 123. Cuahuitl “árbol”  277

Citlalin “estrella

C. Xolotl
C. Cozcatzin
C. Mendocino
C. Mendocino

Fig. 124. Citlalin “estrella”  278

Diversas figuras de estrellas o de estrellas del mar, muestran que los tlacuiloque no necesitaron la llegada de los españoles para conocer y utilizar esas formas.

 

Cholula
Teotihuacan

Fig. 125. Estrellas

Xochicalco
Museo de Antropología

Fig. 126. Estrellas

Tonatiuh “sol

Visión europea

¿Cómo se representaba el sol en Europa, antes de la llegada de los españoles? Se podría decir que de una manera radiante y generalmente con una cara humana en medio. Tal como todavía hoy lo hace un niño al cual se le pide dibujar un sol. Esos rasgos, y sobre todo el aspecto radiante, están tan integrados en nuestra cultura, que parecerían una evidencia. ¡El sol es radiante! Pero en realidad no es más que una convención cultural. Si gran parte del mundo lo pinta así, no es tampoco algo general. Los egipcios, por su parte, lo plasmaron como se ve en la realidad, es decir, un círculo sin rayos.

 

Paisaje
Egypto

Fig. 127. El sol 279

Pero el caso es que, para los europeos, probablemente heredado de una convención que nació en Mesopotamia, el sol se representa como una cara radiante, lo cual se puede observar en los varios ejemplos reunidos aquí.

 

Crucifixión, Missale mixtum, Toledo, Pedro Hagenbach, 1500
Detalle

Fig. 128. Ejemplo de sol europeo 280

Viñeta empleada por los Cromberger en sus ediciones de almanaques populares
Portada del Libro del Conde Partinuplés (Sevilla, Jacobo Cromberger, 1519)

Fig. 129. Ejemplos de soles europeos

Tarot de Jean Noblet, Paris, 1650
Tarot de Milan, XV

Fig. 130. Ejemplos de soles europeos 281

Grabadora XVI

Fig. 131. Ejemplo de sol europeo 282

Visión tenochca

Tonatiuh “sol” posee dos imágenes muy diferentes: una semejante a la europea, que se encuentra, como se ha visto, en los códices texcocanos como el Xolotl y el de Tepetlaoztoc; y otra mucho más “abstracta”, que corresponde a la tradición tenochca.

 

M. de Tributos

Fig. 132. Visión tenochca, tonatiuh “sol”  283

Para nosotros, esa figura es casi abstracta, pero los nahuas debían percibir dentro de ella los siguientes elementos: chalchihuitl “jade”, teocuicatl “oro” y xihuitl “turquesa”, la síntesis de lo que es precioso.

Visión texcocana

C. Xolotl
C. de Tepetlaoztoc

Fig. 133. Visión texcocana, tonatiuh “sol”  284

Tonatiuh “sol”, y en particular el contenido en el Xolotl, exhibe tres rasgos particulares: una cara, un doble círculo y los rayos.

La cara

La forma texcocana de tonatiuh 'sol', corresponde a la descripción dada en los Códices Matritenses 285 y en el Florentino, donde se dice: vncan moquetzaia in jxiptla, injc mjcujlovaia in jxiptla iuhq'n tlacaxaiaque itonameio itech quiztoia 286, “ahí se levantaba su imagen. Se diseñaba su imagen como si fuera la máscara de un hombre, desde donde despedía sus rayos”.

Sahagún, hablando de las ceremonias que se hacían al Sol, dice: “hacíanlo delante de la imagen del Sol, que estaba en un cu que se llamaba Cuauhxicalco, pintada o esculpida como agora se pinta el Sol, como una cara humana y con rayos que salen della, como una rueda” 287. La representación correspondiente en el Códice Florentino es la siguiente 288:

 

Códice Florentino

Fig. 134. Tonatiuh 289

Pero quizás, la imagen con más peso, porque nadie pone en duda su carácter prehispánico, es la que aparece en la Piedra del Sol (Fig. 59-60). Primero, se debe observar que la figura de una cara de frente en dos dimensiones o en bajo relieve, es algo poco común. En los códices, las pocas figuras de frente, aluden precisamente a Tonatiuh “sol”, nenetl “muñeca”, al chichtli “lechuza” o al tecolotl “búho”.

Antes de utilizar la Piedra del Sol, para demostrar que existía la costumbre de esculpir a tonatiuh como una cara humana vista de frente, hay que asegurarse que efectivamente se trata del dios Tonatiuh que se ve en este lugar. En efecto, algunos autores han expresado dudas al respecto. Nicholson publicó dos artículos sobre la iconografía de Tonatiuh, y dedicó precisamente uno, al problema de la identificación de la cara central de la Piedra del Sol 290. Él menciona que, aunque hasta los años 70 existía unanimidad para considerar que se trataba de Tonatiuh, las cosas cambiaron en esa época con un artículo de Carlos Navarrete y Doris Heyden, quienes identificaron la figura central con Tlaltecuhtli. Posteriormente, hubo otras hipótesis, como las que lo consideran Yohualtecuhtli, o bien una mezcla de Tonatiuh y Tlaltecuhtli. Después de analizar todos los argumentos de diversos autores, Nicholson concluye: “Despite all of the recent efforts on the part of many serious students to refute or significantly modify the traditional view that this visage represents Tonatiuh, the diurnal solar deity, I believe the best evidence still supports this identification” 291. Entre sus explicaciones, hay que mencionar la referencia a dos representaciones de frente de Tonatiuh: la primera, una olla (Fig. 135) que se encuentra en el Museo de Antropología de México, y la otra, una joya proveniente de la tumba 2 de Zaachila, Oaxaca.

 

Fig. 135. Tonatiuh 292

Por mi parte, no tengo duda sobre la identificación de Tonatiuh, y esto es, por una sola razón: el número de ornamentos de jade que esta imagen ostenta. Ahora bien, se debe recordar primero cómo se puede reconocer un chalchihuitl “jade”. Se trata de un elemento cuadripartito: la primera parte, central, es verde, la segunda, roja, la tercera está dividida y la última se compone de dos pequeños círculos concéntricos 293. Además de esa representación no ambigua, por su complejidad, se puede añadir otra figurativa, que se observa particularmente en la Matrícula de Tributos.

 

M. de Tributos

Fig. 136. Oposición jade / turquesa 294

Aquí se puede advertir, que la naturaleza de la piedra se expresa a través de la forma de las cuentas, las redondas son de jade, mientras que las cuadrangulares son de turquesas.

Empleando estos criterios, se observa que la representación central de la Piedra del Sol tiene cuatro ornamentos de jade: una banda frontal, un ornamento de nariz, dos orejeras y finalmente, lo que parece ser un collar. ¿Cuáles son los dioses que pueden portar tantos adornos de jade? La respuesta se encuentra en los cuadros que difundí en mi estudio sobre el chalchihuitl. Se mira, primeramente,  que los dioses que tienen un atavío de jade en la nariz son muy pocos: Tonacatecuhtli, Tonatiuh, Tlaloc, Quetzalcoatl, Tepeyollotl 295. Entre ellos, solamente dos presentan uno frontal: Tonacatecuhtli y Tonatiuh. Sólo estas divinidades, que pertenecen al mismo complejo, puedan exhibir todos esos ornamentos de chalchihuitl, pero entre ellas, Tonatiuh es la única que los porta al mismo tiempo 296.

 

Fig. 137. Tonatiuh en la Piedra del Sol 297

Doble círculo

La cara de Tonatiuh se inscribe, tanto en la Piedra de Sol, como también en el elemento del Códice Xolotl, dentro de un doble círculo.

 

Portada del Libro del Conde Partinuplés
Crucifixión, Missale mixtum
C. Xolotl

Fig. 138. Comparación del sol europeo y del texcocano 298

En las imágenes europeas, generalmente el sol, no presenta doble círculo, y si lo hace, como en el caso que Cromberger presenta, muestra una disposición diferente; el doble círculo se encuentra al exterior, mientras que en el Xolotl, el doble círculo es de donde salen los rayos. En el caso del Cromberger, el sol se encuentra adentro de la rodela; en cambio, se puede decir que, en el Xolotl, el sol es en sí una rodela. ¿Por qué hablar de rodela en este caso? Porque si se reduce el elemento al doble círculo, suprimiendo la cara y los rayos, lo que se obtiene es un chimalli “rodela”. ¿Simple casualidad? No es probable, porque en unos adagios relativos al sol, que nos ofrece Sahagún, se dice: Cuix oc ceppa xiuhchimaltonatimomanaz. anoço cuix oc ceppa xiuhchimaltonatimomanaquiuh, “¿Acaso de nuevo aparecerá resplandeciendo el escudo de turquesa, o quizás vendrá de nuevo expandiéndose el resplandor del escudo de turquesa?” 299.

Se puede asociar, probablemente, esta cita con una representación de los Códices Matritenses, donde se ve en medio del sol la figura de una rodela azul, esto es, un xiuhchimalli. En el Códice Xolotl, aparecen algunos ejemplos de chimalli “rodela” que vienen con color, y en este caso, el espacio entre los dobles círculos, es azul.

 

C. Matritenses: çaquantonatiuh
C. Xolotl: yaotl

Fig. 139. 300

Hasta aquí hemos visto, que la representación de una cara de frente en medio de Tonatiuh, pertenece tanto al mundo náhuatl, como al mundo europeo, pero con una diferencia: en los pocos ejemplos conocidos fuera del Xolotl o del Tepetlaoztoc, la cara del dios solar trae un ornamento en la nariz. Se sabe muy bien, que los elementos muestran más o menos detalles con relación a su tamaño. En los glifos, Tonatiuh tiene una dimensión mucho más pequeña que en los otros tres casos mencionados, y eso puede ser suficiente para explicar esa ausencia. Así se puede observar en el topónimo Teoiztaccan de la Matrícula de Tributos.

 

M. de Tributos


Fig. 140
. Tonatiuh  301

Además, se debe añadir que esa ausencia no introduce, gracias a la presencia de los rayos, ninguna ambigüedad.

Los rayos

El elemento tonatiuh del Códice Xolotl, presenta una estructura radiante. Alrededor de lo que se asemeja al chimalli, aparecen un número variado de diseños (entre 6 y 11), que hacen pensar en los rayos del sol. La primera pregunta es: ¿Si tal estructura radiante en relación con el sol es algo particular del Xolotl, o bien, si esta se inscribe en una tradición específica? Las evidencias parecen indicar, más bien, que esta se encuentra arraigada en una tradición muy antigua y compartida por gran parte de las civilizaciones de Mesoamérica.

En efecto, tales imágenes se localizan en lugares tan distantes entre sí, como Santa Lucía Cotzumalhuapa (actual Guatemala), Chichen-Itzá, Mayapan o Teotihuacan; por ejemplo (Fig. 141):

 

Santa Lucía Cotzumalhuapa
Chichen-Itza
Mayapan

Fig. 141. Soles entre los mayas

Para la zona central, las evidencias son numerosas. Eduardo Moctezuma y Felipe Solís, reunieron gran cantidad de ellas, en el libro El calendario azteca y otros monumentos solares. En esa publicación, se pueden encontrar un sinfín de muestras en piedra, aunque ya hace algunos años, por razones de interés matemático, Noriega 302 había reunido varios casos de Tonatiuh esculpidos, donde se puede apreciar el aspecto radiante. Claro que, a estos, se podrían añadir muchos otros en dos dimensiones, que provienen de varios códices de la zona náhuatl, así como de laMixteca.

 

Fig. 142. Figuras radiantes 303

Como se puede notar en estos casos representativos, el aspecto radiante está dado por tres elementos. Los dos primeros, son generalmente rojos en los códices. Se ignora la diferencia que existe entre estos dos tipos de rayos (Rayo entero Fig. 143a; Rayo abreviado Fig. 143b). Empero, esa disparidad aparece con tanta frecuencia, que no se puede ignorar. El último tipo es un rayo de chalchihuitl “jade” (Fig. 143c). Se pueden reconocer sin dificultad las cuatro divisiones que caracterizan al chalchihuitl.

 

a: Rayo entero
b: Rayo abreviado
c: Chalchihuitl
d: Rayo del Xolotl
e: Medio rayo hipotético

Fig. 143. Rayos

Es notoria la distinción del rayo del Códice Xolotl, respecto de todos los que se pueden ver en los otros códices o en las esculturas. ¿Por ello se puede percibir en éste una influencia europea? En las imágenes que tuvimos la oportunidad de ver, nunca encontramos una forma similar. Entonces, ¿de dónde viene? Primero, no se conoce ningún elemento idéntico. Los más cercanos formalmente son: el tlatoa “hablar” y el popoca “humear mucho”.

 

C. Xolotl
C. Xolotl

Fig. 144. Elementos tlatoa “hablar” y popoca “humear mucho”  304

Es difícil imaginar una relación entre tlatoa y el sol. Mientras que entre éste y popoca no parece tan imposible. Un collar proveniente de la tumba 7 de Monte-Albán, tiene alrededor de un sol, elementos que se parecen a lo que se percibe en el Xolotl.

El Códice Borgia ofrece una imagen de Tonatiuh, y alrededor se pueden notar piezas semejantes a una mixtli “nube”. La misma representación se encuentra también en el ejemplo de Chichen-Itza. ¿Tiene esto alguna relación con lo que se observa en el Xolotl?

Según los comentaristas del Borgia, el sol sería el Sol Obscuro, cargado por el Xolotl Negro 305. ¿Tendrá esa parte radiante algo que ver con un sol obscuro?

 

Monte-Alban
C. Borgia

Fig. 145. Soles 306

C. Vergara: Mixcohuatl
C. Mendocino: Mixcoac

Fig. 146. Elemento mixtli “nube”  307

Otra hipótesis podría ser la siguiente: lo que los tlacuiloque del Xolotl representaron, es la mitad invertida de un rayo habitual. La posición cabeza abajo se observa en un ejemplo del Códice Vaticanus A. En los tres cielos donde aparecen esos rayos inversos, se incluye en las glosas la palabra teotl, lo que nos asegura que eso tiene que ver con el sol, porque, como es bien sabido, el elemento tonatiuh se emplea también para transcribir la secuencia teo-. Teotl tlatlauhca quiere decir “Cielo rojo”; Teotl coçauhcacoçauhqui quiere decir “Cielo amarillo”; Teotl iztaca quiere decir “Cielo blanco” 308.

 

C. Vaticanus A

Fig. 147. Los cielos 309

 

 

 

 

 

Última hipótesis: lo que se ve en el Xolotl se puede comparar al cabello de Tonatiuh.

a: C. Borbónico: Tonatiuh
b: C. Borbónico: Tonatiuh
c: C. Borbónico: Piltzintecuhtli
d: C. Borbónico:
e: C. Borbónico:

Fig. 148. Tonatiuh 310

El Códice Borbónico muestra que el dios Tonatiuh, como regidor de una trecena, lleva un largo cabello amarillo que se termina en tres mechones (Fig. 148a). No es el único dios que presenta ese rasgo, pero sí entre los trece dioses del día (Fig. 148b) y también entre los nueve señores que acompañan a los dioses, bajo el nombre de Piltzintecuhtli (Fig. 148c). Mientras que en el dios de la trecena no se puede distinguir la parte superior de su cabello, por todo lo que Tonatiuh lleva sobre su cabeza, en los otros casos, se nota claramente cómo el cabello parece estar divido, erguido e inclinado a manera de olas. En esas imágenes pequeñas no se reconoce bien, pero hay otros personajes solares, que no son propiamente dioses y que llevan un cabello idéntico al de Tonatiuh, igualmente amarillo, con mechones largos y la parte superior invariablemente erguida (Fig. 148d-e). Ahora, relativo al tamaño, se advierte la forma de los mechones de arriba y del que se encuentra al frente, que tienen un aspecto muy similar a lo que se ve en el Códice Xolotl.

Quizás esta última hipótesis es la más probable, pero no hay manera de validar, ni una, ni la otra, con más información. Lo único cierto es que después de revisar una centena de imágenes europeas, hasta la fecha, no encontré una con rayos similares a los que se emplearon en el Xolotl. mientras que el mundo mesoamericano ofrece varios ejemplos muy cercanos a los rayos del Códice Xolotl.

El devenir del elemento tonatiuh

Con estos tres elementos, hemos comprobado que lo que Dibble consideraba a priori como la evidencia de influencia europea, se puede analizar de otra manera. Se puede sostener que se trata de una particularidad de los tlacuiloque de la región de Texcoco. Una consecuencia de este punto de vista, es que no hay ninguna razón para no juzgar al Códice Xolotl como totalmente precortesiano en su factura.

Retomando el ejemplo del elemento tonatiuh “sol”, quisiera introducir una nueva dimensión, la del tiempo, y salir del estricto marco de la escritura. Existe hasta la fecha, un hecho singular en México: el sol aparece en todas partes. Adentro de las casas, afuera, en los puestos, sobre las tiendas, en una multitud de objetos... En la cultura popular hay una omnipresencia del sol, y no solamente de él, sino de los tres cuerpos astrales más visibles, la luna y las estrellas.

Pero entre el hoy y el ayer, se pueden mostrar muchos ejemplos de imágenes de sol en códices, sin la menor duda, posteriores a la conquista.

Malinalco 1591
Yxtlahuaca 1584
Tula 1580
Tepexe, Hidalgo 1588

Fig. 149. Soles  311

 

Lo que se puede notar, es una desaparición de la representación tenochca de tonatiuh. Se ha expuesto, que antes de la conquista existían dos versiones de él: una antropomórfica, bastante cercana a la europea, y otra muy compleja, donde se trata de todo un montaje de símbolos con relación a la preciosidad. ¿Por qué se extinguió la versión tenochca y se quedó la texcocana? Porque la proximidad con la imagen europea aseguraba una protección a sus autores. En ningún momento se les podía acusar de hacer referencia al sol como dios, sino solamente al sol como astro.

 

Con el elemento tonatiuh, tenemos el ejemplo de un fenómeno más general acontecido durante la era colonial: cuando existen dos maneras de escribir, y una es más cercana a las imágenes europeas, se elige aquella y desaparece la indígena. Eso es lo que se ve con este caso, y eso es, también, lo que se podría mostrar con otros más.

 

 


 

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Códice Mexicanus

Mengin, Ernest

1952  Comentario del Códice Mexicanus 23-24, Journal de la Société des Américanistes, tomo XLI, Fasc. 2. Biblioteca Nacional de París, París

Códice Osuna

Vicenta Cortes, Alonso

1973  Pintura del gobernador, alcaldes y regidores de México “Códice Osuna” 2 vol. Estudio y transcripción por Vicenta Cortés Alonso.  Ministerio de Educación y Ciencia, Madrid

Códice Santa Anita Zacatlalmanco

Galarza, Joaquín

1962  “Le codex Santa Anita Zacatlamanco. Manuscrit pictographique du Musée de l'Homme de Paris”, en Journal de la Société des Américanistes. Société des Américanistes, pp. 7-33. París

Códice Telleriano-Remensis

Quiñones Keber, Eloise

1995  Codex Telleriano-Remensis, Ritual, Divination, and History in a Pictorial Aztec Manuscript. Foreword by E. Le Roy Ladurie, illustration by M. Besson. University of Texas Press, 365 p. Austin, E.U.

Olmedo, Bertina

2010  Telleriano-Remensis: xiuhpohualli y tonalpohualli: diccionario de elementos constitutivos, en CEN (DVD).INAH. México

Códice Tlatoque Tenochca

Ruiz, E., Herrera, C., Cervantes, R.

2010  Barrio de Chalco: diccionario de elementos constitutivos, en CEN (DVD). INAH. México

Códice Vaticanus A

Anders, Ferdinand, Maarten Jansen y Luis Reyes García

 1996 Religión, costumbres e historia de los antiguos mexicanos, libro explicativo del llamado Vaticano A.  Fondo de Cultura Económica, 406 p. + facsímile. México

Códice Vergara

Williams J., Barbara et H.R. Harvey

1996  The Códice de Santa María Asunción. The University of Utah Press, 410 p. Salt Lake City, E.U.

Thouvenot, Marc

2010  Códices Vergara y Santa María Asunción: diccionario de elementos constitutivos, en CEN (DVD).INAH. México

Códice Xolotl

Dibble, Charles E.

1951   Códice Xolotl. Prefacio por R. García Granados, 2 vol. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas., 164 p. México

Thouvenot, Marc

2001  XOLOTL: Codex Xolotl. Etude d'une des composantes de son écriture: les glyphes. Dictionnaire des éléments constitutifs des glyphes.Editions SUP-INFOR, www.sup-infor.com. París

2010  Códice Xolotl: diccionario de elementos constitutivos, en CEN (DVD). INAH. México

Códices Matritenses

Anders, Ferdinand

1993  Primeros Memoriales, Facsimile Edition . Photos: Ferdinand Anders. Norman, University of Oklahoma Press. Estados Unidos

Paso y Troncoso, Francisco del

1905-7        Fray Bernardino de Sahagún: Historia de las Cosas de Nueva-España, Vol. 5. Hauser y Menet.. Madrid

1993  Primeros Memoriales. Photos: Ferdinand Anders. University of Oklahoma Press, Facsimile Edition. Estados Unidos

Thouvenot Marc y Bertina Olmedo

2010  Dioses de los Códices Matritenses: diccionario de elementos constitutivos, en CEN (DVD). INAH. México

Lienzo de Metlaltoyuca

Herrera M., Ma. del Carmen

2010  Lienzo de Metlaltoyuca: diccionario de elementos constitutivos, en CEN (DVD).INAH. México

Lienzo de Tlaxcala

Chavero, Alfredo

1996  Artes de México, n. 51/52, año X. México

Mapa de Coatlichan

Mohar Betancourt, Luz-María

1994  El mapa de Coatlichan, vol. 2. INAH-Universidad Autónoma de Puebla (Serie Códices Mesoamericanos), 77 p. + facsímile. Puebla, México

Mapa de San Pedro Tezontepec

Biblioteca Nacional de Francia, Fondo de Manuscritos Orientales, n. 419_8. Francia

Mapa de Sigüenza

Castañeda de la Paz, María

2006 Pintura de la peregrinación de los culhuaque-mexitin (El mapa de Sigüenza). INAH, 177 p. México

Mapa Quinatzin

Mohar Betancourt, Luz-María

2004 Códice Mapa Quinatzin. Miguel Ángel Porrúa, 340 p. México

Mapa Tlotzin

Biblioteca Nacional de Francia, Fondos Mexicanos n°373.

Matrícula de Huexotzinco

Prem, Hanns J.

1974  Matrícula de Huexotzinco (Ms. mex. 387 der Bibliothèque Nationale Paris), Einleitung (Introducción) Pedro Carrasco. Akademische Druck-u Verlagsanstalt/Editorial, 718 p. Graz, Austria

Herrera, Carmen y Marc Thouvenot

2010  Matrícula de Huexotzinco: Huexotzinco.: diccionario de elementos constitutivos, en CEN (DVD). INAH. México

Thouvenot, Marc y Carmen Herrera

2010  Matrícula de Huexotzinco: Tlatenco.: diccionario de elementos constitutivos, en CEN (DVD). INAH. México

Matrícula de Tributos

Berdan F. &  J. de Durand-Forest

Matrícula de Tributos. Museo Nacional de Antropología, N° 35-52, 45 p. + facsímile. México

Reyes García, Luis

1996  Matrícula de Tributos o Códice de Moctezuma. Fondo de Cultura Económica, 326 p. + facsímile. México

2003  Matrícula de Tributos, Arqueología Mexicana.INAH. México

Thouvenot, Marc y Carmen Herrera

2010  Matrícula de Tributos: diccionario de elementos constitutivos, en CEN (DVD).INAH. México

Tira de Tepechpan

Noguez, Xavier

1996 Tira de Tepechpan, Códice colonial procedente del valle de México, 2 vol. Instituto Mexiquense de Cultura. México

Ruiz Medrano, Ethelia y Rossana Vazquez

2010  Tira de Tepechpan: diccionario de elementos constitutivos, en CEN (DVD).INAH. México

 


 

Por autores

Anales de Tlatelolco

2004 Anales de Tlatelolco, Paleografía y traducción Rafael Tena. CONACULTA, Cien de México, 207 p. México

 

Anónimo

2006 (17??) Diccionario castellano náhuatl. Manuscrito de la Biblioteca Nacional de Francia, Fondo mexicano, N° 362. Edición electrónica: Sybille de Pury, Marc Thouvenot; en G.D.N: Gran Diccionario Náhuatl, www.sup-infor.com

 

Anónimo

2007 (178?) Diccionario náhuatl castellano. Manuscrito de la Biblioteca Nacional de Francia, Fondo mexicano, N° 361. Edición electrónica: Danièle Babout; Rossana Cervantes; Jacqueline de Durand-Forest; Sybille de Pury; Marc Eisinger; Carmen Herrera; Patrick Lesbre; Alfredo Ramírez; Rubén Romero; Placer Thibon; Marc Thouvenot; Alexis Wimmer; Isis Zempoalteca; en G.D.N: Gran Diccionario Náhuatl, www.sup-infor.com

 

Anónimo Mexicano

2005  Editado por Richley Crapo y Bonnie Glasss-Coffin. Utah State University Press, 106 p. Logan, E.U.

 

Alva Ixtlilxochitl, Fernando de

1975  Obras Históricas, Tomo I. Edición por Edmundo O'Gorman. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 566 p. México

1977  Obras Históricas, Tomo II. Edición por Edmundo O'Gorman. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 565 p. México

 

Alvarado Tezozómoc, Fernando

1949  Crónica Mexicayotl, México, UNAM, 189 p.

1992  P311A: Crónica Mexicayotl. Manuscrito nahuatlN° 311 de la Biblioteca Nacional de París. Ediciones SUP-INFOR, www.sup-infor.com

 

Anders, Ferdinand, Maarten Jansen

1994  La pintura de la muerte y de los destinos, libro explicativo del llamado Códice Laud.  Fondo de Cultura Económica, 318 p. + facsímile. México

 

Anders, Ferdinand, Maarten Jansen y Luis Reyes García

1991   El libro del Ciuacoatl, Homenaje para el año de Fuego Nuevo, libro explicativo del llamado Códice Borbónico. Fondo de Cultura Económica, 251 p. + facsímile. México

1993a Los Templos del Cielo y de la Obscuridad, Oráculos y Liturgia, libro explicativo del llamado Códice Borgia. Fondo de Cultura Económica, 294 p. + facsímile. México

1993b Manual del adivino, Códice Vaticano B. Fondo de Cultura Económica, 382 p. + facsímile. México

1994  Calendario de Pronósticos y Ofrendas, Códice Cospi. Fondo de Cultura Económica, 346 p. + facsímile. México

1996  Libro de la vida, Códice Magliabechiano. Fondo de Cultura Económica, 238 p. + facsímile. México

1996  Religión, costumbres e historia de los antiguos Mexicanos, Códice Vaticano A, Fondo de Cultura Económica, 238 p. + facsímile. México

 

Aubin, J. M. Alexis

1874  Examen des anciennes peintures figuratives de l'ancien Mexique. Archives de la Société Américaine de France, pp. 283-295. París

1885  Mémoires sur la peinture didactique et l'écriture figurative des anciens mexicains, Introduction par M.E.T. Hamy. Imprimerie Nationale, 106 p. Paris

2002  Memorias sobre la pintura didáctica y la escritura figurativa. Introducción de Patrice Giasson. UNAM, 121 p. México

 

Barlow, R. H. y B., Macafee

1949  Diccionario de elementos fonéticos en escritura jeroglífica (Códice Mendocino).UNAM, Instituto de Historia, 46 p. México

 

Berdan Frances F. & J. de Durand-Forest

1980  Matrícula de Tributos. Museo Nacional de Antropología, Departamento de Códices, N° 35-52, 45 p. + facsímile. México

 

Broda, Johanna

2001  Ritos Mexicas en los Cerros de la Cuenca: los sacrificios de niños, en La Montaña en el paisaje ritual. Conaculta-INAH, pp. 295-317. México

 

Brotherston, Gordon

2000 “El Códice de Tepoztlan: descripción y lectura”, en Códices y Documentos sobre México, Tercer Simposio Internacional. Constanza Vega (coord.). INAH, pp. 367-378. México

 

Carrete Parrondo, Juan; Fernando, Checa Cremades y Valeriano, Bozal

1987  Summa Artis, Historia General del Arte. El grabado en España (siglos XV al XVIII), vol. XXXI. Escalpa-Calpe. Madrid

 

Caso, Alfonso

1967  Los Calendarios Prehispánicos. UNAM, 266 p. México

 

Castañeda de la Paz, María

2006 Pintura de la peregrinación de los culhuaque-mexitin (El mapa de Sigüenza). INAH, 177 p. México

2007  “La Ascendencia chichimeca de los Tenochca”, Estudios de Cultura Náhuatl, v. 38, pp. 183-212. México

 

Castillo, Cristóbal de

1991   Historia de la venida de los mexicanos y otros pueblos e Historia de la conquista, Traducción y estudio introductorio Federico Navarrete Linares. INAH, 226 p. México

 

Castillo F., Victor M.

1991   Matrícula de Tributos, Nuevos Estudios. Secretaría de Hacienda y Crédito Público, pp. 21-102. México

 

Chimalpahin Quauhtlehuanitzin

1968  Annales de ...Chimalpahin Quauhtlehuanitzin. Sixième et septième Relations (1258-1612). Trad. de R. Siméon. Klaus Reprint, 353 p. Liechtenstein

1968  Annales de Chimalpahin Quauhtlehuanitzin. Sexta y Séptima Relaciones (1258-1612). Trad. de R. Siméon. Klaus Reprint, 353 p. Liechtenstein

1987  Tercera relación de Chimalpahin Quauhtlehuanitzin, Traducción de Jacqueline de Durand-Forest. L'harmattan, 271 p. París

1990  Tercera Relación de Chimalpahin. Manuscrito náhuatlN° 74 de la  Biblioteca Nacional de París.  Ediciones SUP-INFOR, www.sup-infor.com

1991   Memorial breve acerca de la fundación de la ciudad de Culhuacan. Edición, estudio, paleografia y traducción de Victor M. Castillo F. UNAM, 157 p. México

1997  Primer Amoxtli Libro. 3° Relación de las diferentes historias originales. Edición, estudio, paleografía y traducción de Victor M. Castillo F. UNAM, 237 p. + apéndice. México

2003  Primera, Segunda, Cuarta, Quinta y Sexta Relaciones de las Diferentes Historias Originales; edicióny estudio de Josefina García Quintana, Silvia Limón, Miguel Pastrana y Victor M. Castillo F. UNAM, 167 p. + apéndice. México

 

Clavijero, Francisco Xavier

2007 (1780)          Vocabulario, en Reglas de la lengua mexicana con un vocabulario. Edición electrónica: Sybille de Pury, Danièle Babout, Marc Thouvenot; en G.D.N: Gran Diccionario Náhuatl, www.sup-infor.com

 

Códice Chimalpopoca: Annales de Cuauhtitlan

1975  Códice Chimalpopoca. Anales de Cuauhtitlan y Leyenda de los Soles. Traducción directa del náhuatl por Primo Feliciano Velázquez. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 162 p. México

1992  P312A: Codex Chimalpopoca: Annales de Cuauhtitlan. Manuscrito náhuatl n° 312 de la Biblioteca Nacional de París. Ediciones SUP-INFOR

 

Colston, Stephen A.

1993  “People, Places and Pictures: Name Signs from a Corpus of Early Colonial Acolhua Cadastral Manuscripts”, en Current Topics in Aztec Studies, San Diego Museum Papers 30, pp. 93-109. San Diego, E.U.

 

Cortés y Zedeño, Jerónimo Thomas de Aquino

2006 (1765)          Diccionario de Romance a Mexicano, en Arte, Vocabulario y Confessionario en el Idioma Mexicano como se usa en el Obispado de Guadalajara. Edición electrónica: Sybille de Pury, Danièle Babout, Marc Thouvenot, en G.D.N: Gran Diccionario Náhuatl, www.sup-infor.com

 

Coy, P.E.B

1966  Tetzcotzinco: Usurped and Neglected. MAN, The Journal of the Royal Anthropological Institute, vol. I, t. 4,p. 543-49. Londres

 

Cruz, Martín de la

1964  Libellus de medicinalibus indorum herbis, manuscrito azteca de 1552 según traducción latina de Juan Badiano. Instituto Mexicano del Seguro Social, 394 p. + facsímile. México

 

Davies, Nigel

1973  The Aztecs, a History. MacMillan, 363 p. Londres

1992  El Imperio Azteca. Alianza Editorial, 378 p. México

 

Dibble, Charles E.

1951   Códice Xolotl, Prefacio por R. García Granados, 2 vol., . UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 164 p. México

1963  “Glifos fonéticos del Códice Florentino”, en Estudios de Cultura Náhuatl, n. 4. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, pp. 55-60. México

1963  Historia de la nación mexicana, Códice de 1576 (Códice Aubin), , José Porrúa Turanzas. Madrid

1966  Congrès International des Américanistes XXXVII, vol. III, Madrid-Sevilla, p.148.

1972  “The syllabic-alphabetic trend in Mexican Codices”, en Atti del XL Congresso Internazionale degli Americanisti, vol.1. Casa Editrice Tilgher, pp. 373-378. Roma y Génova, Italia

 

Durán, Fray Diego

1995  Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, Estudio preliminar de Rosa Camelo y José Rubén Romero. Cien de México, t. 1: 651 p. + 62 pl., t. 2: 293 p. + 56 pl. México

 

Durand-Forest, Jacqueline de

1987  L'histoire de la vallée de Mexico selon Chimalpahin Quauhtlehuanitzin (du XIe au XVIe siècle). L'Harmattan, t. 1: 667 p., t. 2 Troisième relation de Chimalpahin Quauhtlenuanitzin: 271 p. París

 

Duverger, Christian

1983  L'origine des Aztèques. Fernández Christlieb, Federico y Ángel Julián García Zambrano (coordinadores). Editions du Seuil, 380 p. París

2006 Territorialidad y Paisaje en el Altepetl del siglo XVI. Fondo de Cultura Económica, 580 p. México

 

Fernández, Justino

1959  “Una aproximación a Xochipilli”, en Estudios de Cultura Náhuatl, n. 1. UNAM-Instituto de Investigaciones Históricas, pp. 30-46. México

 

Galarza, Joaquín

1972  Lienzos de Chiepetlan. M.A.E.F.M., 505 p. México

1975  “Le système d'écriture aztèque: problèmes de recherche. Le Déchiffrement des écritures et des langues, présenté par Jean Leclant. L'Asiathèque, pp. 177-181. París

1978  Lire l'image aztèque, Communications, 29, p. 15-42. Francia

1979  Estudios de escritura indígena tradicional AZTECA-NAHUATL. Archivo General de la Nación, 164 p. México

1983a Codex Mendoza. 1ère page: 2 recto. Méthode d'analyse. Institut d'Ethnologie, Archives et Documents, 114 p. París

1983b Codex Mendoza. 1ère Page: 2 recto. Lecture Nahuatl. Institut d'Ethnologie, Archives et Documents. París

1990  Amatl, Amoxtli. El papel, el libro. Los Codices Mesoamericanos. Guía para la introducción al estudio del material pictórico indígena. Editorial Tava, 187 p. México

1992  In amoxtli in tlacatl. Editorial Tava, 265 p. México

1996  Códices y pinturas tradicionales Indígenas en el Archivo General de la Nación. Estudio y catálogo. Editorial Tava, 167 p. México

1996  Tlacuiloa, Escribir pintando. Editorial Tava, 115 p. México

 

Galarza, Joaquín y A. Monod Becquelin

1980  Doctrina christiana, le Pater Noster. Société d'Ethnographie, 134 p. París

 

Galarza, Joaquín & Abraham Zemsz.

1986  Lectura de la 'Imagen Azteca', El retrato real en la escritura azteca, Cuadros del códice Tovar. ENAH-CIESAS, 110 p. México

 

Gerhard, Peter

1986  Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821. UNAM, 493 p. México

 

Guernsey Allen, Anne E.

1994  “A stylistic analysis of the Codex Cozcatzin”, en Estudios de Cultura Náhuatl, n. 24. UNAM, pp. 255-281. México

 

Gilonne, Michel

1977  L'avifaune dans le Codex Borbonicus, Journal de la Société des Américanistes, LXIV, , p. 29-42. París

1997  La civilisation aztèque et l'aigle royal. L'Harmattan, 217 p. París

 

Glass, John B.

1975  A survey of Native Middle American Pictorial Manuscripts, en Handbook of Middle American Indians, Vol. 14. University of Texas Press, pp. 3-80. Austin, E.U.

 

Guerra, fray Juan,

2006 (1692)          Copia de los verbos, nombres y adverbios, en Arte de la lengua mexicana que fue usual entre los indios del Obispado de Guadalajara y parte de Durango y Michoacán. Edición electrónica: Sybille de Pury, Danièle Babout, Marc Thouvenot, en G.D.N: Gran Diccionario Náhuatl. www.sup-infor.com

 

Herrera, Carmen y Marc Thouvenot

2004 Matrícula de Huexotzinco: Huexotzinco. www.sup-infor.com

 

Herrera, Carmen, Perla Valle, Bertina Olmedo y Tomás Jalpa (coordinadores)

2005  Memoria textual indígena: elementos de su escritura. INAH, Diario de Campo, Suplemento N° 35, 120p. México

 

Hill Boone, Elizabeth